Archivo del Autor: djlobov

Acerca de djlobov

Por la gracia de Dios soy lo que soy. Trabajo como editor y traductor, y soy músico aficionado. Me gusta leer, escribir, aprender idiomas, tocar guitarra, dibujar y enseñar. Soy cristiano, es decir, un pecador a quien Dios le ha mostrado su misericordia.

La tiranía de la decadencia

decadencia.jpg

Por el Dr. Peter Jones

En nuestro mundo actual, la decadencia está reemplazando la decencia. En aras de la libertad personal, nuestra cultura sanciona una revolución sexual que la socióloga alemana Gabriela Kuby cree que “muy posiblemente será la revolución más destructiva de la historia”.  Ella continúa declarando que “el alcance al cual este sistema satánico va hacia la libertad [sexual] … se logra ver mejor en los abortos”. Alguien ha dicho: “El aborto es la voluntad de matar por el bien de la disposición a copular”.

Hay paralelismos culturales serios con nuestro tiempo. De 1918 a 1933 la República de Weimar gobernó Alemania. Después de la derrota de la orgullosa nación alemana en la Primera Guerra Mundial, muchos alemanes lanzaron la cautela al viento, gastaron en grande y se enfiestaron mucho, conscientes de que tanto la economía como el gobierno estaban destinados a fracasar. Esto se convirtió en un tiempo de ideas liberales y nuevas formas de búsqueda del placer. Aprovechando la liberalidad de la época, los cabarets de Berlín, Múnich y otras ciudades entretenían a sus homosexuales, lesbianas y travestis con espectáculos abiertos de desnudez sexual.

Una historia del período describe la situación social de la siguiente manera: “Aún [la antigua] Roma no había conocido orgías como los bailes de travesti de Berlín, donde cientos de hombres vestidos de mujeres y mujeres vestidas de hombres bailaban bajo los ojos benévolos de la policía. En medio del colapso general de los valores, una especie de locura se apoderó precisamente de esos círculos de la clase media que hasta entonces habían sido inquebrantables en su orden “.

Este colapso moral fue seguido por el colapso económico, porque el gobierno irresponsablemente imprimió tanto dinero que el Reichsmark se volvió inservible. Por ejemplo, en 1918, una docena de huevos costaba medio reichsmark; en 1922, tres reichsmarks; en enero de 1923, 500 reichsmarks; en septiembre de 1923, 30 millones de reichsmarks y sólo un mes más tarde, en octubre de 1923, cuatro mil millones de reichsmarks. La “resolución” de este estado de cosas vino con la llegada del nacionalsocialismo totalitario en 1933.

Si políticamente o económicamente no estamos en este punto (aunque la deuda nacional nunca ha sido mayor), nos encontramos viviendo en una sociedad que afirma que el erotismo homosexual, la pornografía omnipresente, y la manipulación de género son expresiones válidas de la libertad humana y que oponerse a ellos es una expresión inaceptable de fanatismo, que debe ser suprimida. Por un lado, nuestros hijos están expuestos a la degeneración absoluta, y por otro lado, su fe cristiana está siendo suprimida.

Por un lado, expuesto a la degeneración:
En las bibliotecas públicas de Nueva York los padres traen a sus niños pequeños para escuchar a las drag queens leer los últimos libros infantiles sobre sexo. En la “Hora del cuento de la reina drag”, una “reina”, presentándose como “La Señorita Sexy Desastre”, canta: “Las caderas de la reina hacen chi chi chi”, etc. y luego sigue contándoles una historia titulada “Gusano ama a Gusano: Podemos ambos ser novios.” Algunos padres “progresistas” lo aprueban. Uno dice: “Eso es lo que busco cada vez que salimos, presentar diferentes maneras de estar en el mundo y hacerlo divertido y disponible para mi hijo … ¡Fue genial, tanta energía!” Desafortunadamente, esta expresión de la libertad sexual introduce a los niños a puntos de vista falsos y destructivos de la realidad humana. El cuarenta por ciento de los adultos transgéneros reportan haber cometido al menos un intento de suicidio.

Por otro lado, la fe cristiana suprimida:

A Seth Clark, de 13 años de edad, le dijeron a tan solo horas de empezar su graduación que no se le permitiría dar su discurso de graduación en la Escuela Akin Grade School, en Akin Illinois, porque era demasiado religioso. Su discurso refería a Dios, usando citas de la Biblia, y mencionaba su fe cristiana. La Superintendente Kelly Clark escribió: “Mientras que los estudiantes son bienvenidos a orar o seguir su fe sin interrumpir la escuela o violar los derechos de otros, la Constitución de los Estados Unidos prohíbe que el distrito escolar incorpore tales actividades como parte de eventos patrocinados por la escuela, o cuando el contexto hace que una audiencia cautiva escuche u obligue a otros estudiantes a participar “.

El periodista Tucker Carlson entrevistó recientemente a Dan Barker, co-presidente de la Fundación Libertad de la Religión (FFRF por sus siglas en inglés), que logró cerrar un grupo de estudio bíblico que se reunía antes de las clases para estudiantes de primer y segundo grado.Barker anunció con orgullo que hay familias que desean proteger a sus hijos de la depravación y la violencia que está en la Biblia.

A pesar del fallo de la Corte Suprema que protege a los clubes religiosos en las escuelas públicas (El Club de las Buenas Noticias versus Escuelas Centrales de Milford 2001), la batalla por la salud espiritual de nuestros niños apenas ha comenzado. A medida que la libertad cristiana se suprime agresivamente, nos enfrentamos a una “revolución sexual”, como dice el sociólogo Kuby, “mucho peor de lo que yo haya conocido”.
Maranatha- “Ven Señor Jesús”.

Mientras esperamos ansiosamente el regreso de Cristo, los cristianos debemos poner la fe en nuestro Dios que mantiene el pacto; vivir vidas puras e irreprensibles; y enseñar a sus hijos la belleza del diseño creativo y el diseño del evangelio de Dios para la sexualidad y el matrimonio, que son fundamentales para el verdadero florecimiento humano.

Traducido por Beatriz Atkins

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

El fin de la Libertad de Expresión

freedom.jpg

por el Dr. Peter Jones

Turbas fascistas están amenazando con causar violencia, hay conferencias que están siendo canceladas; desfiles públicos son suspendidos ante la amenaza de una interrupción física, todo esto incluso en la Universidad de Berkeley, considerada desde los años 60 como la institución fundadora del moderno Movimiento de la Libertad de Expresión. Incluso la feminista radical Camille Paglia está conmocionada, denunciando el caos ético en el campus americano donde “la intolerancia se disfraza de tolerancia y donde la libertad individual es aplastada por la tiranía del grupo”. ¿Estamos viendo el comienzo del fin de la civilización occidental? La violencia crea miedo, y esto suprime la libertad de expresión. Eventualmente, surge una poderosa élite que nadie puede resistir.

Para algunos, la solución parece simple. Los administradores universitarios debieran armarse de valor y ejercer su autoridad administrativa y moral; la policía debe hacer cumplir la ley y limpiar las calles de la violencia. Pero nada pasa. En cambio, los administradores universitarios se inclinan ante la presión de los estudiantes, creando “espacios seguros” oficialmente patrocinados, en donde la libertad de expresión es erradicada. La Universidad Wesleyan en Connecticut, fundada en 1831, planea gastar $220.000 al año para crear un centro de recursos que promoverá los derechos LGBT, entre otras “causas de justicia social”. El presidente de la escuela cree que el centro de recursos “ayudará a satisfacer las necesidades de los estudiantes que son más vulnerables”. Por desgracia, esta iniciativa no resolverá el problema de la libertad de expresión, sino que lo exacerbará, creando generaciones de estudiantes incapaces o reacios a enfrentar críticas, estudiantes que insisten en su propio camino por cualquier medio posible.

La cultura rechaza cada vez más la “libertad de expresión” de una discusión seria de la homosexualidad. En una clase de escuela secundaria que estaba enseñando, Andrew Turner, de 63 años, el miembro conservador del Parlamento de la isla de Wight, tuvo la audacia de decir que “la homosexualidad es un error y un peligro para la sociedad”. Un estudiante LGBT salió de la habitación y escribió en Facebook “Tuve que irme. Es aterrador que en esta época y en nuestro desarrollo como sociedad, todavía haya personas que no pueden preocuparse lo suficiente del bienestar de una persona para aceptar simplemente quiénes son.” Sin duda, la carrera de este hombre ha terminado, porque este tema es tabú en el intercambio público de ideas.

Los derechos democráticos de la libertad de expresión colisionan con la nueva política identitaria de hoy, que las universidades apaciguan creando espacios seguros o silenciando la oposición a través de amenazas de violencia. Mi amigo Everett Piper, de la Universidad Wesleyana de Oklahoma, tiene razón. “Cuando la Iglesia admite que la definición de la identidad humana es poco más que la suma total de las inclinaciones humanas, la batalla por la dignidad humana y la culpabilidad moral se pierde antes de que comience… La Universidad deja de ser Cristiana.”Cuando los profesores, Kengor y Ayers de Grove City College (una escuela tradicionalmente ortodoxa), anunciaron su seminario del 2018 “La Biblia y la Familia Natural”, surgió un gran alboroto. El alumnado llamó a la universidad para pedirles que cancelaran la clase, los estudiantes rasgaron cientos de carteles y un grupo de exalumnos, estudiantes y profesores iniciaron un grupo de Facebook llamado Defensores de la Inclusión y la Aceptación, declarando “esperamos una clase llena de propaganda homofóbica”, aunque de hecho, la intención anunciada era traer opiniones opuestas.

Ya no es posible participar en una conversación pública sobre las sacrosantas “elecciones personales de género”. Es el proverbial “elefante en la habitación” cada vez que se plantea el asunto de la libertad de expresión. La demanda del LGBTQ por el derecho a la autoidentificación anula los mismos principios de la libertad de expresión. Si hay algún problema que no puede ser discutido, la libertad de expresión no tiene sentido. La pérdida de la libertad de expresión no desaparecerá si tales cuestiones de identidad tan cruciales, forman un núcleo central inviolable para aquellos que se retiran a sus “espacios seguros”. Pero no debemos enterrar este asunto, porque este habla a quiénes somos. Everett Piper tiene razón: “La honestidad exige que persigamos con valentía las ideas probadas por el tiempo, defendidas por la razón, validadas por la experiencia, y confirmadas por la revelación” (correo electrónico personal). ¿Somos creados por Dios a su imagen o nos creamos a nosotros mismos? Que el Señor dé su coraje a la Iglesia para decir la verdad en nuestro tiempo, como lo hizo Jesús en el suyo. Si la naturaleza esencial de la persona es constantemente suprimida en esta tierra que fue una vez “cristiana”, pronto se verá como la cultura pagana “autocreada” y sexualmente “liberada” de la antigua Roma.

Deja un comentario

Archivado bajo Cosmovisión, Cultura

¡Esto lo cambia todo!

 

cambia

7 de marzo del 2017, por E. Calvin Beisner

El “consenso” de la ciencia del clima ha dado por sentado durante décadas que la gran mayoría del aumento de la concentración atmosférica de dióxido de carbono (de alrededor de 280 partes por millón en volumen [ppmv] antes de la revolución industrial a alrededor de 400 en la actualidad) ha venido de la quema de combustibles fósiles para producir energía. En ese supuesto, los científicos en “consenso” han alegado que la actividad humana ha impulsado la totalidad o la mayor parte del calentamiento global durante ese tiempo.

La mayoría de las críticas de ese pensamiento se han centrado en la “sensibilidad climática”: ¿Cuánto de este calentamiento proviene del CO2 atmosférico añadido, con “escépticos” que optan por la “sensibilidad del clima” en el rango de 0,5 – 2,0 grados centígrados, mientras los “alarmistas” optan por 1.5 – 4.5 o incluso más. Estudios más recientes se inclinan cada vez más hacia el rango inferior ya que notan que el calentamiento observado ha sido considerablemente menor de lo previsto.

Pero ¿qué pasa si menos del aumento del CO2 proviene de la actividad humana? Si eso es así, entonces la contribución humana al calentamiento global sería mucho menor también; sin importar cuál resulte ser “la sensibilidad del clima”.

¿Y si el CO2 agregado a la atmósfera permanece allí no por cientos de años, sino solo unos cuantos? Eso también reduciría la contribución humana al calentamiento global.

human-contribution-to-atmospheric-CO2-increase-4-percent.jpg

Esa es la implicación de un nuevo artículo en Global and Planetary Change (Cambio Global y Planetario) por Hermann Harde, “Escrutinando el ciclo del carbono y el tiempo de residencia del CO2 en la atmósfera”, que llega a la conclusión de que la actividad humana ha contribuido solo el 4% del total de CO2 en la atmósfera y el 15% del aumento del ~120 ppmv en la concentración de CO2 desde la revolución industrial, y ese CO2 que se ha añadido a la atmósfera permanece allí por solo unos 4 años.

Aquí está el extracto:

Los científicos del clima presumen que el ciclo del carbono ha perdido el equilibrio debido al incremento de las emisiones antropogénicas provenientes de la combustión de combustibles fósiles y el cambio del uso del suelo. Esto se considera responsable por el rápido aumento de las concentraciones de CO2 en la atmósfera en los últimos años, y se estima que la eliminación de las emisiones adicionales de la atmósfera se llevará unos pocos cientos de miles de años. Dado que esto va de la mano con un aumento del efecto invernadero y un mayor calentamiento global, una mejor comprensión del ciclo del carbono es de gran importancia para todas las futuras predicciones sobre el cambio climático. Hemos analizado críticamente este ciclo y hemos presentado un concepto alternativo, para el que la absorción de CO2 por los sumideros naturales escala proporcionalmente con la concentración de CO2. Además, consideramos las tasas de emisión y absorción naturales dependientes de la temperatura, por lo que pueden explicarse las variaciones paleoclimáticas de CO2 y la tasa real de crecimiento de CO2. La contribución humana a la concentración actual de CO2 se encuentra que es un 4,3%, su fracción al aumento de CO2 durante la era industrial es del 15% y el tiempo medio de permanencia de 4 años.

Deja un comentario

Archivado bajo Cosmovisión, Ecologismo

En Defensa de la Familia Natural

natural.jpg

Prolegómeno

México ha atravesado muchos cambios en años recientes. La turbulencia política ha sido el alimento diario para todos los que nos preocupamos por nuestro país, por nuestros hijos y por su bienestar. Pero quizá no había existido un tema tan singularmente atacado como el de la defensa de la familia natural que se puso de manifiesto, sobre todo, después de las marchas recientes en todo el país. Me di a la tarea de leer y escuchar decenas de artículos y vídeos sobre el debate, y me propuse escribir este trabajo para abonar a la discusión y asentar algunas razones a favor de la familia natural y del movimiento que ha encabezado el Frente Nacional Por La Familia.

A la fecha no formo parte de ninguna organización de dicho movimiento. Tampoco soy católico. Sí soy un cristiano evangélico de tradición presbiteriana que se congrega en una iglesia independiente. En este escrito he dedicado un apartado para tratar el asunto de la fe y la controversia con el lobby LGTB. Pero por encima de todo soy un ciudadano, padre de familia, preocupado por sus hijos. Estoy apurado por lo que está pasando en México en varias de sus áreas pero en lo que toca a la educación me urge con especial interés comprender los cambios políticos para ayudar a construir un mejor lugar para los niños, los míos y los de los vecinos y la ciudad en general.

Entiendo que lo que estoy por mostrar no será del agrado de muchos. Me he esforzado por ser lo más amable posible en la redacción, consciente de que el respeto es un valor fundamental que debe imperar en todas nuestras relaciones humanas, hablemos con quien sea y se trate de quien sea. Es la democracia el lugar idóneo para disentir sin descalificar, y escucharnos sin vejarnos mutuamente. Me disculpo de antemano si llego a sonar ofensivo a alguien. No es sinceramente mi intención. Pero también afirmo que cada una de las líneas de opinión aquí expresadas obedecen a una convicción que defiendo en la libertad y los límites que la buena educación exigen a los que hacen públicas sus ideas.

Juan Paulo Martínez

Octubre de 2016.

Para seguir leyendo, haz click en el siguiente vínculo:

en-defensa-de-la-familia-natural

Deja un comentario

Archivado bajo Cosmovisión, Cultura

Interpretaciones modernistas: Los 500 años de la Reforma y Martín Lutero (Parte V)

hoffmann.jpg

Parte 5 – distorsiones

Son tantas las interpretaciones de Hoffmann que simplemente contradicen la teología de su sujeto, Lutero, que considero necesario señalar algunas. Convierte la “justicia de Dios” (atributo, sustantivo) en una acción de Dios (verbo), convirtiendo a Dios en un Dios sin atributos que sólo se percibe de alguna manera mística “desde la perspectiva de la cruz”, que al final, no tiene contenido. Al final de cuentas, la “fe” de Hoffmann no tiene ningún contenido, ningún objeto, ni ninguna característica fuera de la esperanza en una utopía que tal vez nunca llega.

El “Juicio de Dios” es instrumentalizado por Hoffmann para denunciar los pecados especiales del capitalismo, el cobro de intereses, la falta de solidaridad, y otros, mientras olvida el pecado de negar que Cristo ha resucitado en cuerpo (1 Corintios 15:12-15) y está sentado a la diestra de Dios – realmente (Hechos 2:33). El Cristo vivo, reinando desde la diestra del Padre como Señor, y quien un día volverá a juzgar a los vivos y a los muertos, no juega ningún papel en la teología de Hoffman.

La teología legalista de Hoffmann no conoce al Mediador que Lutero conocía. Mientras Hoffmann carga a las consciencias con su falta de denunciar el sistema capitalista, Lutero comunica el consuelo de Dios porque los méritos del bendito Salvador son nuestros. El gozo de la seguridad de saber que el Cristo vivo intercede por los suyos provee un estímulo mil veces más fuerte de obedecer las Escrituras, que todas las arengas de Hoffmann contra aquellos que desean vivir una vida honesta, trabajando con sus manos libremente sin que algún ideólogo les imponga el marxismo.

La interpretación que Hoffmann hace “desde la perspectiva de la cruz” estaba destinado a fracasar desde el principio, porque él rechaza el marco fundamental de Lutero de la justicia de Dios en relación al Juicio final. De ahí que todas sus interpretaciones de las Escrituras, la ley, la justificación y la ética se van por otro camino. No hay relación alguna con lo que Lutero enseñaba, fuera de las frases superficiales que Hoffmann incluye en su discurso. Como Hoffmann rechaza la distinción entre Creador y criatura, y revuelve a “Dios” y a “Cristo” con la historia de modo horizontal, es obligado a re-definir la “justicia de Dios” como el proceso histórico, no en términos de la naturaleza de Dios, ni de un atributo de Dios. Hoffmann insinúa que Lutero (y con él a la cristiandad toda) se acerca al “dualismo” con algunos conceptos, y esto es malo, según él. Pero su problema no es con Lutero, sino Pablo, quien traza la distinción última entre el Creador y los que lo adoran, y lo creado y los que lo adoran. Y mientras Hoffmann podría tratar de colocar al “Creador” en el proceso futuro de esperanza y promesa (según Moltmann), Pablo está hablando del Creador “invisible” (pero que se da a conocer a través de su creación) en contraste con la creación “visible” de criaturas y objetos. Es decir, Pablo habla ontológicamente, precisamente lo que Hoffmann desecha. Hoffmann divorcia la escatología de la ontología, cosa que la biblia no hace.

Hoffmann distorsiona gravemente las palabras de Lutero cuando el Reformador hace la distinción entre “la teología de gloria” y “la teología de la cruz”. Para Hoffmann, Lutero está desechando el conocimiento de Dios “directo”, y ofreciendo un conocimiento “indirecto” de Cristo en el sufrimiento de la humanidad. Pero Lutero no dice esto. A pesar de que Lutero aborde el tema con los términos de “conocimiento de Dios”, esto es ni más ni menos que el uso bíblico para la “salvación”. Los que “conocen a Dios” son los que son salvos (p.ej. 1 Juan 4:7 “Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios”). Toda la Disputación (que Hoffmann cita sólo parcialmente) está dedicada al contraste entre el orgullo humano y obras propias para la salvación vs. el arrepentimiento humilde y el conocimiento de Dios por el Cristo crucificado. Hoffmann incluye muy poco de la Disputación, así que citaremos unos párrafos:

Porque la ley de Dios, santa y pura, verdadera, justa, etc., ha sido donada por Dios al hombre para ayudarle más allá de sus fuerzas naturales, con el fin de iluminarle y empujarle al bien. Sin embargo, sucede que obra lo contrario, de tal suerte que le hace peor. Entonces, ¿cómo puede este hombre determinarse al bien por las fuerzas que le restan y sin un socorro de esta índole? Porque mucho menos podrá realizar él solo el bien que no puede hacer con el auxilio de otro. De ahí la afirmación de san Pablo (Rom 3): «Todos los hombres están corrompidos e incapacitados; no comprenden ni buscan a Dios, todos se desviaron de él» [Disputación: Teología, 2; énfasis mío].

Lo que hay que entender de la manera siguiente: el Señor nos humilla y nos espanta por la ley y la visión de nuestros pecados de tal forma, que tanto ante los hombres como delante de nosotros mismos, nos veamos como nada, insensatos, malos, como en realidad somos. Cuando confesamos y reconocemos todo esto, no aparece en nosotros beldad alguna ni resplandor de ninguna clase, pero vivimos en el Dios escondido (es decir, en la simple y pura confianza en su misericordia), sin poder apelar dentro de nosotros mismos a nada que no sea pecado, locura, muerte e infierno, conforme a las palabras del apóstol: « como tristes, pero siempre alegres; como muertos, pero he aquí que estamos vivos». [Disputación: Teología, 4; énfasis mío. Note que Lutero no introduce conocimiento “directo” o “indirecto”, sino el Dios ajeno, “escondido”, no nosotros como nuestros propios salvadores.]

24. No obstante, no es mala esta sabiduría ni tiene que evitarse la ley: pero el hombre, sin la teología, abusa de las cosas mejores, desde el momento en que se atribuye a sí mismo la sabiduría y las obras. Porque «la ley es santa», y «todo don de Dios perfecto» y «buena toda criatura» (Gén 1). Pero, como hemos dicho, el que aún no ha sido destruido, aniquilado por la cruz y la pasión, se atribuye a sí mismo obras y sabidurías que debe conceder a Dios, y así abusa de los dones divinos y los mancilla. Ahora bien, quien ha sido aniquilado por los sufrimientos ya no obra por sí mismo, sino que reconoce que Dios obra y cumple en él todas las cosas. Por eso le da igual actuar o no: no se glorifica si Dios actúa en él ni se turba si no lo hace. Sabe que le basta con sufrir, ser destruido por la cruz para aniquilarse más cada vez. Cristo dice en Juan (cap. 3): «Es necesario que volváis a nacer»; si hay que renacer es necesario que antes se muera y ser exaltado con el hijo del hombre. Y morir, digo yo, es sentir la muerte presente [Disputación: Teología, 24; énfasis mío].

Al citar a Lutero fuera de contexto, Hoffmann intenta usar a Lutero para apoyar su epistemología dialéctica. En las teologías influenciadas por el concepto marxista de la historia, “Dios” se revela en el proceso dialéctico de tesis y antítesis. Dios no es personal, sino la fuerza que empuja el proceso. Es por esto que Hoffmann convierte el atributo de Dios (justicia) en acción – es imposible “conocer” al dios de la dialéctica. Es por esto que Hoffmann habla de “la perspectiva de la cruz” en lugar del Crucificado – porque todos promovemos o impedimos el avance del proceso dialéctico con nuestras perspectivas instrumentalizadoras. Y es por esto que Hoffmann insiste en que Dios sólo se puede conocer indirectamente y no directamente.

Pero veamos si Lutero habla de su Señor en términos directos o indirectos. El mismo Hoffmann citó los Catecismos de Lutero, donde afirma:

Y nos faltó todo consejo, auxilio y consuelo hasta que el Hijo único y eterno de Dios se compadeció de nuestra calamidad y miseria con su insondable bondad y descendió de los cielos para socorrernos. Y, entonces, todos aquellos tiranos y carceleros fueron ahuyentados y en su lugar vino Jesucristo, un señor de vida y justicia, de todos los bienes y la salvación, y nos ha arrancado —pobres y perdidos hombres— de las fauces del infierno, nos ha conquistado, nos ha liberado y devuelto a la clemencia y gracia del Padre, nos ha puesto bajo su tutela y amparo, como cosa suya, para gobernarnos con su justicia, su sabiduría, su potestad, su vida y su bienaventuranza” [Catecismo Mayor, Credo, Artículo segundo; Lutero ciertamente da evidencia de un conocimiento real, directo de su Salvador].

Lutero puede expresarse así:

… el cristiano incorpora a Cristo en sí mismo, por decir así, como objeto de su fe, de modo que tiene a Cristo en lo profundo de su corazón. Ha echado mano de Cristo; y éste es su reconciliador y su perdonador, y por causa de esta fe, el creyente es un santo, a pesar de que en sí es un pecador” [Sermón, Jesús mediador de la justicia; Lutero puede decir que tiene su Salvador en su corazón, obviamente una relación personal]

Y arriba habíamos citado en otro contexto:

Antes bien, la justicia cristiana consiste en que yo crea con absoluta firmeza que la resurrección de Cristo, su ascensión y su estar sentado a la diestra del Padre es mi resurrección, mi ascensión, que yo estoy sentado en su regazo y en íntima compañía con él” [Sermón, Jesús, el mediador de la justicia verdadera].

Al desechar a las Escrituras como inspiradas y divinas, Hoffmann no puede entender que para Lutero la voz y la presencia de Cristo se recibe ahí. Lutero conocía, se gozaba, y adoraba directamente a su Salvador, porque lo veía y le escuchaba en su Palabra. Tristemente (pero es importante notar) este concepto no encaja en el sistema de Hoffmann.

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica, Teología

Interpretaciones modernistas: Los 500 años de la Reforma y Martín Lutero (Parte IV)

hoffmann.jpg

Parte 4 – La muerte sustitutiva de Cristo

Hoffman rechaza la idea de que Lutero enseñara un concepto de la muerte de Cristo “expiatorio” o “sustitutivo”. Afirma que las dos teorías comunes en el tiempo de Lutero (la pasión de Cristo como asunto místico, y la muerte de Jesús como víctima expiatoria por los pecados) eran rechazadas por el Reformador: “Lutero no sigue ninguna de estas teorías” [49].

Como Hoffmann no acepta la justicia de Dios como un atributo de un Dios trascendente, esto le permite hacer la siguiente caricatura de la teología de Anselmo:

Anselmo de Canterbury ya había intentado dar una respuesta a esta cuestión en su Teoría de la satisfacción. Según esta teoría, sin la satisfacción de un Dios rencoroso y deseoso de justicia no puede ser lograda la reconciliación ni alcanzado su amor. Como es imposible que el ser humano pague por los pecados de toda la humanidad, Dios mismo debe volverse hombre para lograr por ellos la expiación con su muerte inocente. La ofensa de la majestad de Dios debe ser expiada para que vuelvan a reinar en orden y la justicia y así pueda desarrollarse el deseo creador de Dios, que se orienta amorosamente a la salvación de la humanidad … Lutero sostiene lo contrarioLutero se separa de ese tipo de doctrina de reconciliación.” [49,50, énfasis en negrito mío].

Si no lo hubiera leído con mis propios ojos, no creería que alguien pudiera afirmar disparates tan exagerados. Con esta sección llegamos al punto más bajo de todo el libro (exceptuando el final), primero en la forma poco profesional en que describe la teología no sólo de Anselmo sino de la mayor parte de la cristiandad: “un Dios rencoroso, y deseoso de justicia”. Pero debemos recordar que son los conceptos deficientes de “justicia” que comparte Hoffmann los que le permiten burlarse de “un Dios deseoso de justicia”. Dudamos de que su “dios” tenga deseos, o si siquiera sea un dios personal. En segundo lugar, rechaza la necesidad de la encarnación del Hijo del Dios trascendente (una encarnación en carne humana del Dios Creador), lo cual separa a Hoffmann del todo del cristianismo histórico. Y en tercer lugar, dice que ¡Lutero cree como Hoffmann! “Lutero sostiene lo contrario … Lutero se separa de ese tipo de doctrina de reconciliación”.

Dudo que necesite colocar citas de Lutero, pero lo haremos sólo por causa de algún lector que posiblemente acepte lo que escriben los teólogos sin examinarlo de forma crítica. Es más, para ahorrar espacio, sólo pondré tres citas que el mismo Hoffmann incluye en su libro y una más.

Jesucristo como Hijo encarnado de Dios

Creo que Jesucristo, verdadero Dios engendrado del Padre en la eternidad, y también hombre nacido de la Virgen María, es mi Señor, que me ha redimido a mí…” [41; Catecismo menor de Lutero, Artículo segundo; Pareciera que Lutero es ‘dualista’, en términos de Hoffmann, porque cree en un Cristo engendrado en la ‘eternidad’. Nosotros diríamos que Lutero ciertamente es ‘dos-ista’].

¿Un Dios ‘deseoso de justicia’?

En efecto, después de haber sido nosotros creados y una vez que habíamos recibido diversos beneficios del Dios el Padre, vino el diablo y nos llevó a desobedecer, al pecado, a la muerte, y a todas las desdichas, de modo que nos quedamos bajo la ira de Dios y privados de su gracia (‘privados’ por ¿quién?), condenados a la perdición eterna (¿por quién? Y ojo, ¿¡perdición eterna!? ¡Otra vez estos dualismos…!) tal como nosotros mismos lo habíamos merecido en justo pago a nuestras obras (el ‘Dios rencoroso’ según Hoffmann, pero el Dios justo según Lutero) [41; citando Catecismo Mayor de Lutero, Artículo segundo. Énfasis y paréntesis míos].

¿Lutero se distancia de las teorías de ‘satisfacción’?

(Explicando el Credo apostólico “Creo en Jesucristo…” Lutero sigue explicando la persona y obra de Cristo) “… lo que costó a Cristo y lo que él mismo hubo de poner a contribución; (¿sustituto?) lo que tuvo que aventurar para conquistarnos y ponernos bajo su señorío; o sea, se hizo hombre, fue concebido y nació del Espíritu Santo y la Virgen sin pecado alguno (¡para poder satisfacer perfectamente la justicia del Dios justo!), a fin de ser señor del pecado; además, padeció, murió y fue sepultado, con el objeto de satisfacer por mí (¡Horror! ¡Lutero usa la palabra misma – satisfacer! Pero Hoffmann dice que Lutero ‘se separa de estas teorías’) y pagar mi deuda (¡otra vez!) no con oro o plata, sino con su propia y preciosa sangre” [42; del Catecismo Mayor de Lutero].

Aquí sólo voy a citar una parte de un sermón de Lutero para finalizar esta parte:

La manera correcta de pensar en la pasión de Cristo (fíjese que es un sermón “temprano”, 1519, los que le gustan a Hoffmann – seguramente porque Lutero iba afinando su teología en una dirección que a Hoffmann no le conviene).

… Cuando meditamos correctamente en la pasión de Cristo, vemos a Cristo y nos aterramos por el espectáculo. Nuestra conciencia se hunde en la desesperación. Este sentimiento de terror necesita ocurrir para que comencemos a reconocer plenamente cuán grande es la ira de Dios contra el pecado y los pecadores. Entendemos esto cuando vemos que Dios libra a los pecadores sólo porque su muy querido Hijo — su Hijo único — pagó un rescate tan costoso por nosotros, como dice Isaías 53:8: “por la rebelión de mi pueblo fue herido …

¡Mira! Cuando una espina traspasa a Cristo, debes saber que más de mil deberían traspasarte a ti. Deberían traspasarte por toda la eternidad en una forma aun más dolorosa que traspasaron a Cristo. Cuando veas los clavos traspasar las manos y los pies de Cristo, date cuenta que tú debes estar sufriendo esto por toda la eternidad, con clavos aun más dolorosos. Todo el que mira los sufrimientos de Cristo y los olvida, pensando que no valen nada, sufrirá tal destino por toda la eternidad. La pasión de Cristo es un espejo de lo que viene. Este espejo no es ninguna mentira ni broma. Todo lo que Cristo dice que pasará, en efecto sucederá …

Se debe considerar este punto con cuidado. El beneficio de los sufrimientos de Cristo depende totalmente de que se llegue a conocer bien a sí mismo y se llene de terror hasta el punto de morir. Si no se llega a este punto, los sufrimientos de Cristo realmente no lo beneficiarán. Los sufrimientos de Cristo en realidad hacen a todas las personas iguales. Así como Cristo muere en forma horrible en su cuerpo y alma por nuestros pecados, nosotros, como él, tenemos que morir en nuestra conciencia por causa de nuestro pecado. Esto no sucede con muchas palabras, sino meditando y reconociendo profundamente nuestros pecados …

El consuelo del sufrimiento de Cristo. Toma tus pecados y échalos sobre Cristo. Cree con un espíritu gozoso que tus pecados son sus heridas y sufrimientos. Él los lleva y hace satisfacción por ellos, como dice Isaías 53:6: “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”. Pedro dice en 1 Pedro 2:24: “Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”. En 2 Corintios 5:21 Pablo dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en él”. Debes confiar en versículos como éstos en la Biblia con toda tu fuerza, aun más cuando tu conciencia trate de matarte. Nunca hallarás la paz si pierdes esta oportunidad para tranquilizar tu corazón …

Pero cuando vemos nuestros pecados puestos en Cristo y lo vemos triunfar sobre ellos con su resurrección, y sin temor lo creemos, nuestros pecados están muertos y se desaparecen. No quedan sobre Cristo, sino son tragados por su resurrección. Ahora no ves ninguna herida, ningún dolor, ningún pecado en absoluto en él. Por eso Pablo dice en Romanos 4:25 que Jesús “fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación”

[Énfasis mío; Sermón de Lutero, 1519, Cómo meditar en la pasión de Cristo, http://sermonesluteranos.blogspot.com/2009/02/como-meditar-en-la-pasion-de-cristo.html].

Se podría multiplicar ejemplos como estos suficientes para llenar un libro entero. Resulta que el Lutero de la historia creía firmemente en un Dios justo y santo, airado por nuestras ofensas, que ofreció a su Hijo en pago por el pecado para hacer satisfacción, y que la cruz, sin resurrección, no tiene ningún poder.

Hoffmann hace la siguiente afirmación, casi concluyendo el libro: “La cristología de Lutero, visible especialmente en su interpretación de la cruz, no sigue en general el ejemplo de la teología de sacrificio propiciatorio, aunque a veces se encuentren coincidencias en los textos de Lutero, ella se basa en la idea de la Iglesia primitiva del Christus Victor”. Nuestra maravilla no tiene límite: ¿coincidencias? ¿Cuántas ‘coincidencias’ convencerían a Hoffmann de que está equivocado? Estoy seguro que el triple puede ser hallado.

Como hemos notado anteriormente, Hoffmann convierte a Lutero en moltmanniano: “Estar incluído en esa ‘historia victoriosa’ significa para los cristianos exactamente eso que se plantea Moltmann: recuperar la resurrección como inicio de la vida cristiana y comprender su fuerza como comienzo de la Nueva Creación” [244]. Claramente la teología dialéctica marxista y futurista de Moltmann es otra cosa de lo que enseñaba Lutero, a menos que podamos convencernos de que lo principal de Lutero era meramente “coincidencias”.

Nuestra única conclusión es que Hoffmann hace una interpretación extraña de la teología de Lutero, utilizando algunas frases de Lutero más como alegoría que otra cosa, y convirtiendo en ‘coincidencia’ lo que no le gusta. El Cristo sacrificado en nuestro lugar y resucitado para nuestra justificación no es el sujeto de la teología de Hoffmann, como lo fue para Lutero. Es difícil describir el trabajo de Hoffmann como una “interpretación” de Lutero, mucho menos una “aplicación” de su teología. Cuando Hoffmann mete a Lutero en su máquina de fecunda imaginación, sale con rostro de un Jürgen Moltmann en lugar del cachetón conocido que creíamos conocer.

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica, Teología

Interpretaciones modernistas: Los 500 años de la Reforma y Martín Lutero (Parte III)

hoffmann.jpg

Parte 3 – El concepto de la ‘justicia de Dios’

Creo que nadie negaría que el concepto de la justicia de Dios es un concepto central en la teología de Lutero. El lugar que tiene la doctrina de la “justificación” de la fe en su teología muestra la sensibilidad de Lutero en cuanto a la justicia de Dios. De modo que si no se interpreta este concepto de la justicia de Dios como Lutero lo entendía, no se podrá entender prácticamente nada de su teología.

Ofrezco la observación que a pesar de repetir muchas veces las frases que usa Lutero, Hoffmann ha malentendido o malinterpretado el concepto que Lutero tenía de la justicia de Dios. Son varias formas en que Hoffmann malinterpreta o confunde este concepto clave.

El juicio de Dios

La naturaleza de la justicia de Dios se manifiesta de diferentes maneras, y la Iglesia desde temprano ha afirmado y enseñado claramente sobre ella. Uno de los acontecimientos históricos futuros – el Juicio final – revela importantes características de lo que es la justicia de Dios. Lutero habla mucho de esto.

Hoffmann observa que Roma manipulaba a las masas con el miedo del Juicio final, y todas las imágenes del infierno, las pinturas, y las peregrinaciones, tenían la meta de mantener al pueblo sumiso a través del miedo. Primero, Lutero “deconstruyó” el poder papal sobre las consciencias, quitando la penitencia como sacramento en manos del clero [32, 36]. Luego (según Hoffmann) Lutero descubrió en la epístola a los Romanos que el justo vive por la fe. “En eso consiste la justicia divina” afirma Hoffmann [93]. Sigue diciendo,

Como vimos en el primer capítulo, los cambios producidos en la época de Lutero (desde la Edad Media hasta la Modernidad temprana) fueron cambios en diferentes ámbitos de la vida cotidiana que llegaron acompañados por innumerables miedos: el mundo medieval era profundamente religioso, toda la vida giraba en torno a Dios y la preocupación por la salvación eterna … Se creía que el día del juicio Dios iba a actuar como juez, impartiendo rigurosa justicia según méritos y servicios, y por lo tanto había que asegurarse desde el principio … Lutero trabajó hasta el agotamiento como monje en ese sistema, con mucha entrega espiritual y disciplina, pero aun así nunca estuvo seguro de su salvación ni pudo encontrar la paz hasta que se topó, en su lectura de Pablo, con una forma totalmente distinta de entender la justicia divina” [93,94; énfasis mío].

Hoffmann afirma que al abrirse un nuevo horizonte de conocimiento para Lutero, “la preocupación se vuelve seguridad, y la justicia punitiva se convierte en misericordia … la iustitia passiva se vuelve el centro de su doctrina. No se trata de un acto arbitrario, sino de una consecuencia teológica: la revelación de Dios en Cristo (el acto “objetivo”) se comprende mediante la fe (la parte subjetiva) y se refleja en el sistema dogmático” [95].

Con este tratamiento nos encontramos con una confusión patente. En primero lugar, la cita anterior no se entiende bien. ¿Cuál “acto no arbitrario” se vuelve una “consecuencia teológica”? Posiblemente el autor no se expresó bien.

Segundo, Hoffmann revuelve los conceptos “justicia de Dios” con el acto y la experiencia de ser “justificados por Dios”. No son lo mismo para Lutero. Mientras Hoffmann afirma que Lutero salió de los “miedos” medievales, adoptando una forma “totalmente distinta” de entender la justicia de Dios, escuchemos a Lutero mismo con relación al Juicio de Dios; daremos poquísimos ejemplos de todos los que hay:

… esta enfermedad innata (el pecado original y el pecado hereditario) es verdaderamente pecado y condena bajo la ira eterna de Dios a todos aquellos que no nacen de nuevo por el bautismo y el Espíritu Santo” [citado en p. 110; de la Confesión de Augsburgo].

En efecto, después de haber sido nosotros creados y una vez que habíamos recibido diversos beneficios de Dios el Padre, vino el diablo y nos llevó a desobedecer, al pecado, a la muerte y a todas las desdichas, de modo que nos quedamos bajo la ira de Dios y privados de su gracia, condenados a la perdición eterna…” [citado en p. 41; del Catecismo Mayor de Lutero, Artículo segundo].

La palabra de Cristo da certeza acerca del juicio que seguirá a la muerte … Nadie escapará al juicio, porque todos tendremos que pasar por la muerte. Y es cosa segura que después de la muerte, los hechos se desarrollarán en la forma que aquí se describe: vendrá el Señor, y se hará el juicio; y ante este juicio comparecerán todos los hombres, los buenos y los malos. “Todos compareceremos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2ª Corintios 5:10). El juicio de Cristo significa una separación radical. “Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.” Los que reciben su asiento a la derecha de Cristo, no tienen por qué asustarse ni abrigar temores. En cambio, entre los sentados a su izquierda reinará el espanto y la desesperación…”

Con toda razón, el juicio que nos espera nos infunde miedo. En el día postrero, Cristo descenderá del cielo con grande e impresionante majestad y gloria, acompañado de todo el ejército de los ángeles; en las nubes será su asiento, y todos le verán. Nadie podrá ocultarse para huir de su rostro, sino que todos tendrán que hacerse presentes. Verdaderamente glorioso será el juicio aquel, e inefable la majestad, cuando todos los ángeles estén sentados en derredor, y Cristo en medio de ellos”. [Lutero, El Juicio De Dios Sobre El Mundo, Sermón para el 26º Domingo después de Trinidad. Fecha: 25 de noviembre de 1537].

Ahora bien: si por consejo tuyo nos mantuviésemos alejados de estos dogmas y escondiésemos ante los hombres esta palabra de Dios, de manera que, engañado por una idea errada en cuanto a la salvación, nadie aprendiera a temer a Dios y humillarse ante el para llegar al fin a través del temor a la gracia y al amor: entonces si que habríamos cerrado muy bien tu “ventana”, pero en su lugar habríamos abierto de par en par las puertas, que digo, los abismos y fauces no solo hacia la impiedad, sino hacia la profundidad del infierno. Y así nosotros mismos no entraríamos en el cielo, y ademas, haríamos imposible la entrada a otros” [Lutero, De servo abitrio].

La ira eterna de Dios ha sido aplacada por Cristo. Gracias a él, el Padre tiene para con nosotros pensamientos de amor y bondad, nos hace mil favores y nos colma de bienes espirituales y corporales. Ya que Cristo calma la ira del Padre y nos granjea su favor, justo es que sigamos este ejemplo” [Sermón de Lutero, El Juicio De Dios Sobre El Mundo].

Le ha de dar no poca rabia a la muerte el notar que con todo su presunto poder sobre el hombre, lo único que logra es hacerlo dormir, de modo que cuando Cristo ) diga: “Venid a mí, oh muertos”, éstos, al oír su voz, saldrán de sus sepulcros, “los que hicieron lo bueno, a resurrección de ) vida, mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación … Saben que no pueden eludir la muerte, y que luego tienen ante sí el infierno …” [Sermón de Lutero, Cristo nos salva de la muerte y del Juicio; Sermón para el Domingo después de Trinidad. Fecha: 28 de septiembre de 1533].

El testimonio abrumador de los escritos de Lutero evidencian una firme convicción en cuanto al día final del Juicio de Dios, que sería horror y espanto para el impío, y sería salvación para el creyente por causa de los solos méritos de Cristo. En esta enseñanza sola (sin buscar otras) se demuestra qué concepto tenía Lutero de la “justicia de Dios”. Refleja la absoluta santidad de Dios y perfección moral de Dios, y en ella se reconoce que Dios se ajusta en palabra y hecho al estándar perfecto de su propia naturaleza. De esta naturaleza santa y pura Dios es absolutamente celoso. Y Dios actúa en su celo de sí mismo, uno de estos actos siendo el Juicio final.

Hoffmann se equivoca cuando afirma que Lutero encontró un “nuevo” concepto distinto de la justicia de Dios. La realidad del Juicio final que enseña Lutero no discrepaba en esencia del concepto medieval. Durante toda la historia de la iglesia se había enseñado claramente un Juicio final, futuro, objetiva y real. Y ninguna de las condenas contra Lutero de parte de Roma lo condena por su concepto del infierno ni del Juicio final, dando evidencia que sus diferencias no quedaban ahí. Cuando Hoffmann trata de convertir los “miedos del Juicio” en mero intrumento de manipulación de la iglesia medieval, crea una profunda distorsión en el concepto de la justicia de Dios.

Las declaraciones de Lutero sobre el día del Juicio dan suficiente evidencia de que “la justicia de Dios” es una característica de Dios, atributo que se manifestará públicamente, universalmente y en pleno en el día final.

¿Justicia de Dios como acción o como atributo?

Hoffmann claramente no quiere definir la justicia de Dios como atributo de Dios, como lo hace Lutero, siguiendo toda la historia del cristianismo. Es por esto que Hoffmann denigra los “miedos” del juicio a favor de otro concepto de la justicia de Dios. De hecho, en su capítulo IV sobre “La justificación por la fe”, Hoffmann presenta una confusión extraordinaria respecto a este tema, luchando valerosamente por des-interpretar las claras afirmaciones de Lutero. Algunas de sus puntos simplemente son incorrectos.

Por ejemplo, Hoffman dice “Lutero expresa la fuerza creadora de la justicia de Dios en distintos motivos e imágenes: así “simil iustus et peccator” no son dos perspectivas estáticas que coexisten paralelamente, pues la justicia prometida provoca una dinámica” [102]. Esta interpretación de Hoffmann se sale de órbita de la teología de Lutero. Rechazando la esencia fundamental de reconciliación entre el hombre (criatura) con el Dios justo (Creador), Hoffmann necesita reinterpretar tanto la justicia de Dios como la justificación. De este modo expresa su incomodidad con el aspecto forense de la justificación, explicando que esta categoría jurídica de “penas y castigos” era parte del escolasticismo [101]. Hoffmann prefiere seguir una “segunda dimensión” que evita lo que él llama “la división dualista”. Se evidencia el rechazo de las categorías de reconciliación forense entre el Dios en el cielo y el pecador en la tierra (dualismo), en favor de una perspectiva que no presente “una división dualista entre la relación con Dios y la relación con el mundo” [101]. Lo opuesto de una relación “dualista” entre Dios y el hombre es una relación “monista”. Pero otra vez, Hoffmann sólo ofrece una crítica del dualismo de forma tendenciosa, sin aclarar lo que quiere decir. Otra vez, falta claridad teológica.

Siguiendo su linea no-forense sino dialéctica-liberación, Hoffmann no suelta sus categorías anti-luteranas. La “justificación por la fe” sorprendentemente se convierte en ¡liberación social del hombre! “La palabra es palabra viva porque abre a la vida, así como la justicia de Dios es la acción de Dios que procura la justicia” [72; énfasis mío]. Pero es una liberación totalmente horizontal, sin relación a ninguna reconciliación forense con un Dios trascendente. “Con esto queda claro que el concepto de la libertad de Lutero se relaciona de manera directa con el de justificación. En la justicia concedida por Cristo, el creyente recibe la historia que lo determina y que justo no resulta de su hacer, sino que siempre lo precede … Es por eso que el concepto de libertad de Lutero no puede ser entendido sin comprender primero su concepto de justicia: en el primero se expresa la relación terrenal del ser humano, en el segundo su relación con Dios” [126; énfasis mío]. El sentido de estas citas no es muy claro, porque Hoffmann está tratando de tomar palabras que significan una cosa y forzar otro sentido sobre ellas. No es una tarea muy fácil, y los lectores tendrán que juzgar si Hoffman tiene éxito.

El Dr. Peter Jones ha demostrado que el liberalismo teológico en sus variadas formas participa de la esencia fundamental del paganismo: es “unista” en el sentido de Romanos 1 (ver su libro Uno o dos; viendo un mundo de distinciones, CLIR). Pablo dice que el incrédulo rechaza adorar y servir al Creador, rehusando reconocer la realidad “dos-ista” del universo (Creador / criatura), y adora y sirve a lo creado. Esta distinción entre dos-ismo y un-ismo es fundamental para absolutamente toda faceta del Evangelio, especialmente la doctrina de la justificación. La biblia enseña que el Dios trascendente y justo, quien tiene su existencia fuera del mundo, nos reconcilia consigo imputándonos los méritos de Cristo por medio de la fe. Llámese “dos-ismo”, o “dualismo” (menos apropiado por mucho bagaje filosófico), no hay teología bíblica sin este reconocimiento fundamental.

Hoffmann desecha el Dios “en el cielo”, y el concepto forense de la justificación, y por lo tanto enreda y confunde categorías con sus esfuerzos por convertir a Lutero en teólogo dialéctico marxista: “Esa comunión (con Dios) rompe el poder del pecado sobre los cristianos (justificación forense) y los libera así a una nueva vida en el espíritu de Cristo (justificación efectiva)” [102,103]. En el contexto, Hoffman da a entender que esto es lo que Lutero enseñaba. Pero el mismo Hoffmann tiene que saber que la justificación “forense” específicamente no se refiere a romper el poder del pecado. ¡Esa era la enseñanza de Roma que Lutero refutó!

Así sucede que como por un pecado ajeno, todos fueron hechos pecadores, también por una justicia ajena todos son hechos justos, como lo hace notar San Pablo en Romanos 5″ [85; citando el Comentario de la carta a los Gálatas de Lutero].

Por lo tanto somos justos extrínsecamente cuando lo somos no por algo procedente de nosotros, no por nuestras obras, sino sólo por la imputación de justicia de parte de Dios; pues su imputación no se basa en algo dentro de nosotros ni está en nuestro poder …

… siendo en realidad pecadores, son justos, porque Dios, que tiene compasión de ellos, los conceptúa justos. Son justos de una manera que sobrepasa su entendimiento, y son injustos según su propio saber y entender. De hecho son pecadores, pero son justos en esperanza” [86, citando El comentario a la carta a los Romanos de Lutero].

No hay palabras más claras para demostrar que Lutero se mueve en un universo “dos-ista”, en que el Dios justo es separado del hombre y otorga, “imputa”, “conceptúa” a los suyos justos de manera forense, y no de una manera transformadora (en cuanto a la “justificación”). Lutero es claro que Dios transforma al creyente en el proceso de salvación, pero la justificación no es esa transformación, sino el fundamento de la reconciliación entre dos personas: el pecador con su Creador.

Hoffmann mezcla diferentes teologías en su esfuerzo por re-interpretar la enseñanza bíblica de la justificación. No le importa ser muy ecléctico en esta instancia. Su tercera sección, “participación en la justicia divina”, mezcla ideas que nos recuerdan de N.T. Wright [él cita Eberhard Jungel], definiendo la justificación como un acto en que Dios incorpora al pueblo bajo su pacto: “ser reconocido por Dios, y por otro lado la fuerza transformadora de Dios” [98].

En este contexto debemos notar un punto importante. Hoffmann había presentado una frase que suena familiar y agradable a todo cristiano: “la perspectiva de la cruz”. Sin embargo, el lector notará una tremenda ausencia en este libro de Aquél que murió en la cruz: Jesucristo. El autor habla de las “perspectivas teológicas” de Lutero, y cómo su lucha con Roma sobre las indulgencias puso “de relieve la cruz como perspectiva directriz de cualquier teología” [17]. Pero en sus escritos y en sus sermones Lutero habla de una persona, Jesucristo mucho más de lo que habla Hoffmann. Y creo que si Lutero pudiera hablar hoy, nos haría una pregunta muy sencilla a todos: “¿Ud conoce a Jesucristo? ¡Jesús no es una idea abstracta, no es una “perspectiva”, mucho menos una ideología de liberación!” Los esfuerzos de Hoffmann de presentar al Cristo que se oculta, se revela indirectamente, y no imputa sus méritos a los suyos sino que de alguna forma está presente en las luchas sociales, lo colocan lejos de la teología de Lutero. En la opinión de este escritor, ni presenta bien a Lutero, ni logra con éxito convertirlo en teólogo dialéctico al estilo de Moltmann o Schaull.

La justificación por la fe

Al no acertar Hoffmann con su interpretación de la “justicia de Dios”, hemos notado que su concepto de la “justificación” es igualmente deficiente. Como el testimonio total de Lutero declara una justificación por los méritos “imputados” de Cristo, Hoffmann tiene que reconocerlo. Pero hace todo lo posible por convertir “imputación” en otra cosa que no sea la “declaración de Dios que el pecador es aceptado y reconciliado solamente con base en los méritos de Cristo” (sola gratia, solus Christus, sola fide). Primero define la justificación como “darle la razón a Dios, creer y por consiguiente cumplir con el primer mandamiento” [100]. Sencillamente, esto no es el concepto de la justificación que tenía Lutero.

Segundo, mientras Hoffman reconoce que Lutero coloca la “justificación” dentro de las categorías jurídicos, forenses [101], confunde la enseñanza de Lutero. Hoffmann trata de decirnos que Lutero mezcló dos categorías en su definición de la justificación: “Para Lutero, justificación no significa apenas ser declarado justo, también ser hecho justo” [101]. Hoffmann reprende a los padres luteranos por no conservar fielmente la verdadera enseñanza de Lutero: “Ese concepto de justicia originado en el Antiguo Testamento es el complemento necesario del sentido jurídico: Dios quiere realizar su justicia en el mundo y en el ser humano … En su justicia, Dios actúa en el devenir del mundo transformándolo. Así es como se presenta su justicia, Él mismo como fuerza creadora y redentora … Esto no siempre ha sido conservado con tanta claridad por el luteranismo. Las dimensiones forense y efectiva fueron más bien separadas rápidamente como dos fases temporalmente consecutivas…” [101]. ¿Será probable que los luteranos los separaron porque el mismo Lutero lo hacía? Aceptamos que Lutero une la justificación con la regeneración y la santificación, tal como lo hicieron todos los reformadores. Son partes inseparables de la salvación, y Lutero muchas veces une en la misma oración el fundamento de nuestra salvación (ser contados justos, la justificación) con los frutos de la redención en Cristo (consuelo, obediencia, libertad, etc). Pero cuando Lutero trata específicamente la naturaleza de la justificación, su testimonio es uno sólo: la justicia ajena de Cristo nos es contada. No hay ningún elemento “en” nosotros que cuente para la justificación. No somos “constituidos” justos en la justificación, sino “declarados” justos siendo pecadores.

Hoffmann prefiere una “segunda dimensión” de la justificación, ¡que no se encuentra en Lutero! De forma poco hábil, Hoffmann confunde exactamente lo que Lutero aclaró: la diferencia importantísima entre la “justificación” y la “santificación”. Roma los revolvió – creando una religión sincretista, semi-pelagiana que incluía obras meritorias para la justificación. Hoffmann hace exactamente lo mismo (con otras palabras), convirtiendo la reconciliación con Dios trascendente en liberación social del hombre a través del Cristo “infuso”, oculto. Con Hoffmann, nos hemos vuelto a Roma; sólo en el esfuerzo por la libertad política y social encontraremos la justificación. Lo único que hizo Hoffmann era trocar las indulgencias del Papa por la creación de bancas comunitarias; en esencia tenemos el mismo mensaje.

¿Dónde está la resurrección?

La resurrección de Cristo para Hoffman no juega el papel definitivo que tiene en la teología de Lutero. Es más, el sistema de Hoffmann podría prescindir por completo del concepto de resurrección y quedarse intacto. No así la teología de Lutero:

Antes bien, la justicia cristiana consiste en que yo crea con absoluta firmeza que la resurrección de Cristo, su ascensión y su estar sentado a la diestra del Padre es mi resurrección, mi ascensión, que yo estoy sentado en su regazo y en íntima compañía con él” [Sermón de Lutero, Jesús, el mediador de la justicia verdadera].

Descarga el artículo completo aquí.

Deja un comentario

Archivado bajo Crítica, Teología