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¿Son las armas el verdadero problema?

armas.jpgpor Peter Jones

Decir que las armas son la causa de la violencia simplemente muestra la falta de lógica e ineptitud moral por parte del pensamiento occidental contemporáneo en su intento por silenciar un sentido genuino del bien y el mal y por difamar falsamente a la oposición. Es “el corazón [el que] es engañoso más que todas las cosas y perverso. ¿Quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jeremías 17:9-10).

Identificar los medios (armas de fuego) utilizados en el asesinato masivo de la secundaria como la causa de esos asesinatos es ilógico. La gente comete crímenes. Aquellos que maquinan maldad y están llenos de odio usarán toda clase de medios físicos para llevar a cabo sus actos: pistolas, bombas, fuego, cuchillos, automóviles o inclusive los puños. Según la razón que se ofreció sobre los tiroteos en la secundaria, es curioso que aún no hayamos escuchado una estrepitosa demanda para prohibir los automóviles. Un camión de alquiler de Home Depot fue el arma elegida por Sayfullo Saipov, quien atropelló a ocho personas en la ciudad de Manhattan en noviembre del 2017. ¿O cuchillos, cuántas puñaladas se necesitarán antes de que alguien sugiera prohibir los cuchillos?

Tal argumento solo oculta el verdadero problema: la bancarrota moral y social que el pensamiento progresista ha creado en la sociedad occidental contemporánea. [1] Al oponerse a las armas, algunos creen que están mostrando una mayor preocupación. Pero el argumento es una mera pantalla —falsa moralidad— que revela una completa escasez de verdadero razonamiento moral. La sociedad, descaradamente funciona así:

  • Haz tanto alboroto como sea posible al momento del acontecimiento, vociferando contra los despiadados que apoyan las armas o acuda a la segunda enmienda;
  • Promueve el “asesinato” de los funcionarios de la NRA; [2]
  • Siéntate tranquilamente y disfruta la emoción de una victoria electoral;
  • Vive con el colapso de la Constitución;
  • Disfruta del socialismo en América.

La cultura de las armas en los Estados Unidos tiene más de doscientos años, y estas no han cambiado mucho en los últimos cien años. Lo que ha cambiado es la cultura. Su impotencia moral probablemente afecta a los niños más que a cualquier otra persona. Muchos niños ahora crecen sin un padre, sin un núcleo familiar, desligados de las raíces judeo-cristianas de nuestra cultura, y sin respeto alguno por la autoridad. La Biblia es ridiculizada. La pornografía y desviación sexual son comunes. Con tan solo presionar un botón, los niños tienen acceso a cautivadores vídeo juegos que enaltecen el sexo y la violencia. Estados Unidos sufre una crisis espiritual, no una crisis armada. Estamos cosechando los frutos de una cultura postcristiana y amoral, una enardecidamente apoyada por los baby boomers y sus hijos. [3] Sin un avivamiento moral y espiritual, los niños estadounidenses seguirán muriendo en un gigantesco experimento social izquierdista, que se ha disparado en los promotores de la espiritualidad no binaria, en la que (como en las culturas paganas alrededor del mundo) unimos los opuestos del bien y el mal ¿Es de extrañar que nuestros hijos no logren reconocer el verdadero mal, las consecuencias finales o al máximo dador de la ley?

¿Qué fue lo que impidió que Nikolas Cruz, autor del asesinato masivo en la secundaria de Florida, obtuviera la ayuda que necesitaba? Parecemos incapaces de realizar el verdadero trabajo moral y espiritual de aconsejar a las personas afectadas. ¿Qué fue lo que detuvo al personal de la escuela, la policía local, el FBI o incluso los vecinos de detener a Cruz en sus ataques? ¿Incompetencia moral? ¿Miedo a involucrarse en una interferencia políticamente correcta? Estamos moralmente perdidos.

En enero de 2018, Tnuza J. Hassan fue arrestada por provocar ocho incendios en siete edificios de la Universidad St. Catherine en St. Paul, Minnesota. Al parecer, esta chica jihadista de 19 años le había comentado previamente a los agentes del FBI que quería unirse a Al Qaeda y casarse con un combatiente, y que incluso podría portar un cinturón suicida”. (Consulte la noticia de “The Associated Press” (AP) en USNews.com). “También manifestó que estaba enfadada por las acciones militares de los EE. UU. en el exterior y admitió que trató de alentar a otros a unirse a la “lucha jihadista”. Al parecer, estas declaraciones no fueron suficientes para que el FBI la detuviera o arrestara. Tras su liberación, ella continuó con sus planes terroristas. No hubo armas. Ella provocó ocho incendios.

El problema no son las armas ni el fuego, sino una sociedad Occidental postcristiana y moralmente disfuncional, desenfrenada por la sabiduría moral. En una entrevista con Ellen DeGeneres, Oprah, gozosa y jactanciosamente anunció que donará 500,000 dólares a la próxima “Marcha por la vida”. Uniéndose así a otros progresistas como George y Amal Clooney, Jeffrey y Marilyn Katzenberg, Steven Spielberg y Kate Capshaw. Estudiantes “tomarán las calles de Washington DC para exigir que sus vidas y seguridad sean prioritarias, y que la violencia armada y los tiroteos en masa se detengan”.

Decir que las armas son la causa de la violencia simplemente muestra la falta de lógica y la ineptitud moral del pensamiento occidental contemporáneo en su intento de silenciar un sentido genuino del bien y el mal y difamar falsamente a la oposición. Es “el corazón [el que] es engañoso más que todas las cosas y perverso. ¿Quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jeremías 17: 9-10). El recientemente fallecido y apasionado evangelista, Billy Graham, le enseñó esto al mundo durante siete décadas. Solamente si honramos al Dios de las Escrituras y clamamos a su Hijo Jesús por perdón y misericordia, encontraremos alivio de nuestras maldades. Dios no nos salva de armas de fuego o cuchillos, sino de la completa descomposición moral en este mundo y de los eternos resultados de nuestra violencia actual en el mundo venidero.

[1] Encontrarás este artículo atractivo, ya que atribuye los tiroteos masivos al progresismo, no a las armas de fuego.

[2] NRA: “National Rifle Associaton”.

[3] Se conoce como “baby boomers” a la generación nacida entre los años 1946-1964 aproximadamente.

Traducido por Neytan J. Jiménez

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Elecciones Costa Rica – ¿fruto amargo?

por Guillermo Green

Hace aproximadamente un año muchas personas (especialmente padres de familia) comenzaron a despertarse ante un impulso extraño y fuerte dentro de la educación pública.  La cara más visible son las hoy “famosas” guías sobre la sexualidad, que fomentan una perspectiva sexual que Peter Jones llama “unista” (panteísta) – es decir, totalmente ajena al marco bíblico, y en función de un programa que aleja al hombre de todo sentido de ser hecho a la imagen del Dios Creador – “varón y hembra” (recomiendo los dos libros de Peter Jones:  Uno o Dos /  El Dios del sexo, disponibles en CLIR, Tel 2229-7007).

Los que hemos seguido las corrientes “paganas” dentro y fuera del gobierno costarricense sabemos que las raíces son mucho más profundas.  De hecho, no son sólo las guías sexuales sino todo el currículum que está contaminado – lo dijo la misma Ministra de Educación.

Pero es el momento de poner los pies en la tierra y abrir los ojos.  La verdad es que durante los últimos CINCUENTA  (¡50!) años o más, la población costarricense ha financiado con sus impuestos a varias instituciones educativas (UCR, UNA, TEC entre otra) que se han dedicado a desbaratar la cosmovisión bíblica, destruir cualquier vestigio de “fe” que tengan los estudiantes, y preparar paganos practicantes para todas las esferas de la sociedad, especialmente el gran aparato de la Educación Pública y el Estado.  No hace falta testimonio personal para ver lo que está pasando, pero añadiré el mío.  He tenido vecinos que son profesores en la UCR, ¡de teología!, cuya meta expresa es destruir una sencilla fe en la Palabra de Dios.  He tenido a muchos amigos universitarios que me han relatado el ataque contra el cristianismo directo o indirecto de parte de sus profesores.  Todas las mañanas se puede escuchar en “Radio U” los ataques contra uno u otro aspecto de una cosmovisión bíblica, mientras superficialmente denigran “el patriarcado”, “el machismo”, “el capitalismo”, “el fundamentalismo”,  y otra vuelta a lo mismo como disco rayado.  Y ¿cuál ha sido el fruto?  Un sólido y continuo incremento en embarazos de jovenes solteras, violencia doméstica, uso ilícito de drogas, suicidios (especialmente entre jovenes), divorcios, corrupción imparable, e inconformidad general con las condiciones personales y sociales de la gente.  ¿No es obvio para el más sencillo?  Entre más nos “evangelizan” los paganos, peor se pone la sociedad.

Mas de una persona ha denunciado las “fábricas” de paganos (las universidades), pero la población costarricense prestó oídos sordos, y siguió votando por los mismos líderes políticos comprometidos con este rumbo durante décadas.  Pero ahora que el árbol produjo fruto, y ¡bastante!, no nos gusta.  Sabe feo.  Es amargo, no, podrido.  Y entra en operación el salto visceral del padre o la madre mientras trata de proteger a su hijo de este fruto amargo y podrido.  Por lo menos existe todavía amor paternal y maternal…

PERO ninguna acción superficial va a cambiar el sabor del fruto; se requiere cortar la raíz.  Y se debe comenzar con el sistema educativo, porque es aquí donde tenemos el círculo cerrado.  Las universidades maleadas producen los políticos que establecen guiás y políticas nocivas, y producen profesores (algunos, ¡no todos!) y especialmente directores, que van a implementar las reglas.  De ahí el currículum enseña un montón de cosas como si Dios no existiera y el hombre fuera dios en la tierra.  Poco a poco se está creando toda una “atmósfera” atea en que Dios no encaja.  Después cuando se intenta decir “¡Pero Dios dice… !”  lo van a mirar con frente funcida y decir “¿cuál dios?”

La educación debe estar bajo la autoridad de los padres, no bajo políticos formados por un sistema que ha declarado la guerra contra Dios.  Costa Rica debe dar entera libertad a las escuelas privadas para enseñar como los padres dicten.  Y las escuelas públicas deberían obedecer más a la voluntad de los padres.

¿Qué tiene que ver todo esto con la elecciones?  Pues, mucho.  El PAC ha sido el promotor más fuerte y efectivo hasta el momento de implementar un currículum anti-Dios.   Hace años Dios fue quitado de todas las materias “normales”.  Y hoy el gobierno de Luis Guillermo ha montado un ataque frontal mediante el currículum escolar.  Se supone que Carlos Alvarado seguirá el mismo rumbo, pues no hay nada que contradiga ello.  Y el pueblo costarricense dio su voto a un partido dedicado a la re-interpretación del mundo, de la vida, del ser humano, y de la fe, una re-interpretación contraria a lo revelado en las Escrituras.  Pero es una agenda que está dando FRUTO AMARGO.  Nada más compre un periódico si no me cree.  En un futuro post hablaremos del porqué la obsesión con la “sexualidad”, porque sí hay un motivo que se debe reconocer.  Por ahora, tomemos consciencia.  La educación debe ser devuelta a los padres, a quienes les corresponde.  Y las universidades estatales ¡des-paganizadas!

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Elecciones en Costa Rica

por Guillermo Green

Anoche Costa Rica recibió las noticias sobre su nuevo presidente.  Contrario a la encuestas, ganó el candidato del PAC, el partido que actualmente tiene el poder en el gobierno.  Hay algunas cosas que podemos observar en esta elección.

  1. Dios es soberano.  El pueblo tiene lo que Dios ha dispuesto.  El cristiano sabe que el reino de Dios continua sin parar, hacia el Día Final cuando todos rendiremos cuentas.  El cristiano descansa y persevera.
  2. El pueblo tiene lo que merece.  Como gozamos de la libertad de elegir libremente a nuestros líderes, gracias a Dios, el pueblo ha eligido al que quiere – para bien o para mal.
  3.  Las encuestas una vez más se ven imprecisas y equivocadas.  Debemos olvidarnos de ellas.
  4. Las “profecías” de algunos sobre la candidatura de Fabricio Alvarado se ven lo que siempre sabíamos – inventos humanos.  Que TODOS tomen nota – especialmente Fabricio y los que confiaban en ellas.
  5. La relación de Fabricio con el ala extrema herética del neo-pentecostalismo se prestó para que muchos le “tuvieran miedo”.  Al haber yo tratado a Fabricio personalmente, no creo que habría caído en la trampa de intentar dirigir al país con base en consejos o visiones de su “pastor”.  Sin embargo, demasiadas personas en Costa Rica no quieren correr el riesgo de colocar al país en manos de “locos”.  Aquí vemos que la expresión pentecostal y neo-pentecostal no podrá ofrecer un plan confiable a la mayoría de los ciudadanos.  A pesar de apoyo masivo de muchos católicos, no era suficiente.
  6. Opino que el voto por presidente no era tanto en favor del PAC, sino en contra del RN.  El hecho de haber logrado más diputados el partido de Fabricio, y mucho más Liberación Nacional, es un indicador de que el pueblo costarricense no confía necesariamente en el PAC, sino DESCONFÍA de un presidente neo-pentecostal.

El futuro dirá si el nuevo presidente sigue la campaña de Luis Guillermo contra los fundamentos bíblicos de la familia, la educación, y la libertad.  Los esfuerzos de muchos costarricenses no han sido en vano, y no se debe “darse por vencidos” con los temas de las guías sobre la sexualidad, la ideología de género, y la libertad en varios ámbitos.  Cuatro años en el plan de Dios, para quien mil años son como un día, no son nada.  El cristiano calvinista es siempre un optimista porque su Rey gobierna, habrá justicia en la tierra, y el Espíritu de Dios fortalece nuestro corazón.

¡Soli Deo Gloria!

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La falacia de los “derechos humanos”

(tomado de Prensa Republicana: ver sitio abajo)

Por Gabriel Boragina

Hemos escrito bastante sobre la gran tergiversación en los términos que significa la populista “derechos sociales” o “estado social”, “organizaciones sociales”, etc. Todas fórmulas y expresiones que ocultan un significado muy diferente al que quieren aparentar y que -en definitiva- esconden como objetivo el logro de porciones de riquezas que deberán ser detraídas a unos para ser entregadas al grupo que se oculta tras el adjetivo “social”.

“[…] los derechos individuales han pasado de ser “negativos”, una esfera protegida de acción, a “positivos” una exigencia de materialización de beneficios concretos que inevitablemente exige quitar a unos para dárselo a otros.”[1]

Antiguamente, la única noción concebible -tanto jurídica como filosófica y económicamente- era la de derechos individuales. Todo el mundo, en épocas ya idas, tenía clara conciencia de qué significaban estas palabras unidas, y nadie cuestionaba la claridad de su sentido, al punto que había un gran consenso en cuanto a que separados estos vocablos perdían total representación. Hoy en día las cosas al respecto han cambiado bastante.

“Las libertades sancionadas por las cartas constitucionales de los siglos XVIII y XIX proporcionaban espacios y garantías para la acción libre del hombre, pero no atribuían ventajas sustantivas a nadie. Eran derechos absolutos (incondicionales) porque no tenían “coste”, porque su satisfacción no exigía la cooperación forzosa de los demás.”[2]

No eran derechos positivos sino negativos, en el concepto de que tales garantías constitucionales aseguraban que nadie pudiera interferir con las acciones, libres, voluntarias y lícitas de toda persona, reconociendo la misma obligación negativa hacia los demás. En algunos casos, los autores se refieren a ellos como derechos naturales, propios e inherentes a la condición humana, y por esto recibían este nombre. Constituían la órbita de conducta donde cada uno -sin lesionar los iguales derechos del prójimo- podía hacer lo que se le viniera en gana.

“Si tengo derecho a trabajar y nadie quiere contratarme, alguien (el gobierno) debe forzar a otro para que lo haga. Así, los derechos iguales para todos del liberalismo clásico se han transmutado en desiguales, en discriminaciones. Los modernos derechos sociales son costosos y además generan expectativas de satisfacción crecientes que inexorablemente se traducen en un deterioro, por no decir, en un creciente quebranto de los primeros.”[3]

Los “derechos sociales” son la más pura expresión de la negación del Derecho mismo, y son la causa de todos los males sociales (aunque resulte paradójico). Se tratan -como han expresado profundos pensadores, como el Dr. Alberto Benegas Lynch (h)- de pseudoderechos. Sin embargo, es la corriente imperante y dominante, no sólo en el campo jurídico sino en el económico que es donde más daño causan, ya que para que se cumplan tales “derechos sociales” se deben violar los derechos naturales de otra persona o de un conjunto de ellas. La misma necesidad de tener que calificar la palabra derecho, que ha perdido su sentido univoco para pasar a adquirir otro equivoco, nos da la pauta del caos legislativo y económico en la materia en el que se vive.

“Los derechos, que resultan significativos, son los derechos naturales, no los que se confieren por una autorización legislativa. Los llamados “derechos sociales” de hoy en día no son “derechos” y, sin dudas, no son “programas de ayuda social” pues nadie tiene la facultad de ayudar a expensas de otro; son más bien demandas que la sociedad puede o no satisfacer.”[4]

Participamos de la utilización de la locución derechos naturales que consideramos auténtica y la adecuada para expresar la naturaleza y esencia de los verdaderos derechos a los que antiguamente no era necesario adjetivar. Como bien expresa el autor que ahora comentamos, los derechos jamás provienen de la ordenanza gubernamental, ni de decreto, ni aun de ley positiva alguna. El poder político ha de reconocer los derechos individuales o naturales, mas no puede crearlos y, por supuesto, mucho menos abolirlos. Así, la Constitución de la Nación Argentina reconoce tales derechos individuales, aunque -lamentablemente- después de la infortunada reforma sufrida en el año 1994 su texto se vio desnaturalizado por completo.

“Y no obstante, en las democracias industriales modernas, a un gran número de ciudadanos se les exige trabajar para mantener a otros: en Suecia, el Estado más retrógrado en este sentido, por cada ciudadano que se gana la vida, 1.8 son mantenidos completa o parcialmente por los impuestos que él debe pagar; en Alemania y Gran Bretaña la proporción es de 1:1, y en los Estados Unidos de 1:0.”[5]

Si este es el panorama de las democracias industriales modernas imagínese el lector cual será el de los populismos latinoamericanos, donde del asistencialismo social se ha hecho más que una cultura, sino un culto mismo, y en los cuales postular la disminución o eliminación de los programas sociales de “ayuda” (en el caso particular de Argentina conocidos como “planes sociales”) es un tema tabú y merecedor de la más severa condena social para quien siquiera lo insinúe.

“Los pensadores comunistas y fascistas insistieron en que las personas somos sólo títeres de los supuestamente inapelables “capitanes de la industria”, un argumento falaz pero atractivo y conveniente para justificar que la política nos recorte o arrebate la libertad. Podemos decir que estamos en manos de leyes históricas inapelables, como diría Marx, o de héroes imprescindibles, como diría Carlyle, o de sombríos poderes económicos, como han sostenido cientos de artistas.”[6]

Para evitar esto, los propios comunistas han propuesto -como lo aclara el mismo autor líneas más abajo- la creación de los denominados “derechos sociales”. Es justamente en esos falsos “males” invocados por socialistas y fascistas (como los nombrados) que se sostiene que estamos “necesitados” de “derechos sociales”. Lo que realidad quieren es suprimir los únicos derechos reales existentes: los individuales o naturales (como lo han hecho y lo continúan haciendo). La idea de fondo es que el gobierno pueda manejar nuestras vidas y recursos como mejor le parezca.

[1] Lorenzo Bernardo de Quirós “Las consecuencias políticas del liberalismo: La declaración de derechos y el debido proceso”. Seminario Internacional sobre la Democracia Liberal. Democracia, Libertad e Imperio de la Ley. Sao Paulo. 15/16 de mayo Pág. 18-19.

[2] Lorenzo Bernardo de Quirós …ibidem.

[3] Lorenzo Bernardo de Quirós …ibidem.

[4] Richard Pipes. “Propiedad y Libertad: La Piedra Angular de la Sociedad Civil”. Fundación Friedrich Naumann. México Business Forum Pág. 23-24

[5] Richard Pipes. …ibidem, Pág. 23-24

[6] Carlos Rodríguez Braun “Cultura y economía”. Revista Libertas 41 (octubre 2004) Instituto Universitario ESEADE Pág. 4

https://prensarepublicana.com/la-falacia-los-derechos-sociales-gabriel-boragina/

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Gracia común y maldición común

Por Guillermo Green

En la misericordia de Dios, pude someterme a una operación de cadera, en la cual el médico corta todo el hueso de mi cadera gastada, y la reemplaza con una prótesis de titanio y nylon de alta densidad.  Doce horas después de cirugía estaba caminando con muy poco dolor, y escribo esto 10 días después de la operación.  Estoy casi llevando una vida normal.  Increíble.

Mientras reposaba en el hospital con tan poco dolor y tan excelentes resultados, meditaba en el significado teológico de lo que me acababa de acontecer.  Sabemos por la Biblia que las caderas defectuosas, el dolor, y finalmente la muerte – son el fruto justo de la condenación de Dios sobre nuestro pecado.  Cuando Dios maldijo la tierra, al hombre y a la mujer, Dios “sujetó a vanidad” toda la creación (Romanos 8:20), y en especial, a la raza humana.  El dolor, la enfermedad y la muerte son recordatorios justos de nuestra condición de rebeldes y pecadores.  Juan Calvino suele decir que debemos sobrellevar las penas de esta vida sin reprochar a Dios, sabiendo que merecemos el mismo infierno.  Todo don y beneficio que obtenemos aquí es misericordia sobre misericordia.

Por supuesto que este enfoque de las cosas contradice toda corriente moderna que deifica al hombre.  El hombre moderno, creyéndose dios, o parte de dios, continúa afirmando que “merece” lo mejor.  La realidad es exactamente lo contrario.  Merecemos el infierno.  Si tenemos vida, tan siquiera, es misericordia.

Pero, ¿cómo debemos interpretar una cadera nueva, que alivia mi dolor y me permite obtener un mejor nivel de vida?  ¿Cómo explicar que Dios mismo permita que el hombre hoy combata la misma maldición de Dios?  Porque al pensarlo bien, Dios ha permitido que la medicina moderna eche atrás la maldición que Dios mismo impuso.  ¡Cosa tremenda esto!  En mi lecho hospitalario meditaba en esto, y creo que podemos llegar a por lo menos dos conclusiones.

1)  Ante los avances increíbles de la medicina moderna, los cristianos estamos conscientes que es Dios quien lo está permitiendo.  Pero los hombres incrédulos no le dan la gloria a Dios.  Ante tal magnitud de ingratitud, sólo podemos concluir que estas personas están acumulando aún más condenación ante el Creador.  Dios en su misericordia permite que los hombres impíos minimicen la maldición que merecen.  Pero el impío se gloría en sí mismo, en lugar de reconocer humildemente que es Dios que lo está otorgando.  Lamentablemente, los maravillosos logros en medicina sólo están acumulando mayor condenación para aquellos que los usen sin darle la gloria al Creador.

2) Para los cristianos que aprovechamos los beneficios extraordinarios de la gracia común, debe provocar en nostros un profundo sentido de gratitud y humildad.  Hace tan solo cincuenta años o menos, mi condición habría sido la de quedarme sentado el resto de mi vida en una mecedora, soportando dolores cada día más fuertes.  Dios ha permitido técnicas que no sólo alivian el dolor, sino que permiten una vida renovada de actividad.  Todo esto debe servir para provocar gratitud, humildad, y el propósito de servir a nuestro Dios con renovadas ganas.

En muchas ocasiones las personas expresan maravilla ante la “medicina moderna”, y con justa razón.  Cada día escuchamos de avances que asombran.  O experimentamos en carne propia estos beneficios.  Pero el verdadero asombro debe ser reservado para Dios.  Dios está permitiendo que los hombres – pecadores – amortiguen y venzan la maldición común sobre la tierra.  Merecemos castigo y muerte.  Dios permite alivio y vida.  ¡La verdadera maravilla!  Estamos viviendo momentos en que la “gracia común” de Dios triunfa sobre la “maldición común”.  No perdamos la oportunidad de aprovechar esto en exhortar a todos a reconocer la gracia de Dios, manifestada de forma suprema en su Hijo, Jesucristo.

Y los que somos beneficiarios de la medicina moderna, que incluye casi todos los que leerán esto, no olvidemos de darle la gloria al verdadero Dador de la medicina: Dios.

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Aborto – ¿para evitar la maternidad?

Por Guillermo Green

En media hora se inicia una reunión en la Universidad Nacional de Costa Rica para promover el acto ilegal, inhumano e inmoral:  el aborto.  El argumento de la invitación a la reunión dice:  “El cuerpo de la mujer como mercancía: entre el acoso y la imposición de la maternidad en Costa Rica”.

El propósito de mi breve artículo es señalar la monstruosa falacia de su agenda.  Proponen el aborto como respuesta al abuso de la mujer, y al embarazo de la mujer.  Falacia más grande no nos podemos imaginar.

Con respecto al acoso, nuestras leyes penalizan y castigan esta conducta, inclusive con cárcel.  ¿Qué tiene que ver el aborto con esto?  Nada.

Con respecto a la maternidad: a ninguna mujer se le obliga a tener relaciones sexuales, las cuales a menudo terminan con un embarazo.  La excepción, por supuesto, es en caso de violación, la cual debe ser castigada mucho más severamente, en mi opinión, de lo que es actualmente.  Castigue al violador.  Pero no mate al bebé inocente.

Los abortistas quieren utilizar el aborto como si fuera un anticonceptivo.  Pero claramente no lo es.  Ya concibió la mujer, y se tornó madre.  Lo hizo voluntariamente.  Sabía que las relaciones sexuales a menudo producen un embarazo. Ahora debe tener su bebé, y criarlo responsablemente, o darlo en adopción si así lo desea.  Sobran parejas que quieren adoptar.

En algunos casos, los abortistas son personas irresponsables con su lógica, e irresponsables con la vida.  No se mata a un ser humano por los errores o inconviniencias de otros.  Yo no tengo derecho de matarlo a usted, querido lector, porque mi vecino me agredió.  ¡Que locura!  El bebé dentro del vientre de una mujer llegó a estar ahí por las formas que fueran – felices o infelices.  Pero ahora es un ser humano con todos los mismos derechos que usted y yo.  No seamos tan irresponsables como para recomendar el homicidio como “solución” a mis malas decisiones.

En otros casos, los abortistas son agentes serviles de empresas que desean lucrar del “homicidio legalizado”.  Se sabe que Planned Parenthood y sus subsidiarios han traficado en partes de fetos, vendiéndolos al mejor comprador.  Les sirve que más países y más mujeres se embaracen y aborten.

En última instancia, el aborto es casi la consecuencia final de la rebelión contra el Creador de vida.  Matar deliberadamente el fruto de la unión de un hombre con una mujer es levantar el puño contra el Creador de vida, y es escoger muerte.  Muerte en muchos sentidos.  Posible muerte del alma de la madre que sabe que está matando en sangre fría a su propio hijo.  Muerte de la consciencia de una sociedad que en lugar de defender a los más indefensos, monta embestida grotesca contra ellos.  Muerte del honor de los ciudadanos que se quedan callados, o se vuelven el rostro para no saber nada.  Muerte del futuro de la sociedad, cometiendo genocidio y sacrificando el futuro sano humano.  Muerte eterna por matar a uno creado a la imagen de Dios – si no hay arrepentimiento.

El aborto = Muerte de todo ello.  Y más….

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¿Homofobia, Cristofobia, o cuál fobia?

por Guillermo Green

 

Hoy escuchamos de todas las “fobias” menos una.  Se escucha de homofobia, transfobia, lesbofobia, todofobia – MENOS “Cristofobia”.

No soy uno para rebajarme a este nivel pobre de argumentación.  No acepto las mismas premisas falsas de estos argumentos basados en supuestas “fobias”.  Pero permítame ayudar a esclarecer un poco lo que realmente se oculta detrás de las supuestas “fobias”.
Como bien ha explicado Nicolás Márquez, no existe tal cosa como la “homofobia” como patología psicológica.  De hecho, en sentido literal significaría “miedo de los hombres”, y claramente esto no es lo que quieren decir con llamar a alguien un “homófobo”.  Si quieren ser literalistas, tendrá que decir: “homosexualfóbico”,  que obviamente ocuparía demasiada tinta y papel, dada la cantidad de ocurrencias modernas de esta palabra.
Y tampoco existe la “homofobia” por otra razón, porque no hay personas que literalmente “tienen miedo” a los homosexuales.  El propósito del término “homofóbico” es usado, violando su significado lingüistico, para significar ni más ni menos que:  “homosexualodiador”.  Pero un término honesto tendría demasiados problemas de aceptación, por lo tanto se prefiere un término que finge “lástima” por el homófobo, que no es lástima, sino el mismo odio hacia los que no comparten su agenda.
Pero estos términos de “fobias” no tienen nada que ver con síntomas psicológicas tratables, sino que son epítetos para manipular el lenguaje, con el fin de crear VÍCTIMAS y OPRESORES.   Fiel a una agenda neo-marxista necesitada de producir la futura utopía con base en el conflicto social, los ingenieros sociales orwelianos de nuestros tiempos buscan crear “realidades” a través de palabras y frases.  Todos estos términos de “fóbicos” que se relacionan a la agenda de la ideología de género, son meramente herramientas lingüísticas para primero crear divisiones sociales, y luego acallar, aplastar, hasta encarcelar a los intransigentes.  En Inglaterra, Canadá, y EEUU ahorita hay casos en que los “homófobos” están siendo demandados por los homosexuales, han sido multados, les quebraron sus negocios, desprestigiaron sus reputaciones, o han sido amenazados con cárcel, y hasta presos.  ¡Alegre tratamiento para los pobres enfermos!  De esta manera se ve claramente que es el odio hacia los no-homosexuales el que impulsa la agenda.
Y esto nos lleva a la “Cristofobia”.  Si fuéramos a aplicar las mismas tácticas, el mundo tendría que lanzar contra los que odian el cristianismo el nombre de “cristófobos”.  Es patente el odio hacia la religión bíblica, hacia el Dios de la biblia que prohíbe sus prácticas desenfrenadas, su libertinaje y su pecado.  Como “fobia” equivale realmente “odio” en la agenda LGBT, el apelativo “cristófobos” les aplica como anillo al dedo.
Si los homófobos pueden ser multados, ¿por qué los cristófobos no?  Si los homófobos pueden ser demandados, ¿por qué los cristófobos no?  Si los homófobos pueden ser arrojados a la cárcel por discriminacion, ¿por qué a los cristófobos no?
El hecho es que ha sucedido la conquista de la sociedad, y vencieron los cristófobos.  Mejor dicho, vencieron los “cristoodiadores”.   Ahora estamos frente a una hegemonía casi completa no de gente con ninguna patología.  Son personas que cumplen la Palabra de Dios, como lo explica el apóstol Pablo:
(Romans 1:21-27)  “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.  Profesando ser sabios, se hicieron necios,  y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.   Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos,  ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.   Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza,   y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío”.
Nada de esto tiene que ver con una “fobia” u otra.  Dejémenos de juegos pueriles.  Es muy claro que se tiene que ver sencillamente con el odio hacia el Creador, y el rechazo del marco de sexualidad que Dios estableció para el hombre.  No hay “homófobos” ni “cristófobos”.  Los hombres se dividen en dos grupos nada más:  adoradores del verdadero Creador, y necios que suprimen la verdad de Dios.
Sería útil restablecer el uso correcto y honesto del lenguaje.

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