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Educación sexual en Costa Rica

Por Guillermo Green

Según la Nación esta semana (12/2/2017), la educación sexual del MEP es un “fracaso en las aulas”.  ¡Cosa interesante esta admisión de fracaso de parte de la burocracia más grande y mejor financiada del país!  ¿La casta de los sacerdotes reverenciados están fracasando?  Verdaderamente llama la atención, y leímos con mucho interés las propuestas para dar reversa a tan lamentable situación.

¿La propuesta?  Ni más ni menos que “mas de los mismo” – excepto a más temprana edad.  Sí, el ‘fracaso’ se resuelve tomando control de las mentes más tiernas a edades más tiernas.  En lugar de dar educación sexual en colegio, proponen empezar en la escuela.  Eso va a resolver el dilema.

Pero, ¿cuáles son las muestras del tal ‘fracaso’?  Las dos grandes pruebas del fracaso del programa son:  1)  “El 75% de los jóvenes entrevistados creían que el coitos interruptus era efectivo para prevenir el embarazo”.  Pero, pero, un momento.  Al interrumpir el acto sexual antes de la fecundación siempre es efectivo – a menos que el MEP esté promocionando la idea de que existe nacimientos viriginales.  Cosa que lo dudo. “¡Ah!” ud. dice.  La frase está mal redactada.  Quieren decir que los chicos realmente no interrumpen el acto de coito, y por eso no es efectivo.  ¿Entonces, cuál es el punto?  ¿Deben o no deben tener relaciones?  Todo el programa parece proponer tener relaciones – pero sin embarazos.  Y es que estos evolucionistas inconsistentes nunca logran ver la luz.  Enseñan que el mono no usa condones, la mona pare hijos, y ¿cuál es el problema?  Cuando el homo erectus evolucionó en homo sapiens, ¿por qué cambian las reglas?  Es más, los evolucionistas ateos dan golpes vanos contra la misma naturaleza.  Las niñas ahora son fértiles más jóvenes que antes.  ¡La Naturaleza misma está pidiendo hijos!  ¿Quiénes son estos arrogantes para pelear contra la ley de la Evolución, que hoy dota a los jóvenes con tanta virilidad?

El lector perdonará el sarcasmo, pero el fracaso filosófico moderno es intolerable y ninguna persona inteligente debe hacerle caso a estos ciegos guías de los ciegos.  Los arrogantes “arquitectos” de la sociedad no tienen ningún fundamento para poder definir el propósito del sexo, la función correcta de la sexualidad, el propósito de la familia, el propósito de la niñez y la adolescencia, ni siquiera la identidad del ser humano.  Los disparates contínuos que salen del MEP y de la UCR sobre la sexualidad, la familia, el feminismo y el machismo, la “diversidad”, etc. deben ser suficiente prueba para que todos sean despedidos sin goce de sueldo por incompetentes.

Sigamos con la segunda “prueba” del fracaso del currículum sexual del MEP:  “… el 67% no sabía cómo evitar enfermedades de transmisión sexual”.  ¿Y los sabios del MEP sí lo saben?  ¡Todo el poderío de los países del mundo, organizados en la ONU, promoviendo el “sexo seguro” a través de su brazo pervertido porno-aborto-homosexualista (UNESCO) no lo han logrado.  ¡Y esperan que guilas de colegio sepan resolver lo que nadie ha logrado hacer!  Bueno, hay UNO que sí nos dijo el secreto seguro contra todas las enfermedades venéras, pero al MEP realmente no tiene interés en la salud de los jóvenes: ni salud mental ni física.  Dios dijo “No cometerás adulterio;  no fornicarás”.  Solución perfecta y 100% efectiva.

Es hora de desenmascarar este enfermizo impulso hacia el sexo inseguro.  Según las tablas del mismo artículo, uno de los “logros” entre 2010 y 2015 es que ha bajado la edad de tener relaciones sexuales.  Los educadores conscientes del MEP lamentan que algunos padres se opongan a su agenda de aceptación de la agenda homosexual (“diversidad”), y otros aspectos del currículum, pero no les importa para nada lo que estos padres “retrógrados” piensen.  El tono del artículo manifiesta claramente que el MEP (el Estado) considera que los niños son propiedad del Estado, del MEP, y que todos deben someterse a lo que ellos consideran lo más correcto.

¡Guías suicidas de sus hijos!  Padres, por favor despiértense.  Si amas a su hijo, si quiere lo mejor para él, si quiere que crezca de manera sana mental y físicamente, opóngase al MEP con todas sus fuerzas, y hágale caso al Creador de su hijo – Dios.

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Interpretaciones modernistas: Los 500 años de la Reforma y Martín Lutero (Introducción y Parte I)

 

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Análisis y respuesta al libro de Martin Hoffmann: La Locura de la Cruz, la Teología de Martín Lutero, 2014, DEI, San José, Costa Rica

San José, Costa Rica

Guillermo Green, M.Div; Th.M

 

La Reforma Protestante del siglo 16 será para siempre un hito en el desarrollo de la civilización occidental. Se ha estudiado y analizado desde todas las perspectivas posibles: religiosas, políticas, económicas, sociales, culturales, lingüísticas, los personajes – para mencionar algunas.

Con su libro sobre Martín Lutero, Hoffman agrega su aporte sobre el reformador más conocido, ofreciendo textos originales en español (algunos por primera vez en nuestro castellano), y un análisis y aplicación de los pensamientos de Lutero para Latinoamérica hoy. Comentando sobre su meta en el libro, Hoffmann afirma, “… las Iglesias luteranas de Latinoamérica no pueden prescindir de una imagen clara de la teología de Lutero en la búsqueda de su propia identidad en medio de la diversidad religiosa del continente” [15]. Hoffmann desea evitar el reduccionismo en su acercamiento a Lutero, y expresa su intención de “… guiar en la profundización del conocimiento de la teología de Lutero concentrándonos en diez temas principales…” [15].

Hoffmann considera que su estudio no solo es importante sino urgente, debido a que todas las teologías históricas provenientes de la Reforma están enfrentando la “crisis de la modernidad”, la cual está “a punto de destruir sus propios fundamentos con una racionalidad que se ha vuelto instrumental” [15].

Se le ofrece al lector tres posibles perspectivas para analizar a Lutero. Primero, Lutero puede ser entendido como el punto de partida de la Modernidad, y si es así, habría que criticarlo duramente como participante en haber causado nuestra crisis. O segundo, fue un teólogo sumido todavía en la Edad Media, crítico de todo lo que ofrece la Modernidad. En este caso, no tendría mucha relevancia. Una tercera opción, según Hoffmann, es que Lutero se ubica transversalmente entre la Edad Media y la Modernidad, y su teología puede ser entendida como una “crítica anticipada a la Modernidad” [16; Hoffmann cita Ulrich Kortner, Reformatorische Theologie im 21, p. 79-90].

El autor expresa particular aprecio por la interpretación que Hans Joachim Iwand hace de Lutero, llamándolo posiblemente el “más genial intérprete de Lutero en la Alemania del siglo XX” [16]. Desafortunadamente no he podido consultar esta fuente que Hoffmann cita con frecuencia en su libro. Hoffmann incluye a Walter Altmann como “inspiración” para su análisis de Lutero, especialmente en cuanto a la relación con el contexto de Latinoamérica.

La perspectiva central de Lutero, según Hoffmann, es el Cristo Crucificado. Esta es la perspectiva que “se revela cada vez más como central para Lutero, tanto en su experiencia personal como en sus estudios bíblicos” [17]. Según el autor, Lutero puso “de relieve la cruz como perspectiva directriz de cualquier teología” [17, énfasis del autor]. Así que, debemos entender que la óptica principal para comprender a Lutero, según Hoffmann, será lo que él llama “la perspectiva de la cruz”. Incluso, Hoffman afirma que esta perspectiva de la cruz nos permite profundizarnos más allá de la doctrina luterana de la justificación por la fe [18]. Nos permite comprender la verdadera esencia del pensamiento de Lutero. Esta “perspectiva de la cruz” será el marco que Hoffmann utiliza para analizar diferentes puntos doctrinales de Lutero.

El formato del libro es directo y claro. Hoffmann ofrece textos originales de Lutero, y luego presenta un análisis e interpretación. También incluye preguntas de reflexión para estudiantes, dando evidencia que el libro fue preparado en parte como texto. Podemos agradecer a Hoffmann y a los publicadores estos esfuerzos por plasmar en español algunos escritos de Lutero anteriormente desconocidos.

Lamentablemente ha habido algunas reseñas del libro un tanto superficiales. Supongo que los que leyeron el libro superficialmente leerá esta reseña de la misma manera. Pero para el lector consciente quien desea un buen análisis del texto, mi recomendación es una lectura concienzuda tanto de La Locura de la Cruz por Martin Hoffmann, como de esta humilde reseña.

Parte 1: Observaciones iniciales

Parece claro que Hoffmann escribe para su propio círculo de pensadores, porque son varios los conceptos que da por sentado, o no define bien. Daremos algunos ejemplos.

El término ‘capitalismo’

Desde el primer capítulo, Hoffman menciona el “capitalismo” y “libre mercado” siempre con una connotación negativa:

“Los ídolos del libre mercado…” [15].

“Lutero exige de los predicadores una crítica profética de la economía capitalista temprana, que pretende ser absoluta” [231]

“Aunque esas prácticas todavía no corresponden al capitalismo moderno, ya se pueden observar los principios centrales de este sistema: el afán de lucro, ver a los otros sujetos del mercado únicamente como competencia, ver al cliente como consumidor y como objeto de la oferta, y la tendencia a la formación de monopolios. Para Lutero, los motivos detrás de este accionar son la codicia y la avaricia” [233]

“Pasa de ser un problema ético a un problema dogmático. Lutero se opone a las presiones sistémicas del capitalismo sometiéndolo a la crítica del mandamiento divino” [234].

“… Esto significa ni más ni menos que (Lutero) considera a la congregación como sujeto social anticapitalista e independiente, que se opone a las presiones del sistema” [236].

Aunque nunca lo define, parece que el problema con el capitalismo para Hoffmann es que expresa la victoria de los ricos sobre los pobres en la lucha por el poder y la riqueza:

“Con la creación de los bancos al comienzo del capitalismo mercantilista, la lucha medieval por el predominio del poder papal sobre el imperial adquiere una nueva dimensión. El Papa, los obispos, el Emperador, los príncipes, los nobles y la recién surgida clase de los comerciantes y banqueros se disputan el dominio de distintos aspectos de la vida, las cuestiones sociales, económicas, políticas y eclesiástico-religiosas, y lo hacen siempre en desmedro de la clase social baja, política, económica y religiosamente dependiente” [24].

El lector del libro tiene que juntar las piezas que Hoffmann no dice claramente, y esta es la tendencia predominante en todo el libro. Parece que Hoffmann presupone que sus lectores ya están de acuerdo con él y lo comprenden bien. Pero con respecto al tema mencionado, surge un par de preguntas: Muchas estadísticas muestran que el debilitamiento de Estados totalitarios en favor del libre comercio ha disminuido significativamente la pobreza mundial. ¿Por qué Hoffmann ni siquiera ofrece un reconocimiento de estos datos? Y si todo tipo de capitalismo es malo, y si la lucha por el poder se manifiesta en el capitalismo, ¿cuál es la alternativa? Esta respuesta es parte de todo el punto del libro, y no encontramos una respuesta clara y sucinta más allá de condenar el cobro de intereses, y promover una banca comunitaria que regala dinero a los necesitados, y organizar la iglesia en algún tipo de comuna.

“Por último, Lutero desarrolla la idea de que la congregación cristiana en sí misma está destinada a existir como sujeto económico independiente. Para él, la congregación es aquella parte de la sociedad en la que se presta evangélica y gratuitamente y en la que se comercia con dinero o mercancías. Esto significa ni más ni menos que considera a la congregación como sujeto social anticapitalista e independiente, que se opone a las presiones del sistema” [236]

A pesar de que Hoffmann afirma contundentemente que Lutero desarrolló estas ideas, tendrá que admitir que han sido muy pocos los luteranos que han formado comunas socialistas “independientes” en la sociedad. Surge la inquietud: ¿estaremos frente a una labor de eiségesis de parte de Hoffmann en cuanto a Lutero? Regresaremos luego a algunos de estos puntos.

El término ‘instrumental’, ‘instrumentalización’

El uso de este concepto reluce una vez más que Hoffmann escribe para un círculo que tiene un enfoque propio. Uno de los encabezados dice:

“El sistema de indulgencias y la instrumentalización del sacramento de la penitencia” [30]

Otra vez,

“El grado de instrumentalización de este sacramento de la penitencia en manos de la Iglesia se ve también en su conexión con intereses económicos” [32].

Según Hoffmann, la Edad Moderna instrumentaliza la razón:

“Aquí podrá hallarse una de las raíces del desarrollo de una razón instrumental en la Edad Moderna, que somete al mundo y a la naturaleza” [46; no podemos evitar la pregunta de que si el hombre no usa su raciocinio como ‘instrumento’, ¿para qué lo debe usar?].

La teología de Lutero ha sido instrumentalizada [20].

Y ¡el mismo Dios es instrumentalizado!

“… En ambos casos, Dios es utilizado e instrumentalizado según los deseos y las intenciones humanas” [47].

Etimológicamente un “instrumento” es alguna herramienta con sentido neutral. Un martillo puede ser usado para construir una casa o quebrar la cabeza de una persona. Pero Hoffmann utiliza “instrumental” o “instrumentalizar” con un sentido diferente. Se coloca claramente dentro de una perspectiva de dialéctica histórica de lucha de poder de clases o grupos, en que las diferentes partes utilizan “herramientas” (sociales, económicas o religiosas) para oprimir a otros. Hoffmann constantemente se refiere a “sistemas”, porque su enfoque se acerca mucho al marxismo en que las diferentes clases crean sus propios “sistemas” para protegerse y defenderse. El problema con este acercamiento es doble: 1) Aunque Hoffmann habla del “pecado” como universal, los “instrumentos” de opresión parecen ser utilizados solo por los ricos y poderosos. ¿Las personas pobres no pecan? ¿Ellos nunca crean ningún tipo de ‘sistema’ opresiva? 2) Presentar lo “instrumental” de la manera que lo hace puede llevar a serias debilidades en la comprensión de Lutero. Y de hecho, esto es lo que sucede con la penitencia.

Hoffmann interpreta la oposición de Lutero a la penitencia dentro del esquema de lucha social – “instrumentalización del sacramento” (léase “usar el sacramento como garrote”). Considera que al rechazar la interpretación Católica de la penitencia, Lutero modela la victoria sobre un “instrumento” religioso usado para oprimir las masas. Sin negar los abusos de Roma (que hasta los Católicos lo admiten), nosotros percibimos que Hoffmann pierde la capacidad de reconocer plenamente el concepto de “penitencia” como lo enseña Lutero. Hoffmann interpreta la lucha de Lutero en términos horizontales: Lutero le quita a Roma el instrumento opresivo del sacramento de la penitencia, y lo pone en manos del pueblo. Pero se puede demostrar que esta interpretación no concuerda con la realidad del caso.

Brevemente, en los mismos documentos que Hoffmann transcribe, Lutero coloca el asunto de la penitencia y la fe en el contexto de términos verticales de la ira de Dios, la justicia de Dios, y la reconciliación con Dios. Algunas citas de los documentos que Hoffmann ofrece de los escritos de Lutero afirman:

“Y la ley obra la ira de Dios, mata, maldice, acusa, juzga y condena todo lo que no está en Cristo” [39; Disputación de Heidelberg, #23]

“Creo que Jesucristo … me ha redimido del pecado, del diablo, de la muerte y de toda desdicha. Porque antes yo no tenía ni señor, ni rey alguno, sino que estaba sujeto a la potestad del diablo, condenado a morir, retenido en los lazos del pecado y de la ceguedad… (estábamos) bajo la ira de Dios, privados de su gracia, condenados a la perdición eterna … hasta que el Hijo único de Dios se compadeció de nuestra calamidad y miseria … y descendió de los cielos para socorrernos” [42; del Catecismo Mayor Artículo segundo]

Lutero no ignora que el pecado arroja al hombre en “toda desdicha” (desórdenes de vida en el mundo). Pero la raíz del problema es que estamos bajo la condenación de Dios a causa del pecado, no la opresión de Roma. Lutero se opone al sacramento de la penitencia no primeramente porque era un “instrumento” de opresión por Roma, sino porque llevaba a los hombres ante hombres y no ante Dios para el perdón. Hoffmann infla un aspecto realmente secundario (el que Roma manejaba la penitencia) y pierde por completo la esencia del punto que Lutero hace.

Al adoptar una interpretación dialéctica de la historia, Hoffmann pierde vista de un elemento muy importante en la teología de Lutero. Regresaremos a estos puntos más adelante. El punto aquí es que el autor presupone una cierta lectura de la historia sin definir claramente sus términos. En este caso Hoffmann toma un término neutral, “instrumento”, y le da un sentido de lucha de clases. Nos hubiera gustado más transparencia desde el comienzo de la obra en cuanto a los términos y conceptos claves.

La ‘perspectiva de la cruz’

      Posiblemente la frase más problemática de todo el libro es también la que Hoffmann considera el centro de su tesis: “La perspectiva de la cruz”. Ya mencionamos arriba que el autor considera que más allá de los elementos específicos de la teología de Lutero, como por ejemplo la justificación por la fe, la “perspectiva de la cruz” explica la mística verdadera del pensamiento del reformador.

El problema es, ¿en qué consiste esta ‘perspectiva de la cruz’? Tememos que Hoffmann esté imponiendo sobre Lutero de manera ecléctica varias interpretaciones teológicas. Él menciona Iwand, Altmann, Schaull, H.M. Barth, y Moltmann entre otros. Y sería difícil armonizar la teología de Moltmann (por ejemplo) con la de Lutero de cualquier manera razonable. Pero trataremos de hacer el trabajo que Hoffmann no hace, el de dar algunas definiciones claras. Tendremos que juntar una que otra declaración para ver si encontramos claridad.

En primer lugar, “la perspectiva de la cruz” según Hoffmann no tiene nada que ver con “conservar sus fórmulas, (un peligro siempre presente en el luteranismo)” [17; paréntesis del autor]. Hoffmann aquí y en muchos lugares se distancia de toda posición confesional, la que él llama “rígida” [21]. El problema es que Hoffmann no nos dice cuáles Artículos de las Fórmulas luteranas no quiere conservar. ¿Ninguno? No puede ser así, porque en todo el libro Hoffmann cita los documentos doctrinales de Lutero (catecismos, confesiones, etc). Nos encontramos en su libro una forma ‘tendenciosa’ generalizada de presentar su material. Pero si el libro pretende ser un recurso académico, se esperaría una presentación más clara de su argumento. Cualquier lector adulto tiene derecho de saber de Hoffmann cuáles fórmulas no considera que deben ser conservadas, y cuáles artículos de fe son demasiado rígidos. La seriedad académica y la honestidad no tratan cosas serias de manera vaga y tendenciosa.

En segundo lugar, Hoffmann usa “la perspectiva de la cruz” de una manera extraña para cualquiera que haya leído la teología y los sermones de Martín Lutero. Leemos “Cuando Lutero publicó y fundamentó científicamente por primera vez su crítica al sistema de indulgencias … puso de relieve la cruz como perspectiva directriz de cualquier teología” [17; énfasis del autor]. Y a pesar de que Hoffmann luche varonilmente por crear una “perspectiva”, lo único que demuestran las citas que ofrece es que Lutero habla de la “cruz” como sinécdoque (esto ha sido la costumbre desde los apóstoles. Sinécdoque es representar el todo por una parte). “La cruz” durante toda la historia del cristianismo puede representar toda la persona y obra de Cristo, o partes de ello. En vano Hoffmann intenta convertir las frases de Lutero “teología de gloria” y “teología de cruz” en una perspectiva de luchas opuestas de grupos sociales.

Mientras Lutero contrasta obras humanas y amor al mundo (teología de gloria) con justificación por la fe y servicio a Cristo (teología de la cruz), Hoffmann lo interpreta como la identificación de ‘Cristo’ con los que sufren: “Con cruz y pasión Lutero se refiere en primer lugar a la pasión y a la cruz de Cristo, pero al mismo tiempo piensa en la cruz de los cristianos. Para él, la cruz de Cristo y la cruz de los cristianos están estrechamente relacionadas” [49; énfasis mío]. También “Es por esto que no puede existir un conocimiento directo de Dios” [48]. Otra vez, de manera tendenciosa, Hoffmann dirige al lector hacia la idea de que Cristo no se revela “directamente” al que tiene fe en él, sino “en” los que sufren (“indirectamente” en su lenguaje). Pero no ha demostrado que Lutero dice esto. Hay una fuerte sospecha de que Hoffmann está forzando un uso de sentido común del término “cruz” en una dirección más conforme a Moltmann que a Lutero. Los cristianos saben que una vez que Cristo los salva son puestos contrarios al “mundo”, lo cual podrá acarrear persecución e incluye sufrimiento. Pero Hoffmann muestra mucho atrevimiento en sus declaraciones, tomando en cuenta lo celoso que era Lutero para resguardar el carácter soberano, único y divino de la obra de Cristo. Mezclar “cruz y pasión de Cristo” con los sufrimientos de los cristianos como perspectiva vital de Lutero (título del capítulo) necesita una prueba mucho más clara de lo que Hoffmann ofrece.

En tercer lugar, la “perspectiva de la cruz” extrañamente se desaparece del argumento del libro después de los primeros capítulos. En los capítulos sobre la ética religiosa, política y económica, Hoffmann sencillamente ofrece citas de Lutero con su interpretación y aplicación directamente al contexto moderno. Ya no encontramos análisis desde la “perspectiva de la cruz”. Esto es notable, ya que Hoffmann mismo afirma que es precisamente esta perspectiva (“de la cruz”) que es el substrato, el fondo esencial, de toda la teología de Lutero:

“La Teología de la Cruz no marca un período específico de la teología de Lutero, como muchas veces se ha sostenido, sino que representa el fundamento mismo de toda su teología y caracteriza todo su pensamiento teológico. Esta teología es un principio epistemológico teológico especial que tiene su correspondencia en la Teología de la Cruz del Apóstol Pablo” [44].

A pesar de estas afirmaciones, no hay ningún análisis “desde la perspectiva de la Cruz” en el capítulo VIII (por cierto, uno de los capítulos mas informativos y útiles para entender los conceptos políticos de Lutero, que Hoffmann mismo admite no forman un sistema coherente [214]). Pareciera que cuando Hoffman se dedica a explicar a Lutero en términos ‘normales’ sin imponer categorías ajenas, provee análisis puntual y útil.

En el capítulo IX sobre la ética económica de Lutero, no solo no encontramos un análisis “desde la perspectiva de la Cruz”, sino Hoffmann introduce otro “sistema conceptual” – Mammón. “Vale decir, que el Mammón que actúa en la usura se califica como sistema conceptual” [234; énfasis mío]. “El capitalismo … somete a todos a la presión de su sistema” [235; énfasis mío]. Realmente este “sistema conceptual” juega un papel igual o más fuerte para Hoffmann que la misma “perspectiva de la Cruz”, y debe haber sido incluido en la Introducción como marco interpretativo.

En resumen, encontramos muchas categorías y declaraciones en el análisis de Hoffmann que son ofrecidas sin suficiente definición, especialmente dado lo problemático que son. El “sabor” que da el libro es que Hoffmann escribe para un grupo reducido de personas que ya manejan sus mismas categorías y perspectivas. Esto le resta profundidad a su análisis, porque Hoffmann contradice no solo las “fórmulas” de Lutero, sino unos cuatrocientos años de interpretación luterana. Si se busca corregir estas cosas, esperaríamos un mejor tratamiento.

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Liberales modernistas y tácticas caducas

por Guillermo Green

Mi educación teológica en parte tomó lugar en medio de liberales teológicos, o modernistas.  Hoy aquella denominación no exige que se crea en un Adán histórico, ni en un diluvio histórico, ni una caída literal en el pecado, ni en la inerrrancia de las Escrituras.  Inclusive algunos cuestionan la existencia del infierno, y la misma naturaleza de la muerte expiatoria de Jesucristo.  Pero no siempre fue así.  Cuando yo era un estudiante joven no había llegado a estas posiciones todavía.  El camino al modernismo abierto fue medio-paulatino.  Pero los que lo impulsaban usaron las mismísimas tácticas que se siguen usando en todo el mundo y en toda época.

“La falacia de los ignorantes” – Los modernistas liberales casi siempre intentan etiquetar a los que creen la Biblia como “ignorantes” o “superficiales”.  Recuerdo que una de las tácticas usadas en mi vieja denominación en favor de ordenar mujeres era realizar una “encuesta” que probó que los que se oponían a la ordenación de mujeres eran los que tenían menos educación universitaria y los que eran viejos.  ¿Su punto?  Sólo los seniles y analfabetos no lo aceptan.  Y nada cambia.  Constantemente escucho de “argumentos” de personas liberales que no son argumentos en ningún sentido de la palabra.  El liberal se limita a decir “esa es una posición superficial”, como si con sólo pronunciarla “superficial” se convierte en realidad.  Por lo general, cuando se logra abrir un diálogo real con una persona liberal, sus argumentos sí son superficiales, dogmáticos sin sustancia ni fundamento, y mucho menos apoyados por ningún teológo serio.

“Los Reformadores también se equivocaron” – Este argumento es utilizado de forma “tendenciosa”, que es una de las tácticas favoritas de los liberales.  Por lo general se introduce esta frase de que “los Reformadores se equivocaron” sin más explicación.  El modernista rehuye a las definiciones claras, porque es un parásito que depende del resto de la iglesia, y no puede revelarse claramente por lo que es.  Pero a menudo “se le sale” la verdad de lo que piensa, y por supuesto está en desacuerdo con mucho de lo que enseñaron los Reformadores.  El problema con muchos de los líderes hoy en día es que permite que el liberal diga estas cosas y no los detiene para pedir claridad en cuanto a su posición.  Ningún teólogo ni académico debería tener la libertad de hacer declaraciones generalizadas sin definirse.  Esto no se conforma a la ética académica ni la honestidad cristiana.  Por supuesto los Reformadores se equivocaron.  Nadie nunca ha dicho que fueron infalibles.  Pero si alguien introduce el tema de sus errores, la honestidad y la integridad demandan que se explique.  Querido hermano, si te preocupa la integridad y la verdad, no siga permitiendo que se digan generalidades críticas o negativas sin que se defina.

“Son fundamentalistas” – El liberal se pone paranoico cuando tan sólo piensa en los que realmente honran a Cristo y su Palabra.  Creo que si pudiéramos monitorear su pulso y presión de sangre cuando piensa en ellos, un doctor le recetaría medicamentos para la calma.  El liberal mira a las personas confesionales casi como terroristas de ISIS.  De nuevo, muchos cristianos permiten que los liberales lancen epítetos como “¡fundamentalista!” y “¡dogmático!”  sin pedir explicaciones.  En primer lugar, si el liberal no tiene ningún ‘fundamento’, es un relativista que debe guardarse sus opiniones.  En segundo lugar, todo cristiano debe ser un “fundamentalista”, porque Pablo dice que la Iglesia está edificada sobre UN FUNDAMENTO – el testimonio de los apóstoles y de Jesucristo (Efesios 2:20).  Si el liberal no quiere ser fundamentalista, no es cristiano.  O quiere decir otra cosa con el término.  Y esa “otra cosa” es que el liberal nunca explica, porque en realidad él es enemigo de la fe que descansa sobre el fundamento del testimonio bíblico.

“Soy profesional” – a veces el teológo liberal no lo dice en tantos términos, pero en muchas ocasiones intenta impresionar citando frasesitas en latín o griego, o intentando demostrar su “superioridad” intelectual o académico para que nadie le cuestione.  El error de muchos hermanos es dejarse impresionar.  El que conoce bien a su biblia está más que preparado para refutar toda altivez.  Conozco una mujer que nunca terminó la universidad, pero leía su biblia de tapa a tapa cada año durante décadas de su vida.  También leía libros de teología.  Cuando encontraba que algún profesor escribía cosas falsas de la biblia o de autores teológicos, ella los confrontaba con la verdad.  No podían refutarla porque esa viejita conocía la espada del Espíritu mucho mejor que ellos.  Y se había preocupado por informarse sobre los temas candentes.

[Suspiro grande]  Nada cambia.  La poca creatividad de los liberales ya debe ser bien conocida en toda la iglesia.  Pero cuando las ovejas se distraen y se duermen, los lobos se aprovechan.  ¡Despertémonos!  Querido hermano que ama al Señor y a su Iglesia, reconozca al liberal, confróntelo con su incredulidad, y no permita que influya en la congregación de los santos.

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La corrupción y la Iglesia

por Guillermo Green

Hace unos días el teólogo y filósofo Vishal Mangalwadi visitó a Costa Rica, e impartió varias conferencias, tanto a pastores como a grupos públicos.  A los cristianos advirtió que un falso Evangelio individualista, de sólo “salvar almas”, ha creado  falsas iglesias, que en nada están contribuyendo a un Evangelio sano, ni transformando sus sociedades.

La Reforma Protestante del siglo 16 se fundamentó sobre la lectura seria y completa de la Palabra de Dios.  En la biblia, los Reformadores encontraron a un Señor soberano que recrea a su pueblo con su Espíritu poderoso, para honrar su Nombre en todas sus actividades; no sólo en el culto los domingos.  También estaban convencidos por la Palabra que la aplicación de la Ley de Dios traería profundas bendiciones a su nación y a las generaciones venideras.  Es por eso que vemos en la historia cómo la Reforma tuvo un impacto explosivo sobre:  la Iglesia, la familia, la economía, la literatura, la política, las artes, y la libertad en todas las esferas.

¿Por qué Latinomaérica no está experimentando este tipo de reforma en nuestras sociedades?  ¿Por qué nuestras sociedades se hacen más y más corruptas y violentas?  Un estudio que leí hace poco afirma que la cantidad de dinero extraído de los países Latinoamericanos y guardado en bancos afuera sería suficiente para levantarlos a un nivel superior del mundo.  Las cifras de dinero robado entre 2003 y 20012 (¡de lo que se sepa!) que ha SALIDO de los países son las siguientes:

México – 514 mil millones de dólares US

Brasil –  217 mil millones de dólares US

Costa Rica – 94  mil millones de dólares US

Aruba –  82  mil millones de dólares US

Panamá – 48  mil millones de dólares US

Chile – 45  mil millones de dólares US

Etc, etc.  El Salvador tiene la menor cantidad, con ‘sólo’  7.9 mil millones $ US

Cita:   http://www.theglobalist.com/latin-americas-corruption-crisis/

Es imposible imaginarnos lo que nuestros países serían sin tal magnitud de robo.  Es obvio que esta saqueada está empobreciendo a todas nuestras naciones.  La pregunta para nosotros es:  ¿Dónde están los cristianos?  En muchos de los países la población de evangélicos supuestamente supera 20 – 25%.   La otra mayoría es Católica.  Ya sabemos que no podemos contar con la religión Católica para liberar a ninguna sociedad.  Roma ha mantenido a sus sociedades en abyecta pobreza porque no permite que la biblia libere a individuos ni a sociedades.  Su religión jerárquica es estructuralmente opresiva, sujetando a los hombres a otros hombres, en lugar de liberarlos para servir a Dios libremente.

Pero ¿qué pasa con las iglesias Protestantes?   No vemos el impulso de reformar la vida, la religión y la sociedad entera que se dio en el siglo 16.  No vemos el afán por la justicia, la libertad, la equidad.  Creo que podemos señalar los siguientes factores:

1) El Dispensacionalismo – esta corriente de teología (recordemos Hal Lindsay y su libro “El último gran planeta Tierra”;  recordemos el papel que jugó las notas de ciencia de ficción de la Biblia Scofield) se apoderó de gran parte del sector evangélico.  Durante muchos años en Costa Rica había un programa radial llamado “¡Escapa por tu vida!” pregonando el rapto inminente.  La iglesia debía preocuparse por una sola cosa – “salvar” tantas almas podía (consiguiendo una oración verbal de aceptación) y tratar de no estar practicando algún vicio (bailar, fumar, beber, fornicar) cuando sucediera el rapto.  El Dispensacionalismo produjo todo lo contrario de un concepto participativo en la sociedad, y creó iglesias extremadamente escapistas.  Después de centenares de predicciones fallidas de sus “profetas”, estas iglesias no han sabido recapacitarse, y simplemente se han vuelto clubes evangélicas insignificantes.  Ni salvan almas ni se fueron en el rapto.

2) El movimiento de “Guerra Espiritual” promovido por C. Peter Wagner y muchos de los falsos “apóstoles y profetas” sustituye el poder del Evangelio por la magia pagana.  Creyendo poder romper el poder del diablo con reprender y declarar victoria, no enseñaron los principios de la Ley de Dios, ni motivaron a sus iglesias a estudiar la biblia.  La ignorancia bíblica en sus congregaciones sigue siendo igual de lo que era en la iglesia de Roma en el tiempo de Martín Lutero.  Como muchas de las iglesias pentecostales y neo-pentecostales absorbieron estos elementos, no han sido un factor formativo en la sociedad a pesar de ser una mayoría entre las iglesias evangélicas.  Cuando de repente se les ocurre “meterse en la política”, toma la forma de marchas alocadas u otro alboroto sin fruto.  Más bien han dejado mal testimonio.

3) La falsa teología de la “prosperidad”, difundida de forma suprema por el canal televisivo “Enlace”, convierte el Evangelio en “prosperidad personal”.  Esta teología es el extremo opuesto del Evangelio bíblico que bendice naciones enteras. Convierte la codicia y el egoísmo en “fe”, a Cristo en un mago, y al pastor en gurú.  Pocas corrientes religiosas han sido tan nocivas en la historia.  Ultimamente los de “guerra espiritual” se han unido a los de la “prosperidad”, afirmando que es la voluntad de Dios “trasladar las riquezas del mundo a la iglesia” para que los cristianos reinen.  ¡Da miedo pensar que algunas de estas personas gobernaran!  ¿Se puede imaginar a Cash Luna gobernador de su país?

4) El amor a la ignorancia está impidiendo que la Iglesia Protestante se levante, y más bien la está estrangulando.  Los norteamericanas tienen un decir “Ignorance is bliss” (La ignorancia es sublime felicidad).  El que no sabe nada no se preocupa, ni se aflige, ni se esfuerza.  Este mal ha sobrecogido a muchas iglesias.  Sus líderes, y por ende sus congregaciones, no quieren saber casi nada para no sufrir ninguna incomodidad.  En mis viajes a diferentes países en Latinoamérica, me entristece sobremanera ver y escuchar el paupérrimo interés y conocimiento ¡por todo! de parte de muchos líderes.   Por todos lados el paganismo moderno avanza:  por medio del ambientalismo ateo;  el movimiento LGBT toma más terreno en la política;  la educación cede al paganismo;  los políticos legislan leyes anti-bíblicas;  la corrupción, la violencia, y la ruptura familiar asedia la sociedad.  Además de estos factores sociales, las falsas corrientes teológicas atacan a la verdad bíblica:  el liberalismo modernista; las teologías mencionadas arriba, etc.   Sin embargo, ¿cuántos líderes se sientan cómodos en sus parroquias en la ‘sublime felicidad’ del desconocimiento general?

5) El mundo en la iglesia.  Con esto no me refiero a ciertas prácticas de conducta que muchas veces se tildan de “mundanas”, aunque estas cosas con certeza se dan.  Me refiero más bien a la falta de una mente crítica que simplemente absorbe lo que el “mundo” nos dice.  Con esta mentalidad no-crítica, millares de cristianos se tragaron un abientalismo no sólo falso, sino netamente pagano:  los “derechos” de la madre tierra Gaia.  La falta de una mentalidad crítica y bíblica ha contribuido a que muchos cristianos sean arrastrados por corrientes políticas de su alrededor, repitiendo como loras alguna frasecita bíblica que justifica, según ellos, una agenda distante a la visión bíblica para el Estado.  Este espíritu no-crítico ha permitido a padres cristianos seguir enviando a sus hijos a escuelas públicas tomadas por completo por la pseudo ciencia (la evolución), la pseudo economía (el neo-marxismo), el pseudo nacionalismo (valores fundamentos sobre nada), y sobre todo la pseudo educación (sea el constructivismo, lacanismo-freudianismo, conductismo u otro).  Mientras hay más mundo dentro de la Iglesia que Evangelio, la Reforma no puede llegar.

Pastor tras pastor manifiesta un frío desinterés en las cosas importantes que atañen la vida presente y futura de su grey, y aún podría señalar de “fanático” a algún miembro de su iglesia que pide que se le preste atención.  El nivel de lectura entre los líderes debe ser mucho mayor.  El empeño vertido en sus sermones debe reforzarse mucho.   El análisis cultural y la aplicación del Evangelio debe ocupar su atención.

El próximo año muchas iglesias celebrarán los 500 años de la Reforma Protestante.  En Latinoamérica aún no hemos tenido una Reforma.  ¡Pidamos a Dios su misericordia!

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¿Es Yavé una deidad transgénero?

Por Dr. Peter Jones

Los que producen periódicos harán lo necesario para venderlos, aún cuando esto implica afirmar que el Dios de la biblia es “transgénero”, como los dioses paganos antiguos. Tal es la teoría promovido en un artículo por el New York Times, escrito por el rabino Mark Sameth: “Is God Transgender” (¿Es Dios transgénero?), 12 de agosto, 2016.

Sameth reclama que la biblia hebrea, “cuando se lee en el idioma original, ofrece un concepto muy fluído de género … En Génesis 3:12, se le refiere a Eva como ‘él’. En Génesis 9:21, después del diluvio, Noé entra en la tienda ‘de ella’ (la de él). Génesis 1:27 se refiere a Adán como ‘ellos’”.

Estas anomalías textuales menores son facilmente explicadas por expertos en el hebreo como Robert Gagnon y Michael Brown. Además, muchos idiomas no emplean el modo de género en un sentido sexual. En francés, por ejemplo, son “femininos” un carro y una botella, pero nadie acusa a los franceses de “fluidez de género”; es una cultura conocida por la expresión “vive la différence”.

La tesis de Sameth progresa de manera más y más especulativa cuando trata el nombre de Dios. Emplea un argumento profundamente imaginario, especulando que el nombre YHWH (Yavé) puede ser leído al revés como “Él / Ella”. Gagnon advierte que los eruditos bíblicos por lo general están de acuerdo que YHWH es derivado del verbo “ser” en la tercera persona singular: “él es” o “él será”. Michael Brown, erudito en hebreo, argumenta que “no existe ni una sola evidencia para esto” (la idea de Sameth). Brown añade: “… de las más de 6,000 veces que ocurre el nombre YHWH, nunca se encuentra con un adjetivo feminino, ni ninguna forma verbal feminina”.

De acuerdo con Gagnon, no existe “ninguna evidencia histórica que apoya esta interpretación de Sameth. Lo único que existe es su propia ideología sobre el sexo”. Esta “ideología sexual” de Sameth es precisamente su esfuerzo por justificar las acciones de su primo, uno de los primeros en EEUU de tener una cirugía para el cambio de sexo.

Pero los argumentos de Sameth son más que sentimental; son teológicos también. Por un lado, lamenta “cuando argumentos religiosos son usados para defender prejuicios sociales”. Pero Sameth no rehuye de usar a su primo como ejemplo “social” para justificar sus propios argumentos sociales. Sameth declara que en el mundo antiguo, fluidez de género, bien expresada, era la marca de una persona civilizada. Estas personas eran consideradas como “los dioses”. En la Mesopotamia y el Egipto antiguos consideraban que los dioses daban evidencia de fluidez de género, y los humanos reflejaban a los dioses.

Las especulaciones de Sameth continuan. Afirma que “los israelitas tomaron las ideas sobre transgénero de las culturas alrededor, y las mezclaron con sus propias escrituras sagradas”. Y aquí Sameth defiende su propio compromiso con el movimiento politeísta “interfé”, junto con la teología del “dios dentro de nosotros” en lugar de afirmar sus propias Escrituras, el Antiguo Testamento, que están llenas de advertencias de imitar las prácticas sexuales de las naciones. Levítico 18:22 declara: “No te echarás con varón como con mujer; es abominación”. En Deuteronomio 22:5 Dios manda: “No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace”. Estas son las abominaciones que llevarán al castigo de Dios, según Levítico: “ En ninguna de estas cosas os amancillaréis; pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros … no sea que la tierra os vomite por haberla contaminado, como vomitó a la nación que la habitó antes de vosotros” (ver Levítico 18:23-28).

La teología del rabino Sameth claramente apoya “estas cosas”. En su sinagoga dirige meditación judía, y está abierto a otras enseñanzas espirituales: “judíos, no-judíos, budistas, no-budistas, judistas, no-judistas (mezcla de ‘judíos’ con ‘budista’)”. Su apertura a varios géneros refleja su apertura a varias religiones. La polisexualidad es el reflejo del politeísmo.

¿Quién su hubiera imaginado que esta idolatría antigua caracterizaría una gente civilizada del siglo 21 en el occidente moderno? Como afirma correctamente Michael Brown, “El esfuerzo [por Sameth] por utilizar las Escrituras hebreas para apoyar el activismo transgénero es totalmente desviado, fatalmente defectuoso, y no digno de consideración seria”.

En ningún lugar la biblia presenta a Dios como un ser sexual. La sexualidad es una característica humana, diseñada por Dios para la procreación, y también como reflejo “encarnada” de las distinciones tejidas en el orden creado (tierra / mar; humano / animal; luz / tinieblas; varón / hembra, etc). Así como Dios es Creador trascendente, distinto a su creación, también su creación refleja distinciones, evidenciadas de forma máxima en la distinción entre varón y mujer.

Otra vez estamos confrontados con sólo dos opciones: adorar a la creación, o adorar al Creador, el cual es bendito por los siglos. La primera es la Mentira Unista, la segunda es la Verdad Dos-ista (Romanos 1:25). Dudo que se pudiera vender muchos periódicos con ese título del apóstol Pablo. Pero al final de la historia la verdad que representa “varón y mujer” encontrará su cumplimiento cuando la novia de Cristo se deleita en el amor inagotable de su esposo celestial. Vive la différence!

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El Marxismo Cultural y el Orden Geo-Político

Por Jennifer Forbes

2 de septiembre de 2013.

La ideología marxista ha influenciado nuestra cultura contemporánea, aunque ha pasado inadvertida para la mayoría. Aunque adopta del cristianismo la terminología de la dignidad humana y los derechos, es antitética a la cosmovisión bíblica y destructiva del orden social justo de Dios.

La prevaleciente sabiduría de hoy sostiene que el marxismo es una ideología fallida, siendo su irrelevancia confirmada por el colapso de la Unión Soviética y la caída del Muro de Berlín. También se cree ampliamente que el marxismo no puede subsistir en una democracia. Pero, de hecho, la ideología marxista está moldeando la cultura contemporánea por todo el mundo. Este artículo examinará esta afirmación.

El Marxismo Clásico

El marxismo clásico trataba con la economía y el poder político, enfocándose en la explotación de la clase obrera, el proletariado, por parte de los propietarios de los medios de producción, la burguesía.1 Marx agitaba al proletariado a que derrocara a la burguesía e implementara una sociedad “sin clases.” Esta exposición convencional de la ortodoxia marxista es responsable de la noción de que el marxismo está muerto en el Occidente democrático.

El Cambio Cultural es Fundamental para el Cambio Político

Las ideologías evolucionan y divergen, y así es como existen diferentes especies de marxismo. Una de esas especies, la de Antonio Gramsci y la escuela de Frankfurt, ha ejercido amplia influencia en nuestra cultura y geopolítica. Mientras que Karl Marx y Vladimir Lenin plantearon que el poder político era un prerrequisito hacia la búsqueda de la reorientación cultural, Gramsci invirtió esto, argumentando que la “hegemonía cultural” precipitaba la conquista del poder: un quórum de ciudadanos tenía que estar convencido de que tus metas eran justas y buenas, y entonces, con su consentimiento asegurado, se podía esgrimir la ley para la reestructuración de la sociedad.2

Estos marxistas tardíos tomaron el concepto de la lucha de clases de Marx y lo aplicaron a otras relaciones binarias tales como la raza, el género y la religión. Los hombres eran la clase opresora y las mujeres, las víctimas; opresores caucásicos, víctimas no-blancas; opresores ricos, víctimas pobres. Que estos antagonismos suenen familiares a los oídos occidentales es un testamento al atrincheramiento cultural del marxismo, y aunque puedan parecernos plausibles debido a los muchos ejemplos de relaciones opresor/víctima – abusos de mujeres por parte de los hombres y el comercio de esclavos, por ejemplo – no describen con exactitud las relaciones sociales en general. El marxismo cultural promueve el mismo faccionalismo que supuestamente busca erradicar con la esperanza de socavar el actual orden social y encender la revolución.

El esplendor de marxistas como Gramsci y la escuela de Frankfurt radica en que entendieron la necesidad de cambiar primero la cultura para alcanzar sus fines. Hoy esto se está llevando a cabo a través de la educación y los medios masivos de comunicación.

Vemos la retórica de la “igualdad” por todas partes. Una ideología de la “igualdad para todos” que tiene un dejo de justicia, pero su adopción conduce inevitablemente a la tiranía en donde la “igualdad” es otorgada de manera selectiva por parte de una élite cultural.

En el orden social judeo-cristiano la familia y la propiedad privada forman el fundamento para la libertad. Por consiguiente, la meta a menudo velada de los marxistas culturales es destruir la familia nuclear, la propiedad privada, y en última instancia, al cristianismo. Para Marx, reemplazar al cristianismo con escuelas controladas por el estado era un elemento precursor dirigido a la destrucción de la familia. Él buscaba la abolición del matrimonio, de la propiedad privada y los derechos de herencia, y procuraba impuestos a los ingresos. Hoy vemos cuán lejos ha avanzado el estado siguiendo este camino.

La influencia marxista sobre los derechos humanos

Nuestro gobierno fue constituido con el propósito de preservar los derechos humanos: el derecho a la vida, a la libertad y a tener propiedad. El fundamento para estos derechos fue religioso; el gobierno carecía de autoridad para abrogar lo que era dado por Dios.

Con la adopción de la Carta de Derechos y Libertades en 1982 el fundamento cambió del cristianismo a la filosofía marxista. La distribución de los derechos humanos llegó a ser prerrogativa del aparato judicial y la igualdad ante la ley fue reemplazada gradualmente por la preferencia legal para los grupos considerados “victimizados.”

Recuerde la fórmula marxista de la educación para re-formar los valores de la gente preparando así el camino para la legislación que hará valer esos valores. Los marxistas contemporáneos no hacen de esto un secreto; mis profesores de la universidad ensalzaban repetidamente la estratagema. Pero, aunque la transformación cultural marxista comienza con la auto-vigilancia, inevitablemente deviene en imposición de la fuerza del gobierno para hacer valer esa agenda, siendo vista la supresión de derechos como una conveniencia necesaria en la marcha hacia la sociedad igualitaria.

Las operaciones de las Comisiones de los Derechos Humanos en Canadá ilustran esto: más que agencias alternativas de resolución de disputas, estas tienen el propósito de intimidar a quienes no se conformen a las expectativas políticamente correctas de la Comisión.

Influencia a nivel global

Las ideas tienen consecuencias. Las ideas marxistas no son simplemente un platillo en el menú del aula universitaria de clases. En 1995, la Comisión de las Naciones Unidas sobre Gobernabilidad Global publicó un reporte titulado Nuestra vecindad global3 en el que se hace un llamado a la extensión de la gobernabilidad global por medio de:

  1. Alcance global: ejerciendo influencia a través de la UNESCO, la Organización Mundial de Comercio, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, ONGs, organizaciones de la sociedad civil y una fuerza militar fuerte de 110,000 efectivos (‘fuerzas de paz’).
  2. Corte global: para la interposición de procesos judiciales a un nivel supranacional, violando a menudo debidos procesos existentes y derechos de procedimiento.
  3. Control económico mundial: usando al Fondo Monetario Internacional como una reserva federal global con una moneda global que desplace a todas las demás.
  4. Impuestos globales: con el propósito de redistribución de la riqueza.
  5. Desarrollo global sostenible: toma de la propiedad privada, los suministros de agua y controlar los niveles de población.
  6. Regulación global de armas: no para eliminar armas sino para lograr la dominación del mundo.
  7. Control de la internet: con fines de impuestos y censura.

La Organización de las Naciones Unidas no es una organización defensora de los derechos humanos sino una que está a favor de la hegemonía política.

Guardadores del pacto vs. violadores del pacto

Aunque adopta del cristianismo la terminología de la dignidad humana y los derechos, la perorata marxista es antitética a la cosmovisión cristiana.

El orden de Dios para la sociedad conduce a la prosperidad humana. Un orden social justo comienza con el auto-gobierno de los creyentes como individuos por el poder del Espíritu Santo, escogiendo vivir en concordancia con la ley de Dios; el orden social no progresa por vía del estado totalitario.

No vayamos por el camino de Babel, buscando edificar una utopía humanista mundial, sino sometámonos al Señorío de Jesucristo (Mateo 6:33) en nuestras propias vidas, familias y comunidades llamando a otros también a la obediencia.

Para un tratamiento más detallado de este tema, favor referirse a la revista Jubilee del otoño de 2013.

1 Marx K., Engels, F., Moore, S., & McLellan, D. (1992). El Manifiesto Comunista. Oxford: Oxford University Press.

2 Rushdoony, R. J. (1984). Ley y Libertad. Vallecito, CA: Ross House.

3 Comisión sobre Gobernabilidad Global, Nuestra vecindad GLOBAL, (1995). Oxford University Press.

Reproducido y traducido de: http://www.ezrainstitute.ca/resource-library/articles/cultural-marxism-amp-the-geo-political-order

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Juan Calvino y su concepto del Estado

(o ¿fue Calvino un proto-socialista?)

por Guillermo Green

A través de muchos años he leído y escuchado muchas declaraciones sobre Juan Calvino y su concepto del Estado. Algunos alegan que Calvino es el padre legítimo del sistema capitalista, mientras otros afirman que Calvino implementó un socialismo cristiano en Ginebra y promovía el concepto del Estado más afines al socialismo moderno.

Calvino incluye afirmaciones sobre los deberes del Estado en muchos de sus escritos, por ejemplo sus comentarios. Pero su tratamiento más directo del tema se encuentra en el último capítulo de la Institución (Libro IV, capítulo XX), y como Calvino era un pensador sumamente consistente, podemos esperar con toda confianza que este capítulo contiene el bosquejo global de sus enseñanzas.

¿Un hombre de su época?
Mucho se oye decir que Calvino era un hombre de su época, a penas saliendo de los años medievales, época en que se esperaba que los reyes aplicara las dos tablas de la ley mosáica, época en que los herejes como Servet debían ser quemados. Sin embargo, una lectura cuidadosa de Calvino revela su verdadero genio otra vez. No negamos que Calvino se situa en el siglo dieciseis y responde a las realidades presentes. Pero esto no implica que Calvino no fuera capaz de entender esquemas múltiples pasados y presentes, ni de poder imaginarse futuras corrientes. Obviamente fue “hombre de su época” porque vivió y aplicó su menta a su época. Pero otra cosa es utilizar este epíteto para escoger o desechar lo que queramos de él de forma irresponsable. El propósito principal de este ensayo es hacer un esfuerzo por describir fielmente la perspectiva de Calvino sobre el magistrado, tanto dentro de su contexto, como a la luz de las Escrituras. Porque en última instancia, la carga de Calvino era ser fiel a las Escrituras, que él consideraba válidas para toda época.

De entrada Calvino responde a dos extremos, a los que quieren deshacer el Estado como ordenado por Dios (los anabautistas anárquicos), y por otro lado, los que engrandecen la autoridad del Gobierno sin límite hasta que está en competición con Dios mismo (los reyes tiranos) (IV:XX:1). Si bien Calvino responde a manifestaciones específicas de su tiempo, ¿no son estos dos extremos el eterno giro del péndulo? Los conceptos mal construídos sobre el Estado tienden a socavar su legítima autoridad dada por Dios (la anarquía), u otorgar demasiado poder no dado por Dios (el totalitarismo en cualquier forma).

El lugar de la religión
Calvino afirma que el Estado es responsable por velar que las dos tablas de la ley se respeten publicamente. No otorga el poder de extirpar la herejía al Estado, pero sí asevera que el Estado debe velar que no se practiquen blasfemias públicas en la sociedad, y que la religión verdadera tenga la libertad de practicarse. El Estado se ocupa de los actos “externos” del hombre, mientras el Evangelio y la Iglesia se ocupan del corazón.

En este punto muchos alegan que Calvino “fue un hombre de su tiempo, y que hoy hemos superado estos conceptos con la idea moderna del Estado neutral”. Oigamos las palabras de Calvino en respuesta:

Si la Escritura no nos enseñase que la autoridad de los gobernantes se refiere y extiende a ambas tablas de la Ley, podríamos aprenderlo de los autores profanos; porque no hay ninguno entre ellos que al tratar de este oficio de legislar y ordenar la sociedad no comience por la religión y el culto divino. Y con ello todos han confesado que no es posible ordenar felizmente ningún estado o sociedad del mundo, sin que ante todo se provea a que Dios sea honrado; y que las leyes que sin tener en cuenta el honor de Dios solamente se preocupan del bien común de los hombres, ponen el carro delante de los bueyes. Por tanto, si la religión ha ocupado siempre el primer y supremo lugar entre los filósofos, y esto de común acuerdo lo han guardado los hombres, los príncipes y gobernantes cristianos deben avergonzarse grandemente de su negligencia si no se aplican con gran diligencia a esto (IV:XX:9c).

En pocas palabras, Calvino está afirmando el caracter religioso de todo Estado. Y a pesar de que el Occidente ha intentado engañarse con la ilusión de un “Estado neutral” o “Estado secular”, los acontecimientos en Europa y EEUU en los últimos 50 años son suficientes para mostrar esta falacia. No es posible armonizar el ateísmo, el panteísmo, el paganismo y el Islam en un sólo Estado tranquilo, pacífico y equitativo. Todo Estado tiene una religión, y cuando esta no es definida la sociedad cae en el caos, precisamente lo que se está viendo hoy.

La realidad de las cosas es que Calvino veía correctamente que el Renacimiento llevaría a un esfuerzo por crear un Estado “no-religioso”, un Estado que no se preocupaba por la primera tabla de la ley. Recordemos que Calvino se había movido en los círculos universitarios progresistas, paganas, anti-cristianas. Siglos antes de su tiempo Calvino afirmó que es imposible tener un Estado “no-religioso”. Siempre habrá una religión. Concluyo esta parte con las palabras de Calvino para los que equivocadamente creen que pueden crear un Estado que sólo se preocupa de “justicia entre los hombres” sin tomar en cuenta el fundamento de esta “justicia”:

Por el contrario, entre los inconvenientes que causa la anarquía — que tiene lugar cuando falta un buen gobernante — la historia sagrada enumera la existencia de la superstición, porque “no había rey en Israel”, y “cada uno hacía lo que bien le parecía” (Jue. 21,25). Con lo cual es fácil de refutar la locura de aquellos que quisieran que los gobernantes, poniendo a Dios y a la religión bajo sus pies, no se preocupasen en absoluto más que de guardar la justicia entre los hombres. Como si Dios hubiese constituido en su lugar a los que gobiernan, para que decidan sobre las diferencias y procesos acerca de cosas terrenas, y se hubiese olvidado de lo principal: que sea servido como se debe, conforme a la norma de la Ley. Pero el afán y deseo de innovarlo todo, de mudarlo y trastocarlo todo sin ser por ello castigados, impulsó a tales espíritus inquietos y belicosos a intentar, de serles posible, que no hubiese juez alguno en el mundo que les pusiese freno (IV:XX:9c; énfasis mío).

Papel y propósito del Estado
El concepto que Calvino tiene del Estado dista mucho de todos los conceptos modernos de “Estado secular”, con sus inventos humanos sobre su propósito. Por lo general, el humanismo ha definido el Estado en términos del hombre: su bienestar terrenal, su autorrealización, y su felicidad. Como hemos visto arriba, Calvino define el Estado en función de Dios, quien ha dado el Estado para gobernar en un mundo caído, afligido por el pecado humano.

Tal vez la perspectiva más repugnante de Calvino, pero la que ilustra mejor este punto, es lo que Calvino afirma sobre los malos gobernadores. Calvino enseña fuertemente que el magistrado es dado por Dios, y se le debe todo respeto como “ministro” de Dios mismo (ver IV:XX:22ss). Calvino muestra cómo Dios exigió lealtad a reyes tan crueles e injustos como Nabucodonozor, y cómo los profetas los honraron (Ezequiel 29:19-20; Daniel 2:37-38). Esta honra se aplica aún a los malos gobernadores, quienes pueden ser dados por Dios como “castigo” de Dios al pueblo (IV:XX:25). Asi:

Por estas palabras comprenderemos con cuán grande obediencia ha querido fuese honrado aquel cruel y perverso tirano; no por otra causa sino porque poseía el reino. La cual posesión por sí sola mostraba que había sido colocado en su trono por disposición de Dios, y por ella era elevado a la majestad real que no era licito violar. Si estamos bien convencidos de esta sentencia y la tenemos bien fija en nuestros corazones; a saber, que por la misma disposición de Dios por la que es establecida la autoridad de los reyes también los reyes inicuos ocupan su autoridad, jamás nos vendrán a la imaginación estos locos y sediciosos pensamientos de que un rey debe ser tratado como se merece, y que no es razonable que tengamos que estar sometidos a quien por su parte no gobierna como rey respecto a nosotros (IV:XX:27).

El caracter teocéntrico del Estado se ilustra chocantemente donde Calvino nos recuerda las palabras de honra que Daniel le dijo a Baltasar: “El Altísimo Dios, oh rey, dio a Nabucodonosor tu padre el reino y la grandeza, la gloria y la majestad. Y por la grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas temblaban y temían delante de él” (Dan. 5,18-19). Y concluye Calvino:

Cuando oímos que Dios fue quien lo constituyó rey, debemos a la vez traer a la memoria la disposición celestial que nos manda que temamos y honremos al rey, y así no dudaremos en dar a un tirano maldito el honor con que el Señor ha tenido a bien adornarle (IV:XX:26; énfasis mío).

Toda discusión sobre la naturaleza y propósitos del Estado, para Calvino, tiene que partir desde la óptica de la soberanía de Dios y sus propósitos en la tierra.

Forma de gobierno
Su preferencia es por una “aristocracia” de nobles, o bien una oligarquía bien ordenada, en vez de una monarquía o una democracia. Calvino pone más confianza en un “consejo” de gobierno, esperando que la aristocracia crearía un cuerpo de consejeros sabios. Dice que la forma de gobierno monárquica tien muy facilmente al totalitarismo tiránico, mientras que con las democracias se hace muy fácil crear anarquía y rebeliones (IV:XX:8b). Sin embargo, dice que ninguna forma específica es exigida por la biblia, y según las circunstancias una u otra podría tener más valor. Debe ser notado que las ideas de Calvino fueron el fundamento para la creación de las repúblicas representativas en el norte de Europa y Estados Unidos.

Tareas específicas en cuanto a la sociedad civil
Encontramos varias definiciones del propósito y función del Estado en este capítulo de la Institución. Los magistrados son “servidores de la justicia divina” en el ámbito civil. Para este fin, los gobernantes son constituídos:

… como protectores y conservadores de la tranquilidad, honestidad, inocencia y modestia públicas (Rom. 13,3), y que deben ocuparse de mantener la salud y paz común. De tales virtudes promete David ser dechado cuando fuere colocado en el trono regio (Sal. 101); es decir, no disimular ni consentir ninguna iniquidad de ninguna clase, sino detestar a los impíos, calumniadores y soberbios, y buscar buenos y leales consejeros en todas partes. Y como no pueden cumplir esto si no es defendiendo a los buenos contra las injurias de los malos, y asistiendo y socorriendo a los oprimidos, por esta causa son armados de poder, para reprimir y castigar rigurosamente a los malhechores, con cuya maldad se turba la paz pública (IV:XX:9c).  [*Nota – la referencia a “salud y paz” sería mejor traducido “seguridad y paz” común]

El énfasis de Calvino en todo su tratado es el papel crítico que los magistrados tienen de impedir y castigar la injusticia entre los hombres. En este sentido son dos temas que recurren: la libertad y la equidad.

La libertad
Un hilo constante en su tratamiento de los deberes del magistrado, es su deber de suprimir toda “opresión” y fomentar la “libertad”. Por ejemplo, su preferencia por una aristocracia sobre una monarquía se basa en que es más probable que fomente la libertad:

Es muy cierto que si se establece comparación entre las tres formas de gobierno que he nombrado, la preeminencia de los que gobiernan dejando al pueblo en libertad — forma que se llama aristocracia — ha de ser más estimada; no en sí misma, sino porque muy pocas veces acontece, y es casi un milagro, que los reyes dominen de forma que su voluntad no discrepe jamás de la equidad y la justicia (IV:XX:8b; énfasis mío).

De nuevo,

Y como de hecho la mejor forma de gobierno es aquella en que hay una libertad bien regulada y de larga duración, yo también confieso que quienes pueden vivir en tal condición son dichosos; y afirmo que cumplen con su deber, cuando hacen todo lo posible por mantener tal situación. Los mismos gobernantes de un pueblo libre deben poner todo su afán y diligencia en que la libertad del pueblo del que son protectores no sufra en sus manos el menor detrimento (IV:XX:8b; énfasis mío).

Y aunque Calvino no apoya ninguna rebelión anárquica del pueblo contra un tirano, afirma fuertemente que los funcionarios legítimos del gobierno tienen el deber ante Dios de oponerse a la tiranía:

Porque maliciosamente como traidores a su país echan a perder la libertad de su pueblo, para cuya defensa y amparo deben saber que han sido colocados por ordenación divina como tutores y defensores (IV:XX:31c).
La ‘libertad’ de que habla Calvino es lo mismo de lo que él llama “hacer justicia”. 35 veces Calvino usa el término. La justicia civil la resume así:

En cuanto a la segunda tabla, Jeremías amonesta a los reyes a que hagan juicio y justicia, que libren al oprimido de mano del opresor, que no engañen ni roben al extranjero, ni al huérfano, ni a la viuda, ni derramen sangre inocente (Jer. 22,3). Está de acuerdo con esto la exhortación que se hace en el salmo ochenta y dos: “Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso. Librad al afligido y al necesitado; libradlo de mano de los impíos” (Jer. 22,3-4). Asimismo Moisés ordena a los gobernantes que había puesto en su lugar, que oigan entre sus hermanos y juzguen justamente entre los hombres y su hermano, y el extranjero; que no hagan distinción de persona en el juicio, sino que oigan así al pequeño como al grande; que no se aparten de su deber por temor a nadie, puesto que el juicio es de Dios (Dt. 1,16-17) (IV:XX:9c).

Para Calvino, no puede haber libertad de vida sin que el magistrado se preocupe por la justicia civil. El papel principal del gobierno debe ser guardar la libertad del pueblo al ejercer la justicia. Esto incluye establecer leyes justas en el país, cortes para resolver equitativamente los pleitos, y con fuerza, si es necesario, suprimir a los malhechores.

La equidad
Otra faceta de la justicia, necesaria para la libertad, es el concepto de la ‘equidad’. Calvino coloca la equidad junto con la justicia civil como meta principal del magistrado:

La ley judicial, que les fue dada como norma de gobierno, les enseñaba ciertas reglas de justicia y equidad para vivir en paz los unos con los otros sin hacer daño alguno (IV:XX:15; énfasis mío).

La equidad es universal. Diferentes leyes para diferentes circunstancias son apropiadas, pero el principio es universal. Los magistrados deben fomentar la equidad con justicia, rechazando todo favoritismo. Todo ciudadano debe tener el mismo tratamiento ante la ley y ante las cortes:

La equidad, como es algo natural, es siempre la misma para todas las naciones; y, por tanto, todas cuantas leyes hay en el mundo, referentes a cualquier cosa que sea, deben convenir en este punto de la equidad
En cuanto a las constituciones y ordenanzas, como están ligadas a las circunstancias de las cuales en cierta manera dependen, no hay inconveniente alguno en que sean diversas; pero todas ellas deben tender a este blanco de la equidad (IV:XX:16).

Es importante hacer la observación que Calvino enfatiza la equidad y no la igualdad. De hecho, no usa el término “igualdad” ni una sola vez. Era consciente que Dios claramente no coloca a los hombres en un plano de “igualdad” cívica, económica, intelectual, ni vocacional. Tampoco la igualdad debe ser la meta del magistrado, sea cómo sea que se define. Más bien, Calvino es consciente que habrá desigualdad entre los países y los Estados, lo cual se debe aceptar como la voluntad de Dios:

Además, si en vez de fijar nuestra mirada en una sola ciudad, ponemos nuestros ojos en todo el mundo o en diversos países, ciertamente veremos que no sucede sin la permisión divina el que en los diversos países haya diversas formas de gobierno. Porque así como los elementos no se pueden conservar sino con una proporción y temperatura desigual, del mismo modo las formas de gobierno no pueden subsistir sin cierta desigualdad. Pero no es necesario demostrar todo esto a aquellos a quienes la voluntad de Dios les es razón suficiente. Porque si es su voluntad constituir reyes sobre los reinos, y sobre las repúblicas otra autoridad, nuestro deber es someternos y obedecer a los superiores que dominen en el lugar donde vivimos (IV:XX:8b).

El principio de ‘equidad’ es que haya una misma regla para todos, sin favorecer a algunos, y oprimir a otros. En este sentido la busca de “igualdad” ¡podría violar la regla de la “equidad”! Debemos tener cuidado de leer el término “justicia social” en Calvino a la luz del socialismo moderno, que implica quitar de algunos (los ‘ricos’) para repartir a otros (los ‘pobres’). En su tratamiento, Calvino siempre habla de la justicia civil en términos individuales, dentro del contexto de la equidad. Un acto “injusto”  es violar el principio de la equidad, en tomar para mi de forma ilegítima algún bien o privilegio. El magistrado tiene el deber de defender al que ha sido “… injustamente tratado u oprimido, sea en su cuerpo o en sus bienes” (IV:XX:18). Este maltrato no consiste en ser “más rico” (que sería la interpretación marxista/ socialista). Para que no haya duda, Calvino mismo define lo que significa la equidad. Significa aplicar los diez mandamientos: no robar, no dar falso testimonio, no matar y no tomar la mujer de su prójimo (IV:XX:16).

La protección de los bienes personales figura prominentemente en el tratamiento de Calvino. Uno de los propósitos principales de las cortes es ejercer la equidad y justicia en cuanto a los bienes materiales. En este contexto, Calvino es consciente que el pecado de la venganza, el odio y el rencor es una tentación fuerte, y debe ser evitado, aún a expensas de los bienes. Es preferible perder los bienes, que caer en los pecados de la venganza y la ira. Sin embargo, Calvino apoya el derecho del cristiano de defender su bienes personales contra cualquiera que se los quitaría:

Ciertamente los cristianos deben preferir perder de su derecho a ir a la justicia, de donde difícilmente podrán salir sino con el corazón lleno de indignación e inflamado en ira contra su hermano. Pero cuando uno ve que puede defender sus bienes sin dañar ni herir la caridad, si obra así no va contra lo que san Pablo dice; y sobre todo si el negocio es de gran importancia y su pérdida causa de mucho daño (IV:XX:21).

Todo esfuerzo por convertir a Juan Calvino en socialista sufre la condena de Calvino mismo. El primer propósito que Calvino menciona para la recaudación de impuestos del magistrado es el uso lícito de tener un estilo y nivel de vida “espléndidos”. ¡! Lean todos con cuidado:

Para concluir, me parece conveniente añadir que los tributos e impuestos que los príncipes imponen se les deben de derecho, si bien ellos deben emplearlos en sustentar y mantener sus estados; aunque también pueden usar licitamente de ellos para mantener la autoridad y majestad de su casa, la cual en cierta manera va unida a la majestad de su cargo. Así vemos que lo hicieron David, Ezequías, Josías, Josafat y los demás santos reyes; asimismo José y Daniel vivieron espléndidamente del bien público, conforme lo requería el estado a que fueron elevados, sin experimentar por ello escrúpulos de conciencia (IV:XX:13).

¿Calvino apoya el hecho de que José en Eqipto no repartió todos sus bienes a los pobres, sino que los disfrutó? ¿Y Daniel igual? ¿Qué clase de socialismo es esto? Por supuesto que Calvino luego enfatiza que el propósito principal de los impuestos es quitarles al pueblo poco y administrarlos bien para el reino:

No obstante han de tener los príncipes en la memoria que sus dominios no son tanto sus arcas particulares, cuanto tesoros de la comunidad, en cuyo servicio se han de emplear, como el mismo san Pablo declara (Rom. 13,6); y, por tanto, que no los pueden gastar pródigamente sin grave ofensa del bien común; o mejor dicho, han de pensar que son la propia sangre del pueblo; y no economizar la cual es cruelísima inhumanidad (IV:XX:13).

Cualquier esfuerzo por reclutar a Calvino para un proyecto socialista distorsiona gravemente su posición. No hay una sola palabra de Calvino que se pueda utilizar para justificar que el Estado tiene la potestad o el deber de quitarle el dinero o los bienes de uno para darselos a otro. Jamás. Este principio en sí viola todo lo que Calvino enseña sobre la justicia civil y el principio de equidad.

Por otro lado, el concepto del magistrado de ser “ministro” ante Dios y mayordomo de una posición importante llevó a la creación de sistemas más justos en los países que adoptaron el calvinismo, donde la carga de los impuestos era menos, y donde se empleaban los impuestos no tanto en lujos personales, sino en beneficio real del país.

Conclusión
Los principales propósitos del Estado, según Juan Calvino son promover la libertad, la justicia civil y la equidad. La soberanía de Dios es una norma controlador que siempre debemos tener en cuenta, la cual amortigua las rabias humanas, las revoluciones y las sediciones. El cristiano debe preocuparse por el gobierno, y puede y debe involucarse en él. Si Dios le permite un lugar en alguna esfera del gobierno, debe luchar por la libertad, la justicia y la equidad. Sin embargo, obediencia a Dios y a su Palabra siempre son primordiales, y todo esfuerzo y lucha debe ser guiado por principios bíblicos. Calvino desecha toda anarquía y rebelión como totalmente anti-bíblicas. Aún en el uso de las cortes, la caridad cristiana debe prevalecer sobre la venganza, la avaricia y la ira.
Comparando los principios de Calvino con el socialismo moderno, vemos varias discrepancias grandes. En primer lugar, para Calvino el fundamento mismo del socialismo violaría las Escrituras. La ley de Dios exige justicia y equidad, de modo que quitar forzosamente de una persona para darle a otra viola la ley. En la Ginebra de Calvino el Estado tuvo que actuar con vigor ante las emergencias que sucedían: refugiados, pestes, guerras. En general la Iglesia colaboraba fuertemente con estas crisis. Pero una cosa es responder a una crisis, y otra cosa es intentar implementar una política universal. El principio del socialismo es antitético al pensamiento de Calvino.
En segundo lugar, el socialismo viola el principio bíblico de la equidad, según lo enseña Calvino. Los estados socialistas crean burocracias y empresas estatales que reciben su protección, impidiendo forzosamente la equidad de oportunidades de que los ciudadanos empresarios comunes participen en ellos. Esto viola la ley de justicia equitativa, y la libertad del pueblo. Calvino afirma que las Escrituras exigen que el gobierno provea las mismas oportunidades para todo ciudadano. El Estado no es responsable por los resultados. Si alguien no quiere trabajar, no coma. Su único deber legítimo es proveer las mismas oportunidades. No le compete al Estado erradicar la pobreza, sino las injusticias unos contra otros.
En tercer lugar, Calvino diría que los estados socialistas (en variados grados) caen en la tentación de arrogarse demasiada autoridad, hasta competir con Dios. Tienden a intentar definir para todos qué nivel de vida debe tener, cuánto debe ganar, qué debe vender y comprar, etc., etc. Al violar la equidad y la justicia, y al suprimir la libertad, invaden terreno que no es suyo.
Si algún cristiano desea defender el socialismo con base en la biblia, es libre para hacerlo. Pero yo diría que tiene dos desfíos grandes: 1) No puede apelar al Reformador Juan Calvino, que ha dado la mejor forma posible a la teología protestante. La posición de Calvino rotundamente se opone al socialismo modern; 2) Tendrá que refutar la interpretación bíblica que Calvino hace.
A mi parecer, no es posible ser calvinista y socialista a la vez.

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