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Teología y Eclesiología

por Guillermo Green

¿Tiene relación nuestra posición teológica con nuestro concepto de la iglesia?  Por supuesto que sí, aunque muchos pastores y líderes no le prestan suficiente atención.

Introducción – El término “eclesiología” es una palabra probablemente desconocida por muchos cristianos, y aún muchos líderes. Hoy se enfoca mucho en ciertos temas teológicos, pero la “eclesiología” no es uno de ellos.

La biblia está llena de “eclesiología”.  Uno de los términos más comunes para describir el pueblo de Dios es “congregación” – un término que presupone mucho en cuanto a la identidad, orígen, propósito y futuro de la Iglesia. Jesucristo resume su misión diciendo, “… sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 18:18).  Y el apóstol Pablo coloca la iglesia en el lugar más prominente posible cuando explica lo que Dios hizo en Cristo: “… sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1:22,23).

En pocas palabras, la “teología bíblica” incluye muchos conceptos acerca de la iglesia.  Esto es “eclesiología”.

Lo que queremos destacar aquí, entonces, es la relación entre la teología y la eclesiología (el concepto de la iglesia).  Porque el uno afecta el otro por necesidad.  Y como estamos experimentando hoy en América Latina una ‘nueva Reforma’ (esta vez por necesidad en el seno de la iglesia ‘evangélica’), creo que es necesario conocer la historia para no repetir sus tristes errores.

Existen varios ejemplos del tiempo de la Reforma protestante del siglo 16 que podríamos destacar.  Por ejemplo, cuando Andreas Carlstadt (1486-1541) comienza a separarse de Lutero en su teología, su concepto de la iglesia caminó con él.  Quitó el concepto de “oficio” en la iglesia (pastores, ancianos) y quería ser llamado sencillamente “hermano Andreas”. Colaboró con el anabautista Melchior Hoffman (ver abajo).  A pesar de ser un erudito, su teología más y más distanciada de Lutero lo llevó también a un concepto más individualista de la iglesia.  En su pastorado corto en  Orlamünde, practicó un concepto completamente congregacionalista y “personalista”, implementando sus propias “reformas” sin consideración de cualquier unidad de las iglesias, ni autoridad eclesial cooperativa.  Se levantó como “profeta” solitario.  El resto de su vida fue considerablemente inestable, aunque fue acogido en Basel al final de su vida, donde murió de la peste en 1541.

Melchior Hoffman (1495-1543) es un ejemplo mucho más radical.  Nunca recibió ninguna preparación teológica, pero se auto-proclamó “predicador” y comenzó en Alemania.  Después de causar disturbios, anduvo predicando en Suecia, Dinamarca, y luego en Estrasburgo.  Tras una profecía fallida que Cristo volvería en el año 1533 directamente a Estrasburgo, la iglesia de esa ciudad le presentó una confesión de fe (Reformada) para que se suscribiera a ella.  Se negó a hacerlo.  Se consideraba por encima de la iglesia, con conocimientos “especiales” de las cosas espirituales.  No sentía ninguna obligación de someter su fe a alguna confesión escrita, ni mucho menos a algún cuerpo eclesiástico.  Su teología era igual que su eclesiología: totalmente personalizadas, centradas en él solamente.  La conclusión lógica de una teología personal es una eclesiología inventada para servir al insujeto.

La historia posterior se deteriora cuando otros recogen las tendencias apocalípticas de Hoffman.  Hombres como Bernhard Rothmann, Jan Mathys y Juan de Leiden revolucionan la ciudad de Münster, rebautizando a miles, estableciendo una teocracia militante, legalizando la poligamia, y persiguiendo a cualquiera que no estuviera de acuerdo con ellos.  Esperaban que la Nueva Jerusalén descendiera sobre Münster.  La ciudad fue sitiada durante un año, terminó en un baño de sangre, y los líderes muertos.  Tan dañino fue considerado el anabautismo por este horrible testimonio, que la mayoría de las ciudades y países lo declararon ilegal.  Los grupos de anabautistas posteriormente bajaron el tono de su discurso anárquico, y algunos adoptaron posiciones de completo pacifismo.  Estos son los antecesores de los actuales menonitas.

El punto de todo esto es la relación entre teología y eclesiología.  Entre más desviada la teología, más desastrosa su eclesiología, o sea, el concepto de iglesia.  Esto mismo lo vemos a lo largo de toda la historia, hasta el presente día.

Ahora bien, lo contrario también es evidente.  Entre más centrada esté la teología en la biblia, más coherente y más bíblica tiende a ser la eclesiología.  A pesar de sus diferencias, tanto los luteranos (Alemania), como los reformados (Suiza, Holanda, Francia), como los presbiterianos (Escocia) – todos – desarrollaron una eclesiología seria que estaba intimamente relacionada con su teología.  La teología de una iglesia le dice qué cree, y la eclesiología de una iglesia indica cómo vivir su fe en el mundo.  Ambos deben nutrirse mutuamente.  La teología debe ser tan vital y bíblica, que la práctica (la eclesiología) refleja lo mismo con acciones efectivas de servicio cristiano.  Una buena teología sin una buena eclesiología contribuye a energías gastadas de formas innecesarias.  El rôl de la eclesiología es guardar la iglesia del abuso humano para que pueda servir al Señor sin atrasos innecesarios, guardando el rebaño dentro del cuidado de nuestro Pastor, Jesucristo, y enfocando la iglesia en su verdadera esencia y tarea.

Aunque sea una tristeza, se puede ver lo efectivo de la “buena” eclesiología en las iglesias luteranas y reformadas liberales.  Aunque perdieron su teología bíblica hace mucho tiempo, la fuerza de su eclesiología sigue permitiéndoles servir unidos a su (nueva) causa (liberal).  Pero esto ilustra la potencia que tiene la eclesiología.  Sirve como factor unificador y un refuerzo para su “misión”.  Es precisamente por la fuerza de su eclesiología que las iglesias liberales luteranas,  reformadas y presbiterianas siguen presentando tan grande amenaza.  Las iglesias herejes sin eclesiología no presentan el mismo peligro.  Su desorden eclesiológico los deja como unos terroristas aislados que pueden hacer daños esporádicos.  Pero las iglesias liberales se presentan como todo un ejército unido con una fuerza mucho mayor para hacer daño.  La historia reciente en América Latina da testimonio de lo difícil que ha sido, y es, de protegerse del liberalismo, por ejemplo, de la Iglesia Presbiteriana de Estados Unidos (PCUSA).  Y es precisamente la herencia de sus raíces reformadas la que forma este fundamento.

Es digno de notar que todos los principales reformadores, al romper con Roma, no produjeron cinco puntos de calvinismo, o cinco puntos de luteranismo.  Todos laboraron en reconstruir una teología bíblica completa, incluyendo el concepto bíblico de la iglesia.  Consideraban el concepto de la iglesia como una parte sumamente integral a la teología protestante.  Casi el Cuarto Libro entero de la Institución de Calvino trata de la iglesia.

Precisamente en este punto está la debilidad presente.  Muchas iglesias evangélicas carecen de conceptos claros de eclesiología.  Especialmente las iglesias independientes tienden más en la dirección de Melchior Hoffman que Juan Calvino, siendo su eclesiología “personalista”, es decir, la organización depende de la “persona” del pastor.

Cuando un cristiano se acerca al calvinismo, lo primero que lo impacta es el contenido de su teología.  Esto es normal, porque es casi como ¡un renacimiento!  El peligro sería quedarse ahí.  Y el peligro es real, porque el contexto del cual muchos salen no tenían concepto de eclesiología.  Su eclesiología no era algo pensado, ni estudiado, ni consciente.  De modo que la nueva generación de “calvinistas” ni siquiera están preguntando sobre eclesiología.  Y es posible que en su búsqueda de una teología sana y bíblica, no lean obras completas, sino “temas” doctrinales.  Aunque algunos favoritos, como R.C. Sproul, sí tiene conferencias y libros sobre ecclesiología, no encuentro muchos que se interesan por el tema.  Empero, debemos reconocer que todos los teólogos Reformados de peso siempre han incluído este tema en su teología.  Podemos pensar en Calvino, Charles Hodge, R.B Kuiper (ver su excelente libro, El Cuerpo Glorioso de Cristo), y casi todos los demás.

La Reforma Protestante del siglo 16 no produjo una  respuesta unificada a Roma, aunque debiera haberlo hecho.  Produjo luteranos, reformados, anabautistas, socianos, y anglicanos.  Y la crítica de los Católicos hasta hoy es “el protestantismo produce caos en la iglesia, porque cada uno hace lo que quiere”.  Esta crítica, por ser en alguna medida cierta, no debería haber pasado.  ¿Acaso la Palabra de Dios no es clara, tanto en su teología como en su enseñanza sobre la iglesia?  Si creemos que la biblia es clarísima sobre la justificación por la fe, ¿por qué no creemos que lo sea sobre la iglesia por la cual murió Jesucristo?  Lo que pasa es que muchos (incluyendo al mismo Lutero) permitieron que las opiniones personales prevalecieran por encima de una visión consistentemente bíblica de la iglesia.  Para el crédito de Calvino, él estaba dispuesto a soportar perspectivas que él consideraba “absurdas” (por ejemplo, el concepto del cuerpo ubicuo de Cristo en la Cena, según Lutero) con tal de mantener las iglesias protestantes unidas.  A mi concepto, la eclesiología de Calvino era más bíblica y él era más consistente con su teología / eclesiología de lo que fue Lutero.  La historia del protestantismo pudiera haber sido muy diferente si todos hubieran tenido la misma humildad y compromiso que Calvino.

Desafortunadamente la historia de los “reformados” ha sido demasiado plagado por cismas, divisiones y pleitos internos sobre asuntos, que a la luz de la historia, se ven simplemente como pecaminosos.  En esto los reformados históricos son más culpables, porque tienen acceso a una buena eclesiología.  Hubo momentos en que los fieles creyentes tenían que abandonar iglesias apóstatas.  Pero hubo otros momentos en que se dividieron por capricho, o asuntos de importancia inferior.

La pregunta para nuestro tiempo es: ¿repitiremos los errores del siglo 16 o siglos posteriores, con el caos eclesial que produjo?  Recordemos que los más radicales y desastrosos comenzaron todos unidos a Lutero con algunos conceptos básicos del Evangelio.  Pero su falta de unir buena teología con una buena eclesiología los llevó no sólo al desastre para sus seguidores, sino al mal testimonio ante el mundo. No hay teología reformada sin eclesiología reformada. Los grandes sínodos de Dort y de Westminster reconocieron esto, e incluyeron no sólo artículos sobre la iglesia, sino Órdenes eclesiales, como parte de sus labores.  Si el lider de una congregación ignora la relación entre su teología y su eclesiología, tenga por seguro que el fruto a mediano o largo plazo será el mismo que ya hemos visto en la historia: desintegración, división, desvío y posiblemente peor fruto aún.

Principios centrales

Daremos un brevísimo resumen de los elementos más básicos de una eclesiología bíblica.  El lector haría bien en consultar libros como El cuerpo glorioso de Cristo, por R.B. Kuiper (TELL), y ¿Qué es el presbiterianismo? por Charles Hodge (CLIR).  Considero que sus tratamientos se fundamentan muy bien en la Palabra de Dios.

La unidad de la Iglesia

El primer elemento sobre la Iglesia que se nos presenta de principio a fin es la unidad esencial de la Iglesia bajo Jesucristo.  Hay una sola cabeza, y un sólo cuerpo.  La Iglesia es “familia, rebaño, templo, pueblo, nación santa, real sacerdocio” – una sola, bajo el mando y la protección de nuestro Rey, Jesucristo.

Esta unidad implica igualdad de todo hermano ante el Señor, y el mutuo compromiso los unos con los otros.  Son muchos los pasajes que presuponen la unidad de la iglesia, aún fuera de la congregación local.  De la misma manera que no podemos imaginar a un cristiano solitario sin iglesia, de la misma manera no podemos imaginar una congregación solitaria que no sea parte de otras congregaciones.

Es importante notar que las cartas escritas por los apóstoles se aplicaban a toda la iglesia, aún dónde no habían viajado.  Pablo escribe a la iglesia en Roma antes de haber ido.  Pedro escribe a las congregaciones en Galacia donde laboró Pablo.  Si bien hoy no tenemos a los apóstoles con nosotros, seguimos predicando la misma Palabra de ellos a toda la iglesia.  El señorío de Cristo, ejercido por su Palabra, exige un concepto radical de la unidad de la Iglesia.

“(La Iglesia) es un cuerpo, una familia, un rebaño, un reino.  Es uno porque está saturado por un solo Espíritu.  Somos todos bautizados en un mismo Espíritu para llegar a estar, dice el apóstol, en el cuerpo.  Esta morada del Espíritu, que une así a todos los miembros del cuerpo de Cristo, produce no solo esta unión subjetiva o interior que se manifiesta en la simpatía y el afecto, en la unidad de la fe y el amor, sino también en unión exterior y comunión … Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él.  Todos esto es cierto, no solo de aquellos que frecuentan el mismo lugar de culto, sino del cuerpo universal de los creyentes.  De manera que una iglesia independiente es un solecismo tan grande como un cristiano independiente, o como un dedo independiente del cuerpo humano, o una rama independiente de un árbol” (Hodge, Presbiterianismo, 73)

 El mandato de someternos unos a otros

La esencia del cristianismo exige la mutua sumisión unos a otros.  Cristo ha derramado su Espíritu por igual a la Iglesia entera; no hay algunos que son más “ungidos” que otros (ver 1 Juan 2:20,27).  No hay vicarios de Cristo en la tierra.  No hace falta, ya que Jesucristo está presente mediante su Palabra y su Espíritu.  De modo que los cristianos necesitan ejercer humildad unos para con otros, porque ninguno ha sido nombrado representante de Cristo en la tierra.  ¡El se representa a sí mismo!

El principio de mutua sumisión exige lazos entre las congregaciones, y una relación entre oficiales (pastores y ancianos) más allá de la congregación local.  Si todo cristiano debe someterse a otro, todo anciano o pastor también debe someterse a otro.  Por eso los consejos locales (juntas, o ‘consistorios’) deben someterse a consejos regionales, y los regionales a los nacionales.  Este es el principio de lo que se ha llamado el “presbiterianismo”.  Si la Iglesia terrenal fuera perfecta, un asunto de trascendencia podría llegar en teoría a un sínodo mundial.  De hecho, el Sínodo de Dort tuvo la representación de por lo menos 6 o 7 países para debatir el asunto importantísimo del arminianismo.  En nuestro mundo real, la mayoría estamos limitados por varios factores a los límites nacionales de nuestro país.

La forma de gobierno que se llama “congregacionalismo” establece un gobierno local solamente.  Posiblemente los líderes de tal iglesia buscan comunión con otras iglesias afines a su teología, pero permanecen como cuerpos autónomos.  No hay ninguna “inherencia” externa posible sobre la congregación.  Esta forma de gobierno tiene dos peligros serios.  En primer lugar, un miembro de la iglesia que ha sido ofendido por un anciano o pastor, no tiene recurso alguno.  No hay ningún consejo a quien apelar, no hay quien pueda intermediar con autoridad.  El congregacionalismo provee una sola solución ante un verdadero agravio: abandonar la iglesia.  Esto no es “resolver” nada.  Y no se protege el rebaño del posible abuso del liderazgo.

En segundo lugar, los mismos oficiales de la congregación sólo son responsables unos ante otros. En un conflicto interno insoluble – sea doctrinal o de conducta – no hay ningún otro cuerpo eclesiástico a quién apelar, ni que pueda intervenir.  Estos son los famosos casos en que las iglesias se dividen, unos siguiendo a uno, y otros siguiendo a otro.  El congregacionalismo ha sido fuente de división y cisma de incontables grupos a lo largo de nuestro continente.

Cuando surgió el debate fuerte en Antioquía sobre si los gentiles debían ser circuncidados, no pretendieron resolver el problema localmente.  Imagínese que Pablo se hubiera cerrado, y los judaizantes también, sin llamar una asamblea general de la iglesia (Hechos 15).  Ahí mismo habríamos tenido la primera división de la Iglesia.  Sin embargo, no intentaron resolver este tema tan importante para toda la iglesia, sino que se llamó un “sínodo”, se definió la posición de la iglesia de ahí en adelante, y fue una decisión que se aplicaba para toda la Iglesia.

La sumisión mutua no se aplica sólo entre individuos.  Los pastores y ancianos tienen un deber de someterse a otros pastores y ancianos que Dios ha llamado.  El congregacionalismo levanta un impedimento para esta sumisión mutua.  Tanto el principio de unidad, como de mutua sumisión, impulsa un gobierno eclesial en que las iglesias locales se someten a un cuerpo de iglesias regionales, y las regionales a un cuerpo nacional.

El oficio de “presbítero” o “anciano”

El Nuevo Testamento deja claro que Cristo mismo ha establecido el oficio de anciano (‘presbítero’ en griego) y pastor para gobernar la Iglesia y ejercer su autoridad de la Palabra (1 Timoteo 3:1-7; Efesios 4:11,12).  Es claro en la biblia que la Iglesia toda tiene la responsabilidad de velar que sus ministros sean adecuadamente preparados, y no sólo la congregación local.  Pablo instruye a sus dos discípulos, Timoteo y Tito, sobre la importancia de preparar e instalar ancianos en todas las iglesias.  Se entiende que ellos no hacían esto sólos, sino que debían vigilar que se hiciera con orden. De hecho, Timoteo mismo había sido comisionado por “el presbiterio” (1 Timoteo 4:14).  Interesantemente, ni Pablo, aunque fue apóstol, asignó a Timoteo, sino que fue el conjunto de presbíteros que tuvieron que dar su visto bueno.  Sabemos por la historia, que los “presbiterios” eran el conjunto de ancianos en una región que ministraban en varias congregaciones locales.

Dios sabe lo mejor para su rebaño.  Sabe que el favoritismo, el nepotismo y las relaciones amistosas son tentaciones grandes dentro de las congregaciones locales.  Se minimizan estas tentaciones cuando las congregaciones y los oficiales son responsables mutuamente ante otros.

Conclusión

Dice Charles Hodge que es posible forzar una planta para que crezca contra su naturaleza, pero tanto su crecimiento como su fruto serán truncados.  De igual manera es posible tratar de forzar una congregación a servir a Dios de una manera contraria a su naturaleza, y aún contraria a las implicaciones de su propia teología.  Puede haber buena teología con una eclesiología débil.  Pero habría más y mejor fruto si se le diera todo el apoyo que su naturaleza interna pide.

La teología Reformada contiene en sí el pleno reconocimiento de la naturaleza de la Iglesia según las enseñanzas bíblicas.  Apunta hacia lo que en la historia se ha llamado el “presbiterianismo”, que reconoce el sacerdocio de todo creyente y la importancia de la iglesia local por un lado, y por otro lado la unidad de la iglesia y la importancia de la mutua sumisión a nivel más ámplio de la iglesia local.  El “presbiterio” y la “Asamblea General” aseguran que los principios de unidad y sumisión mutua tengan su pleno ejercicio, que tanto los miembros como los oficiales sean protegidos, y que la Iglesia del Señor sea encaminada de forma sana y bíblica.

Teología y Eclesiología.  Van de la mano.

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Educación sexual en Costa Rica

Por Guillermo Green

Según la Nación esta semana (12/2/2017), la educación sexual del MEP es un “fracaso en las aulas”.  ¡Cosa interesante esta admisión de fracaso de parte de la burocracia más grande y mejor financiada del país!  ¿La casta de los sacerdotes reverenciados están fracasando?  Verdaderamente llama la atención, y leímos con mucho interés las propuestas para dar reversa a tan lamentable situación.

¿La propuesta?  Ni más ni menos que “mas de los mismo” – excepto a más temprana edad.  Sí, el ‘fracaso’ se resuelve tomando control de las mentes más tiernas a edades más tiernas.  En lugar de dar educación sexual en colegio, proponen empezar en la escuela.  Eso va a resolver el dilema.

Pero, ¿cuáles son las muestras del tal ‘fracaso’?  Las dos grandes pruebas del fracaso del programa son:  1)  “El 75% de los jóvenes entrevistados creían que el coitos interruptus era efectivo para prevenir el embarazo”.  Pero, pero, un momento.  Al interrumpir el acto sexual antes de la fecundación siempre es efectivo – a menos que el MEP esté promocionando la idea de que existe nacimientos viriginales.  Cosa que lo dudo. “¡Ah!” ud. dice.  La frase está mal redactada.  Quieren decir que los chicos realmente no interrumpen el acto de coito, y por eso no es efectivo.  ¿Entonces, cuál es el punto?  ¿Deben o no deben tener relaciones?  Todo el programa parece proponer tener relaciones – pero sin embarazos.  Y es que estos evolucionistas inconsistentes nunca logran ver la luz.  Enseñan que el mono no usa condones, la mona pare hijos, y ¿cuál es el problema?  Cuando el homo erectus evolucionó en homo sapiens, ¿por qué cambian las reglas?  Es más, los evolucionistas ateos dan golpes vanos contra la misma naturaleza.  Las niñas ahora son fértiles más jóvenes que antes.  ¡La Naturaleza misma está pidiendo hijos!  ¿Quiénes son estos arrogantes para pelear contra la ley de la Evolución, que hoy dota a los jóvenes con tanta virilidad?

El lector perdonará el sarcasmo, pero el fracaso filosófico moderno es intolerable y ninguna persona inteligente debe hacerle caso a estos ciegos guías de los ciegos.  Los arrogantes “arquitectos” de la sociedad no tienen ningún fundamento para poder definir el propósito del sexo, la función correcta de la sexualidad, el propósito de la familia, el propósito de la niñez y la adolescencia, ni siquiera la identidad del ser humano.  Los disparates contínuos que salen del MEP y de la UCR sobre la sexualidad, la familia, el feminismo y el machismo, la “diversidad”, etc. deben ser suficiente prueba para que todos sean despedidos sin goce de sueldo por incompetentes.

Sigamos con la segunda “prueba” del fracaso del currículum sexual del MEP:  “… el 67% no sabía cómo evitar enfermedades de transmisión sexual”.  ¿Y los sabios del MEP sí lo saben?  ¡Todo el poderío de los países del mundo, organizados en la ONU, promoviendo el “sexo seguro” a través de su brazo pervertido porno-aborto-homosexualista (UNESCO) no lo han logrado.  ¡Y esperan que guilas de colegio sepan resolver lo que nadie ha logrado hacer!  Bueno, hay UNO que sí nos dijo el secreto seguro contra todas las enfermedades venéras, pero al MEP realmente no tiene interés en la salud de los jóvenes: ni salud mental ni física.  Dios dijo “No cometerás adulterio;  no fornicarás”.  Solución perfecta y 100% efectiva.

Es hora de desenmascarar este enfermizo impulso hacia el sexo inseguro.  Según las tablas del mismo artículo, uno de los “logros” entre 2010 y 2015 es que ha bajado la edad de tener relaciones sexuales.  Los educadores conscientes del MEP lamentan que algunos padres se opongan a su agenda de aceptación de la agenda homosexual (“diversidad”), y otros aspectos del currículum, pero no les importa para nada lo que estos padres “retrógrados” piensen.  El tono del artículo manifiesta claramente que el MEP (el Estado) considera que los niños son propiedad del Estado, del MEP, y que todos deben someterse a lo que ellos consideran lo más correcto.

¡Guías suicidas de sus hijos!  Padres, por favor despiértense.  Si amas a su hijo, si quiere lo mejor para él, si quiere que crezca de manera sana mental y físicamente, opóngase al MEP con todas sus fuerzas, y hágale caso al Creador de su hijo – Dios.

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Interpretaciones modernistas: Los 500 años de la Reforma y Martín Lutero (Introducción y Parte I)

 

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Análisis y respuesta al libro de Martin Hoffmann: La Locura de la Cruz, la Teología de Martín Lutero, 2014, DEI, San José, Costa Rica

San José, Costa Rica

Guillermo Green, M.Div; Th.M

 

La Reforma Protestante del siglo 16 será para siempre un hito en el desarrollo de la civilización occidental. Se ha estudiado y analizado desde todas las perspectivas posibles: religiosas, políticas, económicas, sociales, culturales, lingüísticas, los personajes – para mencionar algunas.

Con su libro sobre Martín Lutero, Hoffman agrega su aporte sobre el reformador más conocido, ofreciendo textos originales en español (algunos por primera vez en nuestro castellano), y un análisis y aplicación de los pensamientos de Lutero para Latinoamérica hoy. Comentando sobre su meta en el libro, Hoffmann afirma, “… las Iglesias luteranas de Latinoamérica no pueden prescindir de una imagen clara de la teología de Lutero en la búsqueda de su propia identidad en medio de la diversidad religiosa del continente” [15]. Hoffmann desea evitar el reduccionismo en su acercamiento a Lutero, y expresa su intención de “… guiar en la profundización del conocimiento de la teología de Lutero concentrándonos en diez temas principales…” [15].

Hoffmann considera que su estudio no solo es importante sino urgente, debido a que todas las teologías históricas provenientes de la Reforma están enfrentando la “crisis de la modernidad”, la cual está “a punto de destruir sus propios fundamentos con una racionalidad que se ha vuelto instrumental” [15].

Se le ofrece al lector tres posibles perspectivas para analizar a Lutero. Primero, Lutero puede ser entendido como el punto de partida de la Modernidad, y si es así, habría que criticarlo duramente como participante en haber causado nuestra crisis. O segundo, fue un teólogo sumido todavía en la Edad Media, crítico de todo lo que ofrece la Modernidad. En este caso, no tendría mucha relevancia. Una tercera opción, según Hoffmann, es que Lutero se ubica transversalmente entre la Edad Media y la Modernidad, y su teología puede ser entendida como una “crítica anticipada a la Modernidad” [16; Hoffmann cita Ulrich Kortner, Reformatorische Theologie im 21, p. 79-90].

El autor expresa particular aprecio por la interpretación que Hans Joachim Iwand hace de Lutero, llamándolo posiblemente el “más genial intérprete de Lutero en la Alemania del siglo XX” [16]. Desafortunadamente no he podido consultar esta fuente que Hoffmann cita con frecuencia en su libro. Hoffmann incluye a Walter Altmann como “inspiración” para su análisis de Lutero, especialmente en cuanto a la relación con el contexto de Latinoamérica.

La perspectiva central de Lutero, según Hoffmann, es el Cristo Crucificado. Esta es la perspectiva que “se revela cada vez más como central para Lutero, tanto en su experiencia personal como en sus estudios bíblicos” [17]. Según el autor, Lutero puso “de relieve la cruz como perspectiva directriz de cualquier teología” [17, énfasis del autor]. Así que, debemos entender que la óptica principal para comprender a Lutero, según Hoffmann, será lo que él llama “la perspectiva de la cruz”. Incluso, Hoffman afirma que esta perspectiva de la cruz nos permite profundizarnos más allá de la doctrina luterana de la justificación por la fe [18]. Nos permite comprender la verdadera esencia del pensamiento de Lutero. Esta “perspectiva de la cruz” será el marco que Hoffmann utiliza para analizar diferentes puntos doctrinales de Lutero.

El formato del libro es directo y claro. Hoffmann ofrece textos originales de Lutero, y luego presenta un análisis e interpretación. También incluye preguntas de reflexión para estudiantes, dando evidencia que el libro fue preparado en parte como texto. Podemos agradecer a Hoffmann y a los publicadores estos esfuerzos por plasmar en español algunos escritos de Lutero anteriormente desconocidos.

Lamentablemente ha habido algunas reseñas del libro un tanto superficiales. Supongo que los que leyeron el libro superficialmente leerá esta reseña de la misma manera. Pero para el lector consciente quien desea un buen análisis del texto, mi recomendación es una lectura concienzuda tanto de La Locura de la Cruz por Martin Hoffmann, como de esta humilde reseña.

Parte 1: Observaciones iniciales

Parece claro que Hoffmann escribe para su propio círculo de pensadores, porque son varios los conceptos que da por sentado, o no define bien. Daremos algunos ejemplos.

El término ‘capitalismo’

Desde el primer capítulo, Hoffman menciona el “capitalismo” y “libre mercado” siempre con una connotación negativa:

“Los ídolos del libre mercado…” [15].

“Lutero exige de los predicadores una crítica profética de la economía capitalista temprana, que pretende ser absoluta” [231]

“Aunque esas prácticas todavía no corresponden al capitalismo moderno, ya se pueden observar los principios centrales de este sistema: el afán de lucro, ver a los otros sujetos del mercado únicamente como competencia, ver al cliente como consumidor y como objeto de la oferta, y la tendencia a la formación de monopolios. Para Lutero, los motivos detrás de este accionar son la codicia y la avaricia” [233]

“Pasa de ser un problema ético a un problema dogmático. Lutero se opone a las presiones sistémicas del capitalismo sometiéndolo a la crítica del mandamiento divino” [234].

“… Esto significa ni más ni menos que (Lutero) considera a la congregación como sujeto social anticapitalista e independiente, que se opone a las presiones del sistema” [236].

Aunque nunca lo define, parece que el problema con el capitalismo para Hoffmann es que expresa la victoria de los ricos sobre los pobres en la lucha por el poder y la riqueza:

“Con la creación de los bancos al comienzo del capitalismo mercantilista, la lucha medieval por el predominio del poder papal sobre el imperial adquiere una nueva dimensión. El Papa, los obispos, el Emperador, los príncipes, los nobles y la recién surgida clase de los comerciantes y banqueros se disputan el dominio de distintos aspectos de la vida, las cuestiones sociales, económicas, políticas y eclesiástico-religiosas, y lo hacen siempre en desmedro de la clase social baja, política, económica y religiosamente dependiente” [24].

El lector del libro tiene que juntar las piezas que Hoffmann no dice claramente, y esta es la tendencia predominante en todo el libro. Parece que Hoffmann presupone que sus lectores ya están de acuerdo con él y lo comprenden bien. Pero con respecto al tema mencionado, surge un par de preguntas: Muchas estadísticas muestran que el debilitamiento de Estados totalitarios en favor del libre comercio ha disminuido significativamente la pobreza mundial. ¿Por qué Hoffmann ni siquiera ofrece un reconocimiento de estos datos? Y si todo tipo de capitalismo es malo, y si la lucha por el poder se manifiesta en el capitalismo, ¿cuál es la alternativa? Esta respuesta es parte de todo el punto del libro, y no encontramos una respuesta clara y sucinta más allá de condenar el cobro de intereses, y promover una banca comunitaria que regala dinero a los necesitados, y organizar la iglesia en algún tipo de comuna.

“Por último, Lutero desarrolla la idea de que la congregación cristiana en sí misma está destinada a existir como sujeto económico independiente. Para él, la congregación es aquella parte de la sociedad en la que se presta evangélica y gratuitamente y en la que se comercia con dinero o mercancías. Esto significa ni más ni menos que considera a la congregación como sujeto social anticapitalista e independiente, que se opone a las presiones del sistema” [236]

A pesar de que Hoffmann afirma contundentemente que Lutero desarrolló estas ideas, tendrá que admitir que han sido muy pocos los luteranos que han formado comunas socialistas “independientes” en la sociedad. Surge la inquietud: ¿estaremos frente a una labor de eiségesis de parte de Hoffmann en cuanto a Lutero? Regresaremos luego a algunos de estos puntos.

El término ‘instrumental’, ‘instrumentalización’

El uso de este concepto reluce una vez más que Hoffmann escribe para un círculo que tiene un enfoque propio. Uno de los encabezados dice:

“El sistema de indulgencias y la instrumentalización del sacramento de la penitencia” [30]

Otra vez,

“El grado de instrumentalización de este sacramento de la penitencia en manos de la Iglesia se ve también en su conexión con intereses económicos” [32].

Según Hoffmann, la Edad Moderna instrumentaliza la razón:

“Aquí podrá hallarse una de las raíces del desarrollo de una razón instrumental en la Edad Moderna, que somete al mundo y a la naturaleza” [46; no podemos evitar la pregunta de que si el hombre no usa su raciocinio como ‘instrumento’, ¿para qué lo debe usar?].

La teología de Lutero ha sido instrumentalizada [20].

Y ¡el mismo Dios es instrumentalizado!

“… En ambos casos, Dios es utilizado e instrumentalizado según los deseos y las intenciones humanas” [47].

Etimológicamente un “instrumento” es alguna herramienta con sentido neutral. Un martillo puede ser usado para construir una casa o quebrar la cabeza de una persona. Pero Hoffmann utiliza “instrumental” o “instrumentalizar” con un sentido diferente. Se coloca claramente dentro de una perspectiva de dialéctica histórica de lucha de poder de clases o grupos, en que las diferentes partes utilizan “herramientas” (sociales, económicas o religiosas) para oprimir a otros. Hoffmann constantemente se refiere a “sistemas”, porque su enfoque se acerca mucho al marxismo en que las diferentes clases crean sus propios “sistemas” para protegerse y defenderse. El problema con este acercamiento es doble: 1) Aunque Hoffmann habla del “pecado” como universal, los “instrumentos” de opresión parecen ser utilizados solo por los ricos y poderosos. ¿Las personas pobres no pecan? ¿Ellos nunca crean ningún tipo de ‘sistema’ opresiva? 2) Presentar lo “instrumental” de la manera que lo hace puede llevar a serias debilidades en la comprensión de Lutero. Y de hecho, esto es lo que sucede con la penitencia.

Hoffmann interpreta la oposición de Lutero a la penitencia dentro del esquema de lucha social – “instrumentalización del sacramento” (léase “usar el sacramento como garrote”). Considera que al rechazar la interpretación Católica de la penitencia, Lutero modela la victoria sobre un “instrumento” religioso usado para oprimir las masas. Sin negar los abusos de Roma (que hasta los Católicos lo admiten), nosotros percibimos que Hoffmann pierde la capacidad de reconocer plenamente el concepto de “penitencia” como lo enseña Lutero. Hoffmann interpreta la lucha de Lutero en términos horizontales: Lutero le quita a Roma el instrumento opresivo del sacramento de la penitencia, y lo pone en manos del pueblo. Pero se puede demostrar que esta interpretación no concuerda con la realidad del caso.

Brevemente, en los mismos documentos que Hoffmann transcribe, Lutero coloca el asunto de la penitencia y la fe en el contexto de términos verticales de la ira de Dios, la justicia de Dios, y la reconciliación con Dios. Algunas citas de los documentos que Hoffmann ofrece de los escritos de Lutero afirman:

“Y la ley obra la ira de Dios, mata, maldice, acusa, juzga y condena todo lo que no está en Cristo” [39; Disputación de Heidelberg, #23]

“Creo que Jesucristo … me ha redimido del pecado, del diablo, de la muerte y de toda desdicha. Porque antes yo no tenía ni señor, ni rey alguno, sino que estaba sujeto a la potestad del diablo, condenado a morir, retenido en los lazos del pecado y de la ceguedad… (estábamos) bajo la ira de Dios, privados de su gracia, condenados a la perdición eterna … hasta que el Hijo único de Dios se compadeció de nuestra calamidad y miseria … y descendió de los cielos para socorrernos” [42; del Catecismo Mayor Artículo segundo]

Lutero no ignora que el pecado arroja al hombre en “toda desdicha” (desórdenes de vida en el mundo). Pero la raíz del problema es que estamos bajo la condenación de Dios a causa del pecado, no la opresión de Roma. Lutero se opone al sacramento de la penitencia no primeramente porque era un “instrumento” de opresión por Roma, sino porque llevaba a los hombres ante hombres y no ante Dios para el perdón. Hoffmann infla un aspecto realmente secundario (el que Roma manejaba la penitencia) y pierde por completo la esencia del punto que Lutero hace.

Al adoptar una interpretación dialéctica de la historia, Hoffmann pierde vista de un elemento muy importante en la teología de Lutero. Regresaremos a estos puntos más adelante. El punto aquí es que el autor presupone una cierta lectura de la historia sin definir claramente sus términos. En este caso Hoffmann toma un término neutral, “instrumento”, y le da un sentido de lucha de clases. Nos hubiera gustado más transparencia desde el comienzo de la obra en cuanto a los términos y conceptos claves.

La ‘perspectiva de la cruz’

      Posiblemente la frase más problemática de todo el libro es también la que Hoffmann considera el centro de su tesis: “La perspectiva de la cruz”. Ya mencionamos arriba que el autor considera que más allá de los elementos específicos de la teología de Lutero, como por ejemplo la justificación por la fe, la “perspectiva de la cruz” explica la mística verdadera del pensamiento del reformador.

El problema es, ¿en qué consiste esta ‘perspectiva de la cruz’? Tememos que Hoffmann esté imponiendo sobre Lutero de manera ecléctica varias interpretaciones teológicas. Él menciona Iwand, Altmann, Schaull, H.M. Barth, y Moltmann entre otros. Y sería difícil armonizar la teología de Moltmann (por ejemplo) con la de Lutero de cualquier manera razonable. Pero trataremos de hacer el trabajo que Hoffmann no hace, el de dar algunas definiciones claras. Tendremos que juntar una que otra declaración para ver si encontramos claridad.

En primer lugar, “la perspectiva de la cruz” según Hoffmann no tiene nada que ver con “conservar sus fórmulas, (un peligro siempre presente en el luteranismo)” [17; paréntesis del autor]. Hoffmann aquí y en muchos lugares se distancia de toda posición confesional, la que él llama “rígida” [21]. El problema es que Hoffmann no nos dice cuáles Artículos de las Fórmulas luteranas no quiere conservar. ¿Ninguno? No puede ser así, porque en todo el libro Hoffmann cita los documentos doctrinales de Lutero (catecismos, confesiones, etc). Nos encontramos en su libro una forma ‘tendenciosa’ generalizada de presentar su material. Pero si el libro pretende ser un recurso académico, se esperaría una presentación más clara de su argumento. Cualquier lector adulto tiene derecho de saber de Hoffmann cuáles fórmulas no considera que deben ser conservadas, y cuáles artículos de fe son demasiado rígidos. La seriedad académica y la honestidad no tratan cosas serias de manera vaga y tendenciosa.

En segundo lugar, Hoffmann usa “la perspectiva de la cruz” de una manera extraña para cualquiera que haya leído la teología y los sermones de Martín Lutero. Leemos “Cuando Lutero publicó y fundamentó científicamente por primera vez su crítica al sistema de indulgencias … puso de relieve la cruz como perspectiva directriz de cualquier teología” [17; énfasis del autor]. Y a pesar de que Hoffmann luche varonilmente por crear una “perspectiva”, lo único que demuestran las citas que ofrece es que Lutero habla de la “cruz” como sinécdoque (esto ha sido la costumbre desde los apóstoles. Sinécdoque es representar el todo por una parte). “La cruz” durante toda la historia del cristianismo puede representar toda la persona y obra de Cristo, o partes de ello. En vano Hoffmann intenta convertir las frases de Lutero “teología de gloria” y “teología de cruz” en una perspectiva de luchas opuestas de grupos sociales.

Mientras Lutero contrasta obras humanas y amor al mundo (teología de gloria) con justificación por la fe y servicio a Cristo (teología de la cruz), Hoffmann lo interpreta como la identificación de ‘Cristo’ con los que sufren: “Con cruz y pasión Lutero se refiere en primer lugar a la pasión y a la cruz de Cristo, pero al mismo tiempo piensa en la cruz de los cristianos. Para él, la cruz de Cristo y la cruz de los cristianos están estrechamente relacionadas” [49; énfasis mío]. También “Es por esto que no puede existir un conocimiento directo de Dios” [48]. Otra vez, de manera tendenciosa, Hoffmann dirige al lector hacia la idea de que Cristo no se revela “directamente” al que tiene fe en él, sino “en” los que sufren (“indirectamente” en su lenguaje). Pero no ha demostrado que Lutero dice esto. Hay una fuerte sospecha de que Hoffmann está forzando un uso de sentido común del término “cruz” en una dirección más conforme a Moltmann que a Lutero. Los cristianos saben que una vez que Cristo los salva son puestos contrarios al “mundo”, lo cual podrá acarrear persecución e incluye sufrimiento. Pero Hoffmann muestra mucho atrevimiento en sus declaraciones, tomando en cuenta lo celoso que era Lutero para resguardar el carácter soberano, único y divino de la obra de Cristo. Mezclar “cruz y pasión de Cristo” con los sufrimientos de los cristianos como perspectiva vital de Lutero (título del capítulo) necesita una prueba mucho más clara de lo que Hoffmann ofrece.

En tercer lugar, la “perspectiva de la cruz” extrañamente se desaparece del argumento del libro después de los primeros capítulos. En los capítulos sobre la ética religiosa, política y económica, Hoffmann sencillamente ofrece citas de Lutero con su interpretación y aplicación directamente al contexto moderno. Ya no encontramos análisis desde la “perspectiva de la cruz”. Esto es notable, ya que Hoffmann mismo afirma que es precisamente esta perspectiva (“de la cruz”) que es el substrato, el fondo esencial, de toda la teología de Lutero:

“La Teología de la Cruz no marca un período específico de la teología de Lutero, como muchas veces se ha sostenido, sino que representa el fundamento mismo de toda su teología y caracteriza todo su pensamiento teológico. Esta teología es un principio epistemológico teológico especial que tiene su correspondencia en la Teología de la Cruz del Apóstol Pablo” [44].

A pesar de estas afirmaciones, no hay ningún análisis “desde la perspectiva de la Cruz” en el capítulo VIII (por cierto, uno de los capítulos mas informativos y útiles para entender los conceptos políticos de Lutero, que Hoffmann mismo admite no forman un sistema coherente [214]). Pareciera que cuando Hoffman se dedica a explicar a Lutero en términos ‘normales’ sin imponer categorías ajenas, provee análisis puntual y útil.

En el capítulo IX sobre la ética económica de Lutero, no solo no encontramos un análisis “desde la perspectiva de la Cruz”, sino Hoffmann introduce otro “sistema conceptual” – Mammón. “Vale decir, que el Mammón que actúa en la usura se califica como sistema conceptual” [234; énfasis mío]. “El capitalismo … somete a todos a la presión de su sistema” [235; énfasis mío]. Realmente este “sistema conceptual” juega un papel igual o más fuerte para Hoffmann que la misma “perspectiva de la Cruz”, y debe haber sido incluido en la Introducción como marco interpretativo.

En resumen, encontramos muchas categorías y declaraciones en el análisis de Hoffmann que son ofrecidas sin suficiente definición, especialmente dado lo problemático que son. El “sabor” que da el libro es que Hoffmann escribe para un grupo reducido de personas que ya manejan sus mismas categorías y perspectivas. Esto le resta profundidad a su análisis, porque Hoffmann contradice no solo las “fórmulas” de Lutero, sino unos cuatrocientos años de interpretación luterana. Si se busca corregir estas cosas, esperaríamos un mejor tratamiento.

(Versión completa en PDF)

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Liberales modernistas y tácticas caducas

por Guillermo Green

Mi educación teológica en parte tomó lugar en medio de liberales teológicos, o modernistas.  Hoy aquella denominación no exige que se crea en un Adán histórico, ni en un diluvio histórico, ni una caída literal en el pecado, ni en la inerrrancia de las Escrituras.  Inclusive algunos cuestionan la existencia del infierno, y la misma naturaleza de la muerte expiatoria de Jesucristo.  Pero no siempre fue así.  Cuando yo era un estudiante joven no había llegado a estas posiciones todavía.  El camino al modernismo abierto fue medio-paulatino.  Pero los que lo impulsaban usaron las mismísimas tácticas que se siguen usando en todo el mundo y en toda época.

“La falacia de los ignorantes” – Los modernistas liberales casi siempre intentan etiquetar a los que creen la Biblia como “ignorantes” o “superficiales”.  Recuerdo que una de las tácticas usadas en mi vieja denominación en favor de ordenar mujeres era realizar una “encuesta” que probó que los que se oponían a la ordenación de mujeres eran los que tenían menos educación universitaria y los que eran viejos.  ¿Su punto?  Sólo los seniles y analfabetos no lo aceptan.  Y nada cambia.  Constantemente escucho de “argumentos” de personas liberales que no son argumentos en ningún sentido de la palabra.  El liberal se limita a decir “esa es una posición superficial”, como si con sólo pronunciarla “superficial” se convierte en realidad.  Por lo general, cuando se logra abrir un diálogo real con una persona liberal, sus argumentos sí son superficiales, dogmáticos sin sustancia ni fundamento, y mucho menos apoyados por ningún teológo serio.

“Los Reformadores también se equivocaron” – Este argumento es utilizado de forma “tendenciosa”, que es una de las tácticas favoritas de los liberales.  Por lo general se introduce esta frase de que “los Reformadores se equivocaron” sin más explicación.  El modernista rehuye a las definiciones claras, porque es un parásito que depende del resto de la iglesia, y no puede revelarse claramente por lo que es.  Pero a menudo “se le sale” la verdad de lo que piensa, y por supuesto está en desacuerdo con mucho de lo que enseñaron los Reformadores.  El problema con muchos de los líderes hoy en día es que permite que el liberal diga estas cosas y no los detiene para pedir claridad en cuanto a su posición.  Ningún teólogo ni académico debería tener la libertad de hacer declaraciones generalizadas sin definirse.  Esto no se conforma a la ética académica ni la honestidad cristiana.  Por supuesto los Reformadores se equivocaron.  Nadie nunca ha dicho que fueron infalibles.  Pero si alguien introduce el tema de sus errores, la honestidad y la integridad demandan que se explique.  Querido hermano, si te preocupa la integridad y la verdad, no siga permitiendo que se digan generalidades críticas o negativas sin que se defina.

“Son fundamentalistas” – El liberal se pone paranoico cuando tan sólo piensa en los que realmente honran a Cristo y su Palabra.  Creo que si pudiéramos monitorear su pulso y presión de sangre cuando piensa en ellos, un doctor le recetaría medicamentos para la calma.  El liberal mira a las personas confesionales casi como terroristas de ISIS.  De nuevo, muchos cristianos permiten que los liberales lancen epítetos como “¡fundamentalista!” y “¡dogmático!”  sin pedir explicaciones.  En primer lugar, si el liberal no tiene ningún ‘fundamento’, es un relativista que debe guardarse sus opiniones.  En segundo lugar, todo cristiano debe ser un “fundamentalista”, porque Pablo dice que la Iglesia está edificada sobre UN FUNDAMENTO – el testimonio de los apóstoles y de Jesucristo (Efesios 2:20).  Si el liberal no quiere ser fundamentalista, no es cristiano.  O quiere decir otra cosa con el término.  Y esa “otra cosa” es que el liberal nunca explica, porque en realidad él es enemigo de la fe que descansa sobre el fundamento del testimonio bíblico.

“Soy profesional” – a veces el teológo liberal no lo dice en tantos términos, pero en muchas ocasiones intenta impresionar citando frasesitas en latín o griego, o intentando demostrar su “superioridad” intelectual o académico para que nadie le cuestione.  El error de muchos hermanos es dejarse impresionar.  El que conoce bien a su biblia está más que preparado para refutar toda altivez.  Conozco una mujer que nunca terminó la universidad, pero leía su biblia de tapa a tapa cada año durante décadas de su vida.  También leía libros de teología.  Cuando encontraba que algún profesor escribía cosas falsas de la biblia o de autores teológicos, ella los confrontaba con la verdad.  No podían refutarla porque esa viejita conocía la espada del Espíritu mucho mejor que ellos.  Y se había preocupado por informarse sobre los temas candentes.

[Suspiro grande]  Nada cambia.  La poca creatividad de los liberales ya debe ser bien conocida en toda la iglesia.  Pero cuando las ovejas se distraen y se duermen, los lobos se aprovechan.  ¡Despertémonos!  Querido hermano que ama al Señor y a su Iglesia, reconozca al liberal, confróntelo con su incredulidad, y no permita que influya en la congregación de los santos.

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La corrupción y la Iglesia

por Guillermo Green

Hace unos días el teólogo y filósofo Vishal Mangalwadi visitó a Costa Rica, e impartió varias conferencias, tanto a pastores como a grupos públicos.  A los cristianos advirtió que un falso Evangelio individualista, de sólo “salvar almas”, ha creado  falsas iglesias, que en nada están contribuyendo a un Evangelio sano, ni transformando sus sociedades.

La Reforma Protestante del siglo 16 se fundamentó sobre la lectura seria y completa de la Palabra de Dios.  En la biblia, los Reformadores encontraron a un Señor soberano que recrea a su pueblo con su Espíritu poderoso, para honrar su Nombre en todas sus actividades; no sólo en el culto los domingos.  También estaban convencidos por la Palabra que la aplicación de la Ley de Dios traería profundas bendiciones a su nación y a las generaciones venideras.  Es por eso que vemos en la historia cómo la Reforma tuvo un impacto explosivo sobre:  la Iglesia, la familia, la economía, la literatura, la política, las artes, y la libertad en todas las esferas.

¿Por qué Latinomaérica no está experimentando este tipo de reforma en nuestras sociedades?  ¿Por qué nuestras sociedades se hacen más y más corruptas y violentas?  Un estudio que leí hace poco afirma que la cantidad de dinero extraído de los países Latinoamericanos y guardado en bancos afuera sería suficiente para levantarlos a un nivel superior del mundo.  Las cifras de dinero robado entre 2003 y 20012 (¡de lo que se sepa!) que ha SALIDO de los países son las siguientes:

México – 514 mil millones de dólares US

Brasil –  217 mil millones de dólares US

Costa Rica – 94  mil millones de dólares US

Aruba –  82  mil millones de dólares US

Panamá – 48  mil millones de dólares US

Chile – 45  mil millones de dólares US

Etc, etc.  El Salvador tiene la menor cantidad, con ‘sólo’  7.9 mil millones $ US

Cita:   http://www.theglobalist.com/latin-americas-corruption-crisis/

Es imposible imaginarnos lo que nuestros países serían sin tal magnitud de robo.  Es obvio que esta saqueada está empobreciendo a todas nuestras naciones.  La pregunta para nosotros es:  ¿Dónde están los cristianos?  En muchos de los países la población de evangélicos supuestamente supera 20 – 25%.   La otra mayoría es Católica.  Ya sabemos que no podemos contar con la religión Católica para liberar a ninguna sociedad.  Roma ha mantenido a sus sociedades en abyecta pobreza porque no permite que la biblia libere a individuos ni a sociedades.  Su religión jerárquica es estructuralmente opresiva, sujetando a los hombres a otros hombres, en lugar de liberarlos para servir a Dios libremente.

Pero ¿qué pasa con las iglesias Protestantes?   No vemos el impulso de reformar la vida, la religión y la sociedad entera que se dio en el siglo 16.  No vemos el afán por la justicia, la libertad, la equidad.  Creo que podemos señalar los siguientes factores:

1) El Dispensacionalismo – esta corriente de teología (recordemos Hal Lindsay y su libro “El último gran planeta Tierra”;  recordemos el papel que jugó las notas de ciencia de ficción de la Biblia Scofield) se apoderó de gran parte del sector evangélico.  Durante muchos años en Costa Rica había un programa radial llamado “¡Escapa por tu vida!” pregonando el rapto inminente.  La iglesia debía preocuparse por una sola cosa – “salvar” tantas almas podía (consiguiendo una oración verbal de aceptación) y tratar de no estar practicando algún vicio (bailar, fumar, beber, fornicar) cuando sucediera el rapto.  El Dispensacionalismo produjo todo lo contrario de un concepto participativo en la sociedad, y creó iglesias extremadamente escapistas.  Después de centenares de predicciones fallidas de sus “profetas”, estas iglesias no han sabido recapacitarse, y simplemente se han vuelto clubes evangélicas insignificantes.  Ni salvan almas ni se fueron en el rapto.

2) El movimiento de “Guerra Espiritual” promovido por C. Peter Wagner y muchos de los falsos “apóstoles y profetas” sustituye el poder del Evangelio por la magia pagana.  Creyendo poder romper el poder del diablo con reprender y declarar victoria, no enseñaron los principios de la Ley de Dios, ni motivaron a sus iglesias a estudiar la biblia.  La ignorancia bíblica en sus congregaciones sigue siendo igual de lo que era en la iglesia de Roma en el tiempo de Martín Lutero.  Como muchas de las iglesias pentecostales y neo-pentecostales absorbieron estos elementos, no han sido un factor formativo en la sociedad a pesar de ser una mayoría entre las iglesias evangélicas.  Cuando de repente se les ocurre “meterse en la política”, toma la forma de marchas alocadas u otro alboroto sin fruto.  Más bien han dejado mal testimonio.

3) La falsa teología de la “prosperidad”, difundida de forma suprema por el canal televisivo “Enlace”, convierte el Evangelio en “prosperidad personal”.  Esta teología es el extremo opuesto del Evangelio bíblico que bendice naciones enteras. Convierte la codicia y el egoísmo en “fe”, a Cristo en un mago, y al pastor en gurú.  Pocas corrientes religiosas han sido tan nocivas en la historia.  Ultimamente los de “guerra espiritual” se han unido a los de la “prosperidad”, afirmando que es la voluntad de Dios “trasladar las riquezas del mundo a la iglesia” para que los cristianos reinen.  ¡Da miedo pensar que algunas de estas personas gobernaran!  ¿Se puede imaginar a Cash Luna gobernador de su país?

4) El amor a la ignorancia está impidiendo que la Iglesia Protestante se levante, y más bien la está estrangulando.  Los norteamericanas tienen un decir “Ignorance is bliss” (La ignorancia es sublime felicidad).  El que no sabe nada no se preocupa, ni se aflige, ni se esfuerza.  Este mal ha sobrecogido a muchas iglesias.  Sus líderes, y por ende sus congregaciones, no quieren saber casi nada para no sufrir ninguna incomodidad.  En mis viajes a diferentes países en Latinoamérica, me entristece sobremanera ver y escuchar el paupérrimo interés y conocimiento ¡por todo! de parte de muchos líderes.   Por todos lados el paganismo moderno avanza:  por medio del ambientalismo ateo;  el movimiento LGBT toma más terreno en la política;  la educación cede al paganismo;  los políticos legislan leyes anti-bíblicas;  la corrupción, la violencia, y la ruptura familiar asedia la sociedad.  Además de estos factores sociales, las falsas corrientes teológicas atacan a la verdad bíblica:  el liberalismo modernista; las teologías mencionadas arriba, etc.   Sin embargo, ¿cuántos líderes se sientan cómodos en sus parroquias en la ‘sublime felicidad’ del desconocimiento general?

5) El mundo en la iglesia.  Con esto no me refiero a ciertas prácticas de conducta que muchas veces se tildan de “mundanas”, aunque estas cosas con certeza se dan.  Me refiero más bien a la falta de una mente crítica que simplemente absorbe lo que el “mundo” nos dice.  Con esta mentalidad no-crítica, millares de cristianos se tragaron un abientalismo no sólo falso, sino netamente pagano:  los “derechos” de la madre tierra Gaia.  La falta de una mentalidad crítica y bíblica ha contribuido a que muchos cristianos sean arrastrados por corrientes políticas de su alrededor, repitiendo como loras alguna frasecita bíblica que justifica, según ellos, una agenda distante a la visión bíblica para el Estado.  Este espíritu no-crítico ha permitido a padres cristianos seguir enviando a sus hijos a escuelas públicas tomadas por completo por la pseudo ciencia (la evolución), la pseudo economía (el neo-marxismo), el pseudo nacionalismo (valores fundamentos sobre nada), y sobre todo la pseudo educación (sea el constructivismo, lacanismo-freudianismo, conductismo u otro).  Mientras hay más mundo dentro de la Iglesia que Evangelio, la Reforma no puede llegar.

Pastor tras pastor manifiesta un frío desinterés en las cosas importantes que atañen la vida presente y futura de su grey, y aún podría señalar de “fanático” a algún miembro de su iglesia que pide que se le preste atención.  El nivel de lectura entre los líderes debe ser mucho mayor.  El empeño vertido en sus sermones debe reforzarse mucho.   El análisis cultural y la aplicación del Evangelio debe ocupar su atención.

El próximo año muchas iglesias celebrarán los 500 años de la Reforma Protestante.  En Latinoamérica aún no hemos tenido una Reforma.  ¡Pidamos a Dios su misericordia!

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¿Es Yavé una deidad transgénero?

Por Dr. Peter Jones

Los que producen periódicos harán lo necesario para venderlos, aún cuando esto implica afirmar que el Dios de la biblia es “transgénero”, como los dioses paganos antiguos. Tal es la teoría promovido en un artículo por el New York Times, escrito por el rabino Mark Sameth: “Is God Transgender” (¿Es Dios transgénero?), 12 de agosto, 2016.

Sameth reclama que la biblia hebrea, “cuando se lee en el idioma original, ofrece un concepto muy fluído de género … En Génesis 3:12, se le refiere a Eva como ‘él’. En Génesis 9:21, después del diluvio, Noé entra en la tienda ‘de ella’ (la de él). Génesis 1:27 se refiere a Adán como ‘ellos’”.

Estas anomalías textuales menores son facilmente explicadas por expertos en el hebreo como Robert Gagnon y Michael Brown. Además, muchos idiomas no emplean el modo de género en un sentido sexual. En francés, por ejemplo, son “femininos” un carro y una botella, pero nadie acusa a los franceses de “fluidez de género”; es una cultura conocida por la expresión “vive la différence”.

La tesis de Sameth progresa de manera más y más especulativa cuando trata el nombre de Dios. Emplea un argumento profundamente imaginario, especulando que el nombre YHWH (Yavé) puede ser leído al revés como “Él / Ella”. Gagnon advierte que los eruditos bíblicos por lo general están de acuerdo que YHWH es derivado del verbo “ser” en la tercera persona singular: “él es” o “él será”. Michael Brown, erudito en hebreo, argumenta que “no existe ni una sola evidencia para esto” (la idea de Sameth). Brown añade: “… de las más de 6,000 veces que ocurre el nombre YHWH, nunca se encuentra con un adjetivo feminino, ni ninguna forma verbal feminina”.

De acuerdo con Gagnon, no existe “ninguna evidencia histórica que apoya esta interpretación de Sameth. Lo único que existe es su propia ideología sobre el sexo”. Esta “ideología sexual” de Sameth es precisamente su esfuerzo por justificar las acciones de su primo, uno de los primeros en EEUU de tener una cirugía para el cambio de sexo.

Pero los argumentos de Sameth son más que sentimental; son teológicos también. Por un lado, lamenta “cuando argumentos religiosos son usados para defender prejuicios sociales”. Pero Sameth no rehuye de usar a su primo como ejemplo “social” para justificar sus propios argumentos sociales. Sameth declara que en el mundo antiguo, fluidez de género, bien expresada, era la marca de una persona civilizada. Estas personas eran consideradas como “los dioses”. En la Mesopotamia y el Egipto antiguos consideraban que los dioses daban evidencia de fluidez de género, y los humanos reflejaban a los dioses.

Las especulaciones de Sameth continuan. Afirma que “los israelitas tomaron las ideas sobre transgénero de las culturas alrededor, y las mezclaron con sus propias escrituras sagradas”. Y aquí Sameth defiende su propio compromiso con el movimiento politeísta “interfé”, junto con la teología del “dios dentro de nosotros” en lugar de afirmar sus propias Escrituras, el Antiguo Testamento, que están llenas de advertencias de imitar las prácticas sexuales de las naciones. Levítico 18:22 declara: “No te echarás con varón como con mujer; es abominación”. En Deuteronomio 22:5 Dios manda: “No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace”. Estas son las abominaciones que llevarán al castigo de Dios, según Levítico: “ En ninguna de estas cosas os amancillaréis; pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros … no sea que la tierra os vomite por haberla contaminado, como vomitó a la nación que la habitó antes de vosotros” (ver Levítico 18:23-28).

La teología del rabino Sameth claramente apoya “estas cosas”. En su sinagoga dirige meditación judía, y está abierto a otras enseñanzas espirituales: “judíos, no-judíos, budistas, no-budistas, judistas, no-judistas (mezcla de ‘judíos’ con ‘budista’)”. Su apertura a varios géneros refleja su apertura a varias religiones. La polisexualidad es el reflejo del politeísmo.

¿Quién su hubiera imaginado que esta idolatría antigua caracterizaría una gente civilizada del siglo 21 en el occidente moderno? Como afirma correctamente Michael Brown, “El esfuerzo [por Sameth] por utilizar las Escrituras hebreas para apoyar el activismo transgénero es totalmente desviado, fatalmente defectuoso, y no digno de consideración seria”.

En ningún lugar la biblia presenta a Dios como un ser sexual. La sexualidad es una característica humana, diseñada por Dios para la procreación, y también como reflejo “encarnada” de las distinciones tejidas en el orden creado (tierra / mar; humano / animal; luz / tinieblas; varón / hembra, etc). Así como Dios es Creador trascendente, distinto a su creación, también su creación refleja distinciones, evidenciadas de forma máxima en la distinción entre varón y mujer.

Otra vez estamos confrontados con sólo dos opciones: adorar a la creación, o adorar al Creador, el cual es bendito por los siglos. La primera es la Mentira Unista, la segunda es la Verdad Dos-ista (Romanos 1:25). Dudo que se pudiera vender muchos periódicos con ese título del apóstol Pablo. Pero al final de la historia la verdad que representa “varón y mujer” encontrará su cumplimiento cuando la novia de Cristo se deleita en el amor inagotable de su esposo celestial. Vive la différence!

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El Marxismo Cultural y el Orden Geo-Político

Por Jennifer Forbes

2 de septiembre de 2013.

La ideología marxista ha influenciado nuestra cultura contemporánea, aunque ha pasado inadvertida para la mayoría. Aunque adopta del cristianismo la terminología de la dignidad humana y los derechos, es antitética a la cosmovisión bíblica y destructiva del orden social justo de Dios.

La prevaleciente sabiduría de hoy sostiene que el marxismo es una ideología fallida, siendo su irrelevancia confirmada por el colapso de la Unión Soviética y la caída del Muro de Berlín. También se cree ampliamente que el marxismo no puede subsistir en una democracia. Pero, de hecho, la ideología marxista está moldeando la cultura contemporánea por todo el mundo. Este artículo examinará esta afirmación.

El Marxismo Clásico

El marxismo clásico trataba con la economía y el poder político, enfocándose en la explotación de la clase obrera, el proletariado, por parte de los propietarios de los medios de producción, la burguesía.1 Marx agitaba al proletariado a que derrocara a la burguesía e implementara una sociedad “sin clases.” Esta exposición convencional de la ortodoxia marxista es responsable de la noción de que el marxismo está muerto en el Occidente democrático.

El Cambio Cultural es Fundamental para el Cambio Político

Las ideologías evolucionan y divergen, y así es como existen diferentes especies de marxismo. Una de esas especies, la de Antonio Gramsci y la escuela de Frankfurt, ha ejercido amplia influencia en nuestra cultura y geopolítica. Mientras que Karl Marx y Vladimir Lenin plantearon que el poder político era un prerrequisito hacia la búsqueda de la reorientación cultural, Gramsci invirtió esto, argumentando que la “hegemonía cultural” precipitaba la conquista del poder: un quórum de ciudadanos tenía que estar convencido de que tus metas eran justas y buenas, y entonces, con su consentimiento asegurado, se podía esgrimir la ley para la reestructuración de la sociedad.2

Estos marxistas tardíos tomaron el concepto de la lucha de clases de Marx y lo aplicaron a otras relaciones binarias tales como la raza, el género y la religión. Los hombres eran la clase opresora y las mujeres, las víctimas; opresores caucásicos, víctimas no-blancas; opresores ricos, víctimas pobres. Que estos antagonismos suenen familiares a los oídos occidentales es un testamento al atrincheramiento cultural del marxismo, y aunque puedan parecernos plausibles debido a los muchos ejemplos de relaciones opresor/víctima – abusos de mujeres por parte de los hombres y el comercio de esclavos, por ejemplo – no describen con exactitud las relaciones sociales en general. El marxismo cultural promueve el mismo faccionalismo que supuestamente busca erradicar con la esperanza de socavar el actual orden social y encender la revolución.

El esplendor de marxistas como Gramsci y la escuela de Frankfurt radica en que entendieron la necesidad de cambiar primero la cultura para alcanzar sus fines. Hoy esto se está llevando a cabo a través de la educación y los medios masivos de comunicación.

Vemos la retórica de la “igualdad” por todas partes. Una ideología de la “igualdad para todos” que tiene un dejo de justicia, pero su adopción conduce inevitablemente a la tiranía en donde la “igualdad” es otorgada de manera selectiva por parte de una élite cultural.

En el orden social judeo-cristiano la familia y la propiedad privada forman el fundamento para la libertad. Por consiguiente, la meta a menudo velada de los marxistas culturales es destruir la familia nuclear, la propiedad privada, y en última instancia, al cristianismo. Para Marx, reemplazar al cristianismo con escuelas controladas por el estado era un elemento precursor dirigido a la destrucción de la familia. Él buscaba la abolición del matrimonio, de la propiedad privada y los derechos de herencia, y procuraba impuestos a los ingresos. Hoy vemos cuán lejos ha avanzado el estado siguiendo este camino.

La influencia marxista sobre los derechos humanos

Nuestro gobierno fue constituido con el propósito de preservar los derechos humanos: el derecho a la vida, a la libertad y a tener propiedad. El fundamento para estos derechos fue religioso; el gobierno carecía de autoridad para abrogar lo que era dado por Dios.

Con la adopción de la Carta de Derechos y Libertades en 1982 el fundamento cambió del cristianismo a la filosofía marxista. La distribución de los derechos humanos llegó a ser prerrogativa del aparato judicial y la igualdad ante la ley fue reemplazada gradualmente por la preferencia legal para los grupos considerados “victimizados.”

Recuerde la fórmula marxista de la educación para re-formar los valores de la gente preparando así el camino para la legislación que hará valer esos valores. Los marxistas contemporáneos no hacen de esto un secreto; mis profesores de la universidad ensalzaban repetidamente la estratagema. Pero, aunque la transformación cultural marxista comienza con la auto-vigilancia, inevitablemente deviene en imposición de la fuerza del gobierno para hacer valer esa agenda, siendo vista la supresión de derechos como una conveniencia necesaria en la marcha hacia la sociedad igualitaria.

Las operaciones de las Comisiones de los Derechos Humanos en Canadá ilustran esto: más que agencias alternativas de resolución de disputas, estas tienen el propósito de intimidar a quienes no se conformen a las expectativas políticamente correctas de la Comisión.

Influencia a nivel global

Las ideas tienen consecuencias. Las ideas marxistas no son simplemente un platillo en el menú del aula universitaria de clases. En 1995, la Comisión de las Naciones Unidas sobre Gobernabilidad Global publicó un reporte titulado Nuestra vecindad global3 en el que se hace un llamado a la extensión de la gobernabilidad global por medio de:

  1. Alcance global: ejerciendo influencia a través de la UNESCO, la Organización Mundial de Comercio, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, ONGs, organizaciones de la sociedad civil y una fuerza militar fuerte de 110,000 efectivos (‘fuerzas de paz’).
  2. Corte global: para la interposición de procesos judiciales a un nivel supranacional, violando a menudo debidos procesos existentes y derechos de procedimiento.
  3. Control económico mundial: usando al Fondo Monetario Internacional como una reserva federal global con una moneda global que desplace a todas las demás.
  4. Impuestos globales: con el propósito de redistribución de la riqueza.
  5. Desarrollo global sostenible: toma de la propiedad privada, los suministros de agua y controlar los niveles de población.
  6. Regulación global de armas: no para eliminar armas sino para lograr la dominación del mundo.
  7. Control de la internet: con fines de impuestos y censura.

La Organización de las Naciones Unidas no es una organización defensora de los derechos humanos sino una que está a favor de la hegemonía política.

Guardadores del pacto vs. violadores del pacto

Aunque adopta del cristianismo la terminología de la dignidad humana y los derechos, la perorata marxista es antitética a la cosmovisión cristiana.

El orden de Dios para la sociedad conduce a la prosperidad humana. Un orden social justo comienza con el auto-gobierno de los creyentes como individuos por el poder del Espíritu Santo, escogiendo vivir en concordancia con la ley de Dios; el orden social no progresa por vía del estado totalitario.

No vayamos por el camino de Babel, buscando edificar una utopía humanista mundial, sino sometámonos al Señorío de Jesucristo (Mateo 6:33) en nuestras propias vidas, familias y comunidades llamando a otros también a la obediencia.

Para un tratamiento más detallado de este tema, favor referirse a la revista Jubilee del otoño de 2013.

1 Marx K., Engels, F., Moore, S., & McLellan, D. (1992). El Manifiesto Comunista. Oxford: Oxford University Press.

2 Rushdoony, R. J. (1984). Ley y Libertad. Vallecito, CA: Ross House.

3 Comisión sobre Gobernabilidad Global, Nuestra vecindad GLOBAL, (1995). Oxford University Press.

Reproducido y traducido de: http://www.ezrainstitute.ca/resource-library/articles/cultural-marxism-amp-the-geo-political-order

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