¡Esto lo cambia todo!

 

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7 de marzo del 2017, por E. Calvin Beisner

El “consenso” de la ciencia del clima ha dado por sentado durante décadas que la gran mayoría del aumento de la concentración atmosférica de dióxido de carbono (de alrededor de 280 partes por millón en volumen [ppmv] antes de la revolución industrial a alrededor de 400 en la actualidad) ha venido de la quema de combustibles fósiles para producir energía. En ese supuesto, los científicos en “consenso” han alegado que la actividad humana ha impulsado la totalidad o la mayor parte del calentamiento global durante ese tiempo.

La mayoría de las críticas de ese pensamiento se han centrado en la “sensibilidad climática”: ¿Cuánto de este calentamiento proviene del CO2 atmosférico añadido, con “escépticos” que optan por la “sensibilidad del clima” en el rango de 0,5 – 2,0 grados centígrados, mientras los “alarmistas” optan por 1.5 – 4.5 o incluso más. Estudios más recientes se inclinan cada vez más hacia el rango inferior ya que notan que el calentamiento observado ha sido considerablemente menor de lo previsto.

Pero ¿qué pasa si menos del aumento del CO2 proviene de la actividad humana? Si eso es así, entonces la contribución humana al calentamiento global sería mucho menor también; sin importar cuál resulte ser “la sensibilidad del clima”.

¿Y si el CO2 agregado a la atmósfera permanece allí no por cientos de años, sino solo unos cuantos? Eso también reduciría la contribución humana al calentamiento global.

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Esa es la implicación de un nuevo artículo en Global and Planetary Change (Cambio Global y Planetario) por Hermann Harde, “Escrutinando el ciclo del carbono y el tiempo de residencia del CO2 en la atmósfera”, que llega a la conclusión de que la actividad humana ha contribuido solo el 4% del total de CO2 en la atmósfera y el 15% del aumento del ~120 ppmv en la concentración de CO2 desde la revolución industrial, y ese CO2 que se ha añadido a la atmósfera permanece allí por solo unos 4 años.

Aquí está el extracto:

Los científicos del clima presumen que el ciclo del carbono ha perdido el equilibrio debido al incremento de las emisiones antropogénicas provenientes de la combustión de combustibles fósiles y el cambio del uso del suelo. Esto se considera responsable por el rápido aumento de las concentraciones de CO2 en la atmósfera en los últimos años, y se estima que la eliminación de las emisiones adicionales de la atmósfera se llevará unos pocos cientos de miles de años. Dado que esto va de la mano con un aumento del efecto invernadero y un mayor calentamiento global, una mejor comprensión del ciclo del carbono es de gran importancia para todas las futuras predicciones sobre el cambio climático. Hemos analizado críticamente este ciclo y hemos presentado un concepto alternativo, para el que la absorción de CO2 por los sumideros naturales escala proporcionalmente con la concentración de CO2. Además, consideramos las tasas de emisión y absorción naturales dependientes de la temperatura, por lo que pueden explicarse las variaciones paleoclimáticas de CO2 y la tasa real de crecimiento de CO2. La contribución humana a la concentración actual de CO2 se encuentra que es un 4,3%, su fracción al aumento de CO2 durante la era industrial es del 15% y el tiempo medio de permanencia de 4 años.

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Educación sexual en Costa Rica

Por Guillermo Green

Según la Nación esta semana (12/2/2017), la educación sexual del MEP es un “fracaso en las aulas”.  ¡Cosa interesante esta admisión de fracaso de parte de la burocracia más grande y mejor financiada del país!  ¿La casta de los sacerdotes reverenciados están fracasando?  Verdaderamente llama la atención, y leímos con mucho interés las propuestas para dar reversa a tan lamentable situación.

¿La propuesta?  Ni más ni menos que “mas de los mismo” – excepto a más temprana edad.  Sí, el ‘fracaso’ se resuelve tomando control de las mentes más tiernas a edades más tiernas.  En lugar de dar educación sexual en colegio, proponen empezar en la escuela.  Eso va a resolver el dilema.

Pero, ¿cuáles son las muestras del tal ‘fracaso’?  Las dos grandes pruebas del fracaso del programa son:  1)  “El 75% de los jóvenes entrevistados creían que el coitos interruptus era efectivo para prevenir el embarazo”.  Pero, pero, un momento.  Al interrumpir el acto sexual antes de la fecundación siempre es efectivo – a menos que el MEP esté promocionando la idea de que existe nacimientos viriginales.  Cosa que lo dudo. “¡Ah!” ud. dice.  La frase está mal redactada.  Quieren decir que los chicos realmente no interrumpen el acto de coito, y por eso no es efectivo.  ¿Entonces, cuál es el punto?  ¿Deben o no deben tener relaciones?  Todo el programa parece proponer tener relaciones – pero sin embarazos.  Y es que estos evolucionistas inconsistentes nunca logran ver la luz.  Enseñan que el mono no usa condones, la mona pare hijos, y ¿cuál es el problema?  Cuando el homo erectus evolucionó en homo sapiens, ¿por qué cambian las reglas?  Es más, los evolucionistas ateos dan golpes vanos contra la misma naturaleza.  Las niñas ahora son fértiles más jóvenes que antes.  ¡La Naturaleza misma está pidiendo hijos!  ¿Quiénes son estos arrogantes para pelear contra la ley de la Evolución, que hoy dota a los jóvenes con tanta virilidad?

El lector perdonará el sarcasmo, pero el fracaso filosófico moderno es intolerable y ninguna persona inteligente debe hacerle caso a estos ciegos guías de los ciegos.  Los arrogantes “arquitectos” de la sociedad no tienen ningún fundamento para poder definir el propósito del sexo, la función correcta de la sexualidad, el propósito de la familia, el propósito de la niñez y la adolescencia, ni siquiera la identidad del ser humano.  Los disparates contínuos que salen del MEP y de la UCR sobre la sexualidad, la familia, el feminismo y el machismo, la “diversidad”, etc. deben ser suficiente prueba para que todos sean despedidos sin goce de sueldo por incompetentes.

Sigamos con la segunda “prueba” del fracaso del currículum sexual del MEP:  “… el 67% no sabía cómo evitar enfermedades de transmisión sexual”.  ¿Y los sabios del MEP sí lo saben?  ¡Todo el poderío de los países del mundo, organizados en la ONU, promoviendo el “sexo seguro” a través de su brazo pervertido porno-aborto-homosexualista (UNESCO) no lo han logrado.  ¡Y esperan que guilas de colegio sepan resolver lo que nadie ha logrado hacer!  Bueno, hay UNO que sí nos dijo el secreto seguro contra todas las enfermedades venéras, pero al MEP realmente no tiene interés en la salud de los jóvenes: ni salud mental ni física.  Dios dijo “No cometerás adulterio;  no fornicarás”.  Solución perfecta y 100% efectiva.

Es hora de desenmascarar este enfermizo impulso hacia el sexo inseguro.  Según las tablas del mismo artículo, uno de los “logros” entre 2010 y 2015 es que ha bajado la edad de tener relaciones sexuales.  Los educadores conscientes del MEP lamentan que algunos padres se opongan a su agenda de aceptación de la agenda homosexual (“diversidad”), y otros aspectos del currículum, pero no les importa para nada lo que estos padres “retrógrados” piensen.  El tono del artículo manifiesta claramente que el MEP (el Estado) considera que los niños son propiedad del Estado, del MEP, y que todos deben someterse a lo que ellos consideran lo más correcto.

¡Guías suicidas de sus hijos!  Padres, por favor despiértense.  Si amas a su hijo, si quiere lo mejor para él, si quiere que crezca de manera sana mental y físicamente, opóngase al MEP con todas sus fuerzas, y hágale caso al Creador de su hijo – Dios.

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Marxismo cultural:

Ideología de Género y manipulación del habla

Por Nicolás Marquéz

Si hay alguna herramienta utilizada por el marxismo cultural y su consiguiente ideología de género a la hora de ganar terreno en su batalla psico-política, es justamente la del lenguaje. Para tal fin, estos lobbystas no han escatimado en manosear el idioma y el sentido de las palabras, para luego acudir no sólo a su embestida propagandística sino también a la amable quimera del “diálogo” como herramienta de “persuasión civilizada”: “No hay dicotomía entre diálogo y acción revolucionaria. No hay una etapa para el diálogo y otra para la revolución. Al contrario, el diálogo es la esencia misma de la acción revolucionaria”[1] sostenía el agente marxista Paulo Freire, pedagogo brasileño oriundo de Pernambuco (suerte de Antonio Gramsci tercermundista), quien tanto influyó con su famosa obra Pedagogía del oprimido publicada en 1968.

Paulo Freire fue agente comunista y corruptor del lenguaje. El más influyente ideólogo de la subversión cultural de Sudamérica.

Pero tres años antes y con notable vocación visionaria, otro brasileño nacido en San Pablo y pensando desde las antípodas ideológicas de Freire, ya venía denunciando la incipiente trampa “dialoguista” del neocomunismo desde su libro Trasbordo ideológico inadvertido y diálogo (1965): nos referimos a Plinio Correa de Oliveira. Es en esta imprescriptible obra donde este avezado intelectual de derecha advertía que desde la técnica del diálogo las palabras “ecumenismo”, “diversidad”, “pacifismo” y afines, serían las que de ahora en más acuñaría la estrategia comunicacional revolucionaria para engañar a la población y de esta forma “trasbordar ideológicamente” al interlocutor no izquierdista. Estos vocablos especialmente seleccionados eran denominados por Plinio como “Palabra-talismán” y según el autor “Se trata de palabras cuyo sentido legítimo es simpático y a veces hasta noble”[2], motivo por el cual “los conferencistas, oradores o escritores que emplean tales palabras, por ese sólo hecho ven aumentadas sus posibilidades de buena acogida en la prensa, en la radio y en la televisión. Es este el motivo por el cual el radioescucha, el telespectador, el lector de diarios o revistas encontrará utilizadas esas palabras a todo propósito, que repercutirán cada vez más a fondo en su alma” y ante ello, los comunicadores tendrán “la tentación de usarla con creciente frecuencia y así lograrán hacerse aplaudir más fácilmente. Y, para multiplicar las oportunidades de usar tal palabra, la van utilizando en sentidos analógicos sucesivamente más audaces, a los cuales su elasticidad natural se presta casi hasta el absurdo”[3]. Con este mecanismo de acción psicológica, sostenía Plinio que “un anticomunista fogoso puede ser ‘trasbordado’ a un anticomunismo adepto exclusivamente a las contemporizaciones, a las concesiones y a los retrocesos”[4], agregando que el objetivo es “el de debilitar en los no comunistas la resistencia al comunismo, inspirándoles un ánimo propenso a la condescendencia, a la simpatía, a la no resistencia, y hasta al entreguismo. En casos extremos, la distorsión llegaba hasta el punto de transformar a los no comunistas en comunistas”. Por ende los comunistas “esperan mayores resultados de la propaganda que de la fuerza”[5], dado que “ya no es más de los partidos comunistas existentes en los países libres, sino de la técnica de la persuasión implícita, que el comunismo espera la conquista de la opinión pública”[6]. Más aún, decía Plinio que cuanto menos emparentado esté el eventual comunicador con el comunismo, mayor penetración tendrá su mensaje en las masas. No es casualidad entonces que la “ideología del género” esté hoy siendo apoyada por tantos voceros desideologizados o semicultos, frecuentemente pertenecientes al mundo de la farándula, del deporte o del periodismo panelístico: “El partido comunista no puede mostrarse. Debe escoger agentes de apariencia no comunista, o hasta anticomunistas, que actúen en los más diversos sectores del cuerpo social. Cuanto más insospechables de comunismo parecieren, tanto más eficaces será”[7], concluía con impecable certeza Correa de Oliveira, cuya magistral labor intelectual contrarrevolucionaria tiene más vigencia que nunca.

Luego, con este consenso comunicacional hegemonizado y con las bases de este “diálogo” sedimentadas, los sofistas de la subversión cultural comienzan a jugar con las palabras cuyo significado ha sido previamente manipulado, enfatizando aquellas que serían funcionales a su causa y quitando las que podrían resultarles inconvenientes. Es por ello que hace tiempo vienen erradicando por “reaccionaria y arcaica” la denominación binaria “hombre-mujer” y en sentido contrario, multiplicaron sus consignas con la sigla “GLBT” (visualmente acompañadas por pabellones multicolores) correspondiente a “Gays” (homosexuales varones), Lesbianas (homosexuales mujeres), “Bisexuales” (personas que practican actividad venérea con personas de ambos sexos alternadamente) y según el caso, la letra “T” se corresponde con “Travestis”, “Transgenéricos”, “Transexuales” y elementos afines, cuyos significados terminológicos se encuentran en “plena evolución” según informan sus glamorosos catequistas. Tanto es así que los grupos LGTB en sus comunicados han llegado a catalogar un total de 23 “identidades sexuales” (“agenéricos”, “pansexuales”, “intersexuales” y muchas otras ocurrencias) y con esta flexibilidad, se pretende licuar todo paradigma sexual instaurando un verdadero desconcierto discursivo en el cual se diluye cualquier criterio rector y se procura ir arrastrando sutilmente al desprevenido interlocutor hacia su causa o al menos, a ser indiferente ante ella.

En esta inteligencia, uno de los principales triunfos filológicos conseguidos por la maquinaria propagandística del “género” sin dudas ha consistido en imponer en el léxico popular la palabra “gay” (vocablo anglosajón que suena “cool” y vanguardista), la cual no significa absolutamente nada en términos sexuales —“alegre” es la traducción de “gay” del inglés al español— y con ello, se le brinda a una conducta reñida con la naturaleza una connotación sonriente y festiva: “La misma palabra ‘gay’ es un catalizador que tiene la facultad de anular lo que expresaba la palabra ‘homosexualidad’” le comenta en 1981 el periodista Gilles Barbedette al pornógrafo comunista Michel Foucault, cuyo entrevistado celebra este triunfo idiomático respondiendo lo siguiente: “Es importante porque, al escapar a la categorización ‘homosexualidad-heterosexualidad’, los gays, me parece, han dado un paso significativo e interesante. Definen de otro modo sus problemas al tratar de crear una cultura que sólo tiene sentido a partir de una experiencia sexual y un tipo de relaciones que les sean propios. Hacer que el placer de la relación sexual evada el campo normativo”[8]. O sea que con este revestimiento simpático y auspicioso, la cofradía del género toma más impulso para vanagloriase públicamente de sus hábitos procurando así, no que la homosexualidad sea tolerada —nadie se opone a la existencia de dicha tolerancia—, sino que esta praxis sea catalogada de una manera tan valiosa y fecunda como la heterosexual o incluso superior a ella: “Los hombres y las mujeres gays, al conocer mejor sus propios cuerpos, podían estimular y satisfacer a sus compañeros más efectivamente que los hombres a las mujeres”[9], sostiene el ideólogo del género costarricense Jacobo Schifter Sikora, cuyo macizo libro Ojos que no ven…psiquiatría y homofobia se desvive por “demostrar” la superioridad moral homosexual por sobre la heterosexual.

Y así como se ha pretendido con éxito la adulación a toda manifestación cultural emparentada con la homosexualidad, de manera inversamente proporcional se buscó (también con éxito) satanizar a todo aquel que cuestione dicha agenda, imponiéndole al circunstancial contradictor la etiqueta pseudocientífica de “homofóbico”, apodo fabricado por George Weinberg —psicólogo izquierdista aliado a la causa homosexual—, quien inventó dicho estigma para regocijo y gratitud de Arthur Evans, co-fundador del “Gay Activists Alliance” (Alianza de Activistas Homosexuales)[10]: “La invención de la palabra ‘homofobia’ es un ejemplo de cómo una teoría puede echar raíces en la práctica”[11] sostuvo con júbilo. De más está decir que dicha denominación no sólo no tiene el menor rasgo científico (no figura en ningún DSM de psiquiatría) sino que la naturaleza del vocablo incurre en una evidente contradicción: si el prefijo griego “homo” significa tanto “hombre” como “igual”, y del mismo griego surge que “fobia” es un “miedo” o “aversión”, tendríamos que “homo-fobia” es un “miedo o aversión a los hombres o a los iguales”. Es decir, en comprensión literal, la palabra “homofobia” es un sinsentido consistente en que uno siente miedo de los iguales a uno, cuando de existir alguna “fobia” habría de ser del diferente y nunca del afín: salvo que los homosexuales confiesen que no se sienten iguales sino diferentes, pero esta confesión iría en contradicción con el igualitarismo ideológico tan caro al discurso de su respectiva agenda.

O sea que la “ideología de género” impuso la paradoja de brindarle una connotación patológica no a quienes atentan contra el orden natural sino a quienes lo reivindican. No es para menos; la exoneración de todo aquel que se resista al engaño cultural fue una técnica que también supo ser definida por el precitado delincuente idiomático Paulo Freire: “Cuando la creación de una nueva cultura es apropiada pero se la ve frenada por un ‘residuo’ cultural interiorizado es preciso expulsar este residuo por medios culturales. La acción cultural y la revolución cultural constituyen, en diferentes momentos, los modos apropiados para esta expulsión”[12]. Luego, nada más efectivo que inventarle a todo detractor de la ideología de género el infamante apodo de “homofóbico” y así, expulsarlo de la contienda dialéctica: denuesto artificial que ya fue indulgentemente recogido como propio por el grueso de los acobardados exponentes del centrismo bienpensante y el libertarianismo funcional.

Pero estrategias sucias al margen preguntamos: si a los defensores del orden natural se los considera “homofóbicos” y por ende enfermos (dado que la fobia es una patología): ¿Cómo puede ser entonces que se acuse de manera insultante al “homofóbico” por ser tal si al ser un enfermo no sólo no habría que reprocharle su “fobia” sino contenerlo y auxiliarlo? Indudablemente, la incorporación acrítica de dicha fabricación lingüística con pretensión despreciativa es otro gran triunfo publicitario de la nueva izquierda.

Y si no es “homofobia” el insulto, la palabra talismánica utilizada en su reemplazo por los voceros del género y sus bienpensantes colaterales es justamente “discriminación”, muletilla por antonomasia aplicada a todo aquel que no acepte dócilmente concederle a la Internacional Rosa los caprichos de su agenda. Incluso, la palabra ‘discriminación’ ha sido también bastardeada como si todo acto discriminatorio fuese malo en sí, cuando en su cabal acepción discriminar significa “distinguir o discernir”. Vale decir: discriminar es lo contrario a confundir. Y lo que no se suele decir en la materia que nos concierne, es que hay discriminaciones que no surgen del prejuicio, ni de la ley, ni tampoco de ninguna “construcción cultural” sino de la naturaleza misma: “Al condenar toda discriminación, deberíamos por lo mismo reprochar a la membrana plasmática las tareas que realiza para el bien de nuestro organismo, dado que esta membrana selecciona, discrimina las moléculas que deben entrar a la célula respecto de otra, las que deben salir. Asimismo, deberíamos castigarnos a nosotros mismos por distinguir lo verdadero de lo falso, lo bueno de lo malo, lo natural de lo contranatural”[13] sentencia el joven ensayista Juan Carlos Monedero (h) en su libro Lenguaje, ideología y poder, texto precisamente dedicado a estudiar las trampas lingüísticas utilizada por los agentes de la subversión cultural.

Otra apelación recurrente de la propaganda del género es al término “diversidad” —que según la Real Academia Española significa “desemejanza”[14]—, vocablo extraño puesto que justamente lo que caracteriza al vínculo sexual de una persona con otra del mismo sexo es que el otro no es un “diverso” sino un “semejante” —es decir lo opuesto a la diversidad—. O sea que el vínculo homosexual, lejos de hacer honor al cacareado mantra de la “diversidad” hace lo contrario, dado que representa lo redundante, lo equivalente, lo imitativo: “En el acto homosexual no se realiza ese asombroso trascender hacia la unión de los opuestos; al ser encerrado en sí sólo une lo mismo con lo mismo, incapacitado de saltar a la diverso”[15] señala el neurólogo y psiquiatra chileno Armando Roa.

De igual forma, uno de los recurrentes trucos lingüísticos propagados es el referido a la pretensión manifestada por algunos travestis, consistente en operarse y así “cambiarse de sexo”. Pero el sexo no se cambia jamás en la vida y en todo caso, a lo que un travesti puede aspirar es a someterse quirúrgicamente a la autoagresión corporal consistente en amputarse los genitales, pero esta insana decisión de arrancarse la entrepierna en modo alguno implica que el mutilado varón deje de ser varón: nació varón y morirá varón con o sin tijeretazo.

Este tipo de farsas dialécticas como las ejemplificadas son muy parecidas a las promovidas por las filicidas, es decir por las mujeres abortistas, aquellas que bregan por asesinar a su hijo antes de nacer, al sostener que persiguen el “derecho a disponer de su cuerpo”: nadie les niega ese derecho, pero una cosa es disponer de “su cuerpo” —verbigracia hacerse un tatuaje, teñirse el pelo u operarse los senos— y otra absolutamente distinta, es disponer del cuerpo de un tercero y que encima ese tercero sea nada más y nada menos que su propio hijo, y cuya “disposición” consistiría en asesinarlo. Aunque ellas insisten en su engañoso eufemismo llamando a dicho crimen como “Interrupción del embarazo”, encubrimiento del homicidio con lenguaje cortés, dado que los embarazos no se “interrumpen” porque la interrupción es el cese transitorio de una actividad para su posterior reanudación, pero el aborto es un acto de naturaleza definitiva e irreversible: precisamente porque la muerte es un hecho de naturaleza definitiva e irreversible.

¿Y cuál fue el secreto de tan exitosa estrategia comunicacional? Además de los muchos aportes de Paulo Freire y de varios de los ideólogos ya mencionados, en los años ́70, se publicó un extenso documento de marketing sodomítico titulado “Vendiendo la homosexualidad a América”[16] (Selling homosexuality to America). En tal documento se detallaban los pormenores de la campaña que iniciaron los grupos de presión en aquellos tiempos —quienes para tal fin contrataron expertos en comunicación egresados de la Universidad de Harvard— en la cual se puso en funcionamiento el concepto de la aplicación de “las cuatro P” del marketing para transferir masivamente la idea normalizadora de la homosexualidad[17].

Este texto primigenio sirvió de antesala para que en 1989, un par de publicistas homosexuales (Marshall Kirk y Hunter Madsen) se asociaran, entre otras cosas, para publicar en los Estados Unidos un libro titulado After the Ball: How America Will Conquer Its Fear and Hatred of Gays in the 90’s (Tras la fiesta: Cómo conquistará Estados Unidos su miedo y odio hacia los gays en los años 90́s), el cual detalló una serie de pasos a seguir en la estrategia tendiente a imponer los objetivos de su agenda. Este libro se convirtió luego en el manual por excelencia en el que abrevaron todos los movimientos pansexualistas modernos[18]. En este trabajo, los autores sostienen que el público prioritario a conquistar es el de los indecisos de centro —“los escépticos ambivalentes” según sus palabras— y la principal táctica comunicacional debe apuntar al costado emocional del interlocutor a convencer: “La insensibilización tiene como objetivo reducir la intensidad de las reacciones emotivas anti-homosexuales a un nivel próximo a la total indiferencia; el bloqueo intenta obstruir o contrariar el gratificante ‘orgullo de ser prejuicioso’ (…) vinculando el odio contra los homosexuales a un sentimiento previo y autocastigador de vergüenza por ser intolerante (…) Tanto la insensibilidad como el bloqueo (…) son simples preludios para nuestro objetivo máximo, aunque indefectiblemente mucho más lento de obtener, que es la conversión”[19].

Una vez agotada esta instancia, la estrategia apela al sentimentalismo e intenta centrar el debate acudiendo a la “compasión”. De este modo, se supone que quien apoya la agenda homosexual demuestra compasión y quien no lo hace, insensibilidad. Pero en verdad, esta dicotomía es otra deliberada distorsión. Por empezar hay que aclarar que la compasión es un noble sentimiento humano relacionado con la conciencia del sufrimiento ajeno y el consiguiente deseo de aliviarlo. Pero ocurre que este sentimiento es manipulado por la ideología del género, porque aquí no se percibe como compasivo a todo aquel que se acerque al homosexual con el fin de ayudarlo o contenerlo sino a quien se acerca para ponderar sus hábitos. Es decir, el concepto de la compasión ha sido hábilmente maniobrado en los debates y reducen este sentimiento sólo a su aspecto emocional despojándolo de toda intervención de la razón, dado que si alguien efectúa sobre el tema que nos ocupa un juicio refractario (sea moral, biológico, ideológico, antropológico o científico), ese alguien “carecería” de toda compasión. O sea que con ese criterio, ante un amigo alcohólico la compasión no consistiría en intentar rescatarlo de su desarreglo sino en proveerle mayores dosis de bebida para que no se enoje ni sufra abstinencia etílica.

Luego, una compasión que no sea guiada por la razón quedaría reducida a una simple pulsión desprovista de prudencia y discernimiento. En definitiva, la “compasión” tal como se exhibe y concibe en los manipulados debates televisivos, acaba siendo una piedad mal orientada, la cual nos conduce a proporcionarle al paciente los medios para que este siga apegado a sus vicios y no al rescate de los mismos: tal acción favorecería no a la persona sino a la permanencia de sus malos hábitos.

Los ejemplos abundan y las tergiversaciones idiomáticas son trabajadas de manera permanente, dado que esta constancia distorsiva del lenguaje forma parte del catecismo sentenciado por el “pedagogo” Freire: “Para ser auténtica, una revolución debe ser un acontecimiento continuo o de lo contrario cesará de ser una revolución y se convertirá en burocracia esclerótica (…) el proceso revolucionario se convierte en revolucionario cultural”[20]. León Trotski supo publicar La revolución permanente en 1930, Freire varias décadas después propuso también la revolución permanente pero no a través de la agitación callejera como su predecesor sino de la deformación idiomática y cultural: nuevos vientos para viejas banderas. Mismos objetivos pero distinta estrategia. Aquella revolución era ruidosa, hostil, armada y dolorosa. Esta es silenciosa, simpática, desarmada y con anestesia.

No en vano en los años ‘30 Charles Maurras con sentida preocupación advertía: “La revolución verdadera no es la Revolución en la calle, es la manera de pensar revolucionaria”[21].
[1] Bandera, A. Paulo Freyre. Un Pedagogo. Caracas, Universidad Católica Andrés Bello, 1981, p. 92.

[2] Oliveira, P. Trasbordo ideológico inadvertido y diálogo. Santiago de Chile, Corporación Cultural Santa Fe, 1985. p. 48.

[3] Correa de Oliveira, P. Ob. Cit., p. 49.

[4] Correa de Oliveira, P. Ob. Cit., p. 18.

[5] Correa de Oliveira, P. Ob. Cit., p. 14:20.

[6] Correa de Oliveira, P. Ob. Cit., p. 31.

[7] Correa de Oliveira, P. Ob. Cit., p. 35.

[8] Foucault, M. El triunfo social del placer sexual. Una conversación con M. Foucault. [Entrevista con Gilles Barbedette, 1981]. En Michel Foucault: La inquietud por la verdad. Escritos sobre la sexualidad y el sujeto, Cit. Ver nota completa en el siguiente enlace: http://perrerac.org/francia/michel-foucault-el-triunfo-social-del-placer-sexual-una-conversacin-con-m-foucault/876/

[9] Ojos que no ven…psiquiatría y homofobia. San José, Editorial ILPES, 1997. p. 4.

[10] La Alianza de Activistas Gays (“Gay Activists Alliance”) fue fundada en Nueva York el 21 de diciembre de 1969 por miembros disidentes del Gay Liberation Front (GLF; “Frente de liberación gay”, en español), entre los que se encontraban además del citado Arthur Evans, Sylvia Rivera, Marsha P. Johnson, Jim Coles, Brenda Howard, Christopher Charles y Altan Zimbabwe.

[11] Evans, A. The Logic of Homophobia. [Nota periodística]. Ver informe completo en el siguiente enlace:
http://gaytoday.badpuppy.com/garchive/viewpoint/101600vi.htm.

[12] Prólogo a Freyre, Paulo. Concientización. Buenos Aires, Búsqueda, 1974, p. 31. Citado en: Díaz Araujo, E. Ob. Cit., p. 187.

[13] Citado en Monedero (h), J.C. Lenguaje, ideología y poder. La palabra como arma de persuasión ideológica: cultura y legislación. Buenos Aires, Ediciones Castilla, 2015, p. 81.

[14] Definición provista por la Real Academia Española, que puede verse digitalmente en el siguiente enlace: http://dle.rae.es/?id=E0b0PXH

[15] Roa, A. Ob. Cit., p. 217.

[16] Rondeau, P.E. Selling Homosexuality to America. EE.UU., Regent University Law Review, 2002.

[17] Las “cuatro P” consisten en: Product (conceptualizar el producto que se desea vender), Price (centrándose en el precio de exacción), Promotion (mecanismos que se utilizarán para promocionar la idea al público) y finalmente Place (lugar o clientes que serán objeto de la campaña).

[18] El nombre es un neologismo que proviene del prefijo griego pan-, que significa “todo”. Pansexual se refiere a las personas que se sienten atraídas por todos los géneros y sexos de manera indistinta.

[19] Kirk, Marshall; Madsen, Hunter. After the Ball: How America Will Conquer Its Fear and Hatred of Gays in the 90’s. New York, Penguin Books, 1990, p. 153.

[20] Citado en Díaz Araujo, La Rebelión de la Nada, o los ideólogos de la subversión cultural. Buenos Aires, Cruz y Fierro Editores, 1983. 185.

[21] Maurras, Ch. Mis ideas políticas. Buenos Aires, Huemul, 1962, p. 183.

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En Defensa de la Familia Natural

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Prolegómeno

México ha atravesado muchos cambios en años recientes. La turbulencia política ha sido el alimento diario para todos los que nos preocupamos por nuestro país, por nuestros hijos y por su bienestar. Pero quizá no había existido un tema tan singularmente atacado como el de la defensa de la familia natural que se puso de manifiesto, sobre todo, después de las marchas recientes en todo el país. Me di a la tarea de leer y escuchar decenas de artículos y vídeos sobre el debate, y me propuse escribir este trabajo para abonar a la discusión y asentar algunas razones a favor de la familia natural y del movimiento que ha encabezado el Frente Nacional Por La Familia.

A la fecha no formo parte de ninguna organización de dicho movimiento. Tampoco soy católico. Sí soy un cristiano evangélico de tradición presbiteriana que se congrega en una iglesia independiente. En este escrito he dedicado un apartado para tratar el asunto de la fe y la controversia con el lobby LGTB. Pero por encima de todo soy un ciudadano, padre de familia, preocupado por sus hijos. Estoy apurado por lo que está pasando en México en varias de sus áreas pero en lo que toca a la educación me urge con especial interés comprender los cambios políticos para ayudar a construir un mejor lugar para los niños, los míos y los de los vecinos y la ciudad en general.

Entiendo que lo que estoy por mostrar no será del agrado de muchos. Me he esforzado por ser lo más amable posible en la redacción, consciente de que el respeto es un valor fundamental que debe imperar en todas nuestras relaciones humanas, hablemos con quien sea y se trate de quien sea. Es la democracia el lugar idóneo para disentir sin descalificar, y escucharnos sin vejarnos mutuamente. Me disculpo de antemano si llego a sonar ofensivo a alguien. No es sinceramente mi intención. Pero también afirmo que cada una de las líneas de opinión aquí expresadas obedecen a una convicción que defiendo en la libertad y los límites que la buena educación exigen a los que hacen públicas sus ideas.

Juan Paulo Martínez

Octubre de 2016.

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Interpretaciones modernistas: Los 500 años de la Reforma y Martín Lutero (Parte V)

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Parte 5 – distorsiones

Son tantas las interpretaciones de Hoffmann que simplemente contradicen la teología de su sujeto, Lutero, que considero necesario señalar algunas. Convierte la “justicia de Dios” (atributo, sustantivo) en una acción de Dios (verbo), convirtiendo a Dios en un Dios sin atributos que sólo se percibe de alguna manera mística “desde la perspectiva de la cruz”, que al final, no tiene contenido. Al final de cuentas, la “fe” de Hoffmann no tiene ningún contenido, ningún objeto, ni ninguna característica fuera de la esperanza en una utopía que tal vez nunca llega.

El “Juicio de Dios” es instrumentalizado por Hoffmann para denunciar los pecados especiales del capitalismo, el cobro de intereses, la falta de solidaridad, y otros, mientras olvida el pecado de negar que Cristo ha resucitado en cuerpo (1 Corintios 15:12-15) y está sentado a la diestra de Dios – realmente (Hechos 2:33). El Cristo vivo, reinando desde la diestra del Padre como Señor, y quien un día volverá a juzgar a los vivos y a los muertos, no juega ningún papel en la teología de Hoffman.

La teología legalista de Hoffmann no conoce al Mediador que Lutero conocía. Mientras Hoffmann carga a las consciencias con su falta de denunciar el sistema capitalista, Lutero comunica el consuelo de Dios porque los méritos del bendito Salvador son nuestros. El gozo de la seguridad de saber que el Cristo vivo intercede por los suyos provee un estímulo mil veces más fuerte de obedecer las Escrituras, que todas las arengas de Hoffmann contra aquellos que desean vivir una vida honesta, trabajando con sus manos libremente sin que algún ideólogo les imponga el marxismo.

La interpretación que Hoffmann hace “desde la perspectiva de la cruz” estaba destinado a fracasar desde el principio, porque él rechaza el marco fundamental de Lutero de la justicia de Dios en relación al Juicio final. De ahí que todas sus interpretaciones de las Escrituras, la ley, la justificación y la ética se van por otro camino. No hay relación alguna con lo que Lutero enseñaba, fuera de las frases superficiales que Hoffmann incluye en su discurso. Como Hoffmann rechaza la distinción entre Creador y criatura, y revuelve a “Dios” y a “Cristo” con la historia de modo horizontal, es obligado a re-definir la “justicia de Dios” como el proceso histórico, no en términos de la naturaleza de Dios, ni de un atributo de Dios. Hoffmann insinúa que Lutero (y con él a la cristiandad toda) se acerca al “dualismo” con algunos conceptos, y esto es malo, según él. Pero su problema no es con Lutero, sino Pablo, quien traza la distinción última entre el Creador y los que lo adoran, y lo creado y los que lo adoran. Y mientras Hoffmann podría tratar de colocar al “Creador” en el proceso futuro de esperanza y promesa (según Moltmann), Pablo está hablando del Creador “invisible” (pero que se da a conocer a través de su creación) en contraste con la creación “visible” de criaturas y objetos. Es decir, Pablo habla ontológicamente, precisamente lo que Hoffmann desecha. Hoffmann divorcia la escatología de la ontología, cosa que la biblia no hace.

Hoffmann distorsiona gravemente las palabras de Lutero cuando el Reformador hace la distinción entre “la teología de gloria” y “la teología de la cruz”. Para Hoffmann, Lutero está desechando el conocimiento de Dios “directo”, y ofreciendo un conocimiento “indirecto” de Cristo en el sufrimiento de la humanidad. Pero Lutero no dice esto. A pesar de que Lutero aborde el tema con los términos de “conocimiento de Dios”, esto es ni más ni menos que el uso bíblico para la “salvación”. Los que “conocen a Dios” son los que son salvos (p.ej. 1 Juan 4:7 “Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios”). Toda la Disputación (que Hoffmann cita sólo parcialmente) está dedicada al contraste entre el orgullo humano y obras propias para la salvación vs. el arrepentimiento humilde y el conocimiento de Dios por el Cristo crucificado. Hoffmann incluye muy poco de la Disputación, así que citaremos unos párrafos:

Porque la ley de Dios, santa y pura, verdadera, justa, etc., ha sido donada por Dios al hombre para ayudarle más allá de sus fuerzas naturales, con el fin de iluminarle y empujarle al bien. Sin embargo, sucede que obra lo contrario, de tal suerte que le hace peor. Entonces, ¿cómo puede este hombre determinarse al bien por las fuerzas que le restan y sin un socorro de esta índole? Porque mucho menos podrá realizar él solo el bien que no puede hacer con el auxilio de otro. De ahí la afirmación de san Pablo (Rom 3): «Todos los hombres están corrompidos e incapacitados; no comprenden ni buscan a Dios, todos se desviaron de él» [Disputación: Teología, 2; énfasis mío].

Lo que hay que entender de la manera siguiente: el Señor nos humilla y nos espanta por la ley y la visión de nuestros pecados de tal forma, que tanto ante los hombres como delante de nosotros mismos, nos veamos como nada, insensatos, malos, como en realidad somos. Cuando confesamos y reconocemos todo esto, no aparece en nosotros beldad alguna ni resplandor de ninguna clase, pero vivimos en el Dios escondido (es decir, en la simple y pura confianza en su misericordia), sin poder apelar dentro de nosotros mismos a nada que no sea pecado, locura, muerte e infierno, conforme a las palabras del apóstol: « como tristes, pero siempre alegres; como muertos, pero he aquí que estamos vivos». [Disputación: Teología, 4; énfasis mío. Note que Lutero no introduce conocimiento “directo” o “indirecto”, sino el Dios ajeno, “escondido”, no nosotros como nuestros propios salvadores.]

24. No obstante, no es mala esta sabiduría ni tiene que evitarse la ley: pero el hombre, sin la teología, abusa de las cosas mejores, desde el momento en que se atribuye a sí mismo la sabiduría y las obras. Porque «la ley es santa», y «todo don de Dios perfecto» y «buena toda criatura» (Gén 1). Pero, como hemos dicho, el que aún no ha sido destruido, aniquilado por la cruz y la pasión, se atribuye a sí mismo obras y sabidurías que debe conceder a Dios, y así abusa de los dones divinos y los mancilla. Ahora bien, quien ha sido aniquilado por los sufrimientos ya no obra por sí mismo, sino que reconoce que Dios obra y cumple en él todas las cosas. Por eso le da igual actuar o no: no se glorifica si Dios actúa en él ni se turba si no lo hace. Sabe que le basta con sufrir, ser destruido por la cruz para aniquilarse más cada vez. Cristo dice en Juan (cap. 3): «Es necesario que volváis a nacer»; si hay que renacer es necesario que antes se muera y ser exaltado con el hijo del hombre. Y morir, digo yo, es sentir la muerte presente [Disputación: Teología, 24; énfasis mío].

Al citar a Lutero fuera de contexto, Hoffmann intenta usar a Lutero para apoyar su epistemología dialéctica. En las teologías influenciadas por el concepto marxista de la historia, “Dios” se revela en el proceso dialéctico de tesis y antítesis. Dios no es personal, sino la fuerza que empuja el proceso. Es por esto que Hoffmann convierte el atributo de Dios (justicia) en acción – es imposible “conocer” al dios de la dialéctica. Es por esto que Hoffmann habla de “la perspectiva de la cruz” en lugar del Crucificado – porque todos promovemos o impedimos el avance del proceso dialéctico con nuestras perspectivas instrumentalizadoras. Y es por esto que Hoffmann insiste en que Dios sólo se puede conocer indirectamente y no directamente.

Pero veamos si Lutero habla de su Señor en términos directos o indirectos. El mismo Hoffmann citó los Catecismos de Lutero, donde afirma:

Y nos faltó todo consejo, auxilio y consuelo hasta que el Hijo único y eterno de Dios se compadeció de nuestra calamidad y miseria con su insondable bondad y descendió de los cielos para socorrernos. Y, entonces, todos aquellos tiranos y carceleros fueron ahuyentados y en su lugar vino Jesucristo, un señor de vida y justicia, de todos los bienes y la salvación, y nos ha arrancado —pobres y perdidos hombres— de las fauces del infierno, nos ha conquistado, nos ha liberado y devuelto a la clemencia y gracia del Padre, nos ha puesto bajo su tutela y amparo, como cosa suya, para gobernarnos con su justicia, su sabiduría, su potestad, su vida y su bienaventuranza” [Catecismo Mayor, Credo, Artículo segundo; Lutero ciertamente da evidencia de un conocimiento real, directo de su Salvador].

Lutero puede expresarse así:

… el cristiano incorpora a Cristo en sí mismo, por decir así, como objeto de su fe, de modo que tiene a Cristo en lo profundo de su corazón. Ha echado mano de Cristo; y éste es su reconciliador y su perdonador, y por causa de esta fe, el creyente es un santo, a pesar de que en sí es un pecador” [Sermón, Jesús mediador de la justicia; Lutero puede decir que tiene su Salvador en su corazón, obviamente una relación personal]

Y arriba habíamos citado en otro contexto:

Antes bien, la justicia cristiana consiste en que yo crea con absoluta firmeza que la resurrección de Cristo, su ascensión y su estar sentado a la diestra del Padre es mi resurrección, mi ascensión, que yo estoy sentado en su regazo y en íntima compañía con él” [Sermón, Jesús, el mediador de la justicia verdadera].

Al desechar a las Escrituras como inspiradas y divinas, Hoffmann no puede entender que para Lutero la voz y la presencia de Cristo se recibe ahí. Lutero conocía, se gozaba, y adoraba directamente a su Salvador, porque lo veía y le escuchaba en su Palabra. Tristemente (pero es importante notar) este concepto no encaja en el sistema de Hoffmann.

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Interpretaciones modernistas: Los 500 años de la Reforma y Martín Lutero (Parte IV)

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Parte 4 – La muerte sustitutiva de Cristo

Hoffman rechaza la idea de que Lutero enseñara un concepto de la muerte de Cristo “expiatorio” o “sustitutivo”. Afirma que las dos teorías comunes en el tiempo de Lutero (la pasión de Cristo como asunto místico, y la muerte de Jesús como víctima expiatoria por los pecados) eran rechazadas por el Reformador: “Lutero no sigue ninguna de estas teorías” [49].

Como Hoffmann no acepta la justicia de Dios como un atributo de un Dios trascendente, esto le permite hacer la siguiente caricatura de la teología de Anselmo:

Anselmo de Canterbury ya había intentado dar una respuesta a esta cuestión en su Teoría de la satisfacción. Según esta teoría, sin la satisfacción de un Dios rencoroso y deseoso de justicia no puede ser lograda la reconciliación ni alcanzado su amor. Como es imposible que el ser humano pague por los pecados de toda la humanidad, Dios mismo debe volverse hombre para lograr por ellos la expiación con su muerte inocente. La ofensa de la majestad de Dios debe ser expiada para que vuelvan a reinar en orden y la justicia y así pueda desarrollarse el deseo creador de Dios, que se orienta amorosamente a la salvación de la humanidad … Lutero sostiene lo contrarioLutero se separa de ese tipo de doctrina de reconciliación.” [49,50, énfasis en negrito mío].

Si no lo hubiera leído con mis propios ojos, no creería que alguien pudiera afirmar disparates tan exagerados. Con esta sección llegamos al punto más bajo de todo el libro (exceptuando el final), primero en la forma poco profesional en que describe la teología no sólo de Anselmo sino de la mayor parte de la cristiandad: “un Dios rencoroso, y deseoso de justicia”. Pero debemos recordar que son los conceptos deficientes de “justicia” que comparte Hoffmann los que le permiten burlarse de “un Dios deseoso de justicia”. Dudamos de que su “dios” tenga deseos, o si siquiera sea un dios personal. En segundo lugar, rechaza la necesidad de la encarnación del Hijo del Dios trascendente (una encarnación en carne humana del Dios Creador), lo cual separa a Hoffmann del todo del cristianismo histórico. Y en tercer lugar, dice que ¡Lutero cree como Hoffmann! “Lutero sostiene lo contrario … Lutero se separa de ese tipo de doctrina de reconciliación”.

Dudo que necesite colocar citas de Lutero, pero lo haremos sólo por causa de algún lector que posiblemente acepte lo que escriben los teólogos sin examinarlo de forma crítica. Es más, para ahorrar espacio, sólo pondré tres citas que el mismo Hoffmann incluye en su libro y una más.

Jesucristo como Hijo encarnado de Dios

Creo que Jesucristo, verdadero Dios engendrado del Padre en la eternidad, y también hombre nacido de la Virgen María, es mi Señor, que me ha redimido a mí…” [41; Catecismo menor de Lutero, Artículo segundo; Pareciera que Lutero es ‘dualista’, en términos de Hoffmann, porque cree en un Cristo engendrado en la ‘eternidad’. Nosotros diríamos que Lutero ciertamente es ‘dos-ista’].

¿Un Dios ‘deseoso de justicia’?

En efecto, después de haber sido nosotros creados y una vez que habíamos recibido diversos beneficios del Dios el Padre, vino el diablo y nos llevó a desobedecer, al pecado, a la muerte, y a todas las desdichas, de modo que nos quedamos bajo la ira de Dios y privados de su gracia (‘privados’ por ¿quién?), condenados a la perdición eterna (¿por quién? Y ojo, ¿¡perdición eterna!? ¡Otra vez estos dualismos…!) tal como nosotros mismos lo habíamos merecido en justo pago a nuestras obras (el ‘Dios rencoroso’ según Hoffmann, pero el Dios justo según Lutero) [41; citando Catecismo Mayor de Lutero, Artículo segundo. Énfasis y paréntesis míos].

¿Lutero se distancia de las teorías de ‘satisfacción’?

(Explicando el Credo apostólico “Creo en Jesucristo…” Lutero sigue explicando la persona y obra de Cristo) “… lo que costó a Cristo y lo que él mismo hubo de poner a contribución; (¿sustituto?) lo que tuvo que aventurar para conquistarnos y ponernos bajo su señorío; o sea, se hizo hombre, fue concebido y nació del Espíritu Santo y la Virgen sin pecado alguno (¡para poder satisfacer perfectamente la justicia del Dios justo!), a fin de ser señor del pecado; además, padeció, murió y fue sepultado, con el objeto de satisfacer por mí (¡Horror! ¡Lutero usa la palabra misma – satisfacer! Pero Hoffmann dice que Lutero ‘se separa de estas teorías’) y pagar mi deuda (¡otra vez!) no con oro o plata, sino con su propia y preciosa sangre” [42; del Catecismo Mayor de Lutero].

Aquí sólo voy a citar una parte de un sermón de Lutero para finalizar esta parte:

La manera correcta de pensar en la pasión de Cristo (fíjese que es un sermón “temprano”, 1519, los que le gustan a Hoffmann – seguramente porque Lutero iba afinando su teología en una dirección que a Hoffmann no le conviene).

… Cuando meditamos correctamente en la pasión de Cristo, vemos a Cristo y nos aterramos por el espectáculo. Nuestra conciencia se hunde en la desesperación. Este sentimiento de terror necesita ocurrir para que comencemos a reconocer plenamente cuán grande es la ira de Dios contra el pecado y los pecadores. Entendemos esto cuando vemos que Dios libra a los pecadores sólo porque su muy querido Hijo — su Hijo único — pagó un rescate tan costoso por nosotros, como dice Isaías 53:8: “por la rebelión de mi pueblo fue herido …

¡Mira! Cuando una espina traspasa a Cristo, debes saber que más de mil deberían traspasarte a ti. Deberían traspasarte por toda la eternidad en una forma aun más dolorosa que traspasaron a Cristo. Cuando veas los clavos traspasar las manos y los pies de Cristo, date cuenta que tú debes estar sufriendo esto por toda la eternidad, con clavos aun más dolorosos. Todo el que mira los sufrimientos de Cristo y los olvida, pensando que no valen nada, sufrirá tal destino por toda la eternidad. La pasión de Cristo es un espejo de lo que viene. Este espejo no es ninguna mentira ni broma. Todo lo que Cristo dice que pasará, en efecto sucederá …

Se debe considerar este punto con cuidado. El beneficio de los sufrimientos de Cristo depende totalmente de que se llegue a conocer bien a sí mismo y se llene de terror hasta el punto de morir. Si no se llega a este punto, los sufrimientos de Cristo realmente no lo beneficiarán. Los sufrimientos de Cristo en realidad hacen a todas las personas iguales. Así como Cristo muere en forma horrible en su cuerpo y alma por nuestros pecados, nosotros, como él, tenemos que morir en nuestra conciencia por causa de nuestro pecado. Esto no sucede con muchas palabras, sino meditando y reconociendo profundamente nuestros pecados …

El consuelo del sufrimiento de Cristo. Toma tus pecados y échalos sobre Cristo. Cree con un espíritu gozoso que tus pecados son sus heridas y sufrimientos. Él los lleva y hace satisfacción por ellos, como dice Isaías 53:6: “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”. Pedro dice en 1 Pedro 2:24: “Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”. En 2 Corintios 5:21 Pablo dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en él”. Debes confiar en versículos como éstos en la Biblia con toda tu fuerza, aun más cuando tu conciencia trate de matarte. Nunca hallarás la paz si pierdes esta oportunidad para tranquilizar tu corazón …

Pero cuando vemos nuestros pecados puestos en Cristo y lo vemos triunfar sobre ellos con su resurrección, y sin temor lo creemos, nuestros pecados están muertos y se desaparecen. No quedan sobre Cristo, sino son tragados por su resurrección. Ahora no ves ninguna herida, ningún dolor, ningún pecado en absoluto en él. Por eso Pablo dice en Romanos 4:25 que Jesús “fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación”

[Énfasis mío; Sermón de Lutero, 1519, Cómo meditar en la pasión de Cristo, http://sermonesluteranos.blogspot.com/2009/02/como-meditar-en-la-pasion-de-cristo.html].

Se podría multiplicar ejemplos como estos suficientes para llenar un libro entero. Resulta que el Lutero de la historia creía firmemente en un Dios justo y santo, airado por nuestras ofensas, que ofreció a su Hijo en pago por el pecado para hacer satisfacción, y que la cruz, sin resurrección, no tiene ningún poder.

Hoffmann hace la siguiente afirmación, casi concluyendo el libro: “La cristología de Lutero, visible especialmente en su interpretación de la cruz, no sigue en general el ejemplo de la teología de sacrificio propiciatorio, aunque a veces se encuentren coincidencias en los textos de Lutero, ella se basa en la idea de la Iglesia primitiva del Christus Victor”. Nuestra maravilla no tiene límite: ¿coincidencias? ¿Cuántas ‘coincidencias’ convencerían a Hoffmann de que está equivocado? Estoy seguro que el triple puede ser hallado.

Como hemos notado anteriormente, Hoffmann convierte a Lutero en moltmanniano: “Estar incluído en esa ‘historia victoriosa’ significa para los cristianos exactamente eso que se plantea Moltmann: recuperar la resurrección como inicio de la vida cristiana y comprender su fuerza como comienzo de la Nueva Creación” [244]. Claramente la teología dialéctica marxista y futurista de Moltmann es otra cosa de lo que enseñaba Lutero, a menos que podamos convencernos de que lo principal de Lutero era meramente “coincidencias”.

Nuestra única conclusión es que Hoffmann hace una interpretación extraña de la teología de Lutero, utilizando algunas frases de Lutero más como alegoría que otra cosa, y convirtiendo en ‘coincidencia’ lo que no le gusta. El Cristo sacrificado en nuestro lugar y resucitado para nuestra justificación no es el sujeto de la teología de Hoffmann, como lo fue para Lutero. Es difícil describir el trabajo de Hoffmann como una “interpretación” de Lutero, mucho menos una “aplicación” de su teología. Cuando Hoffmann mete a Lutero en su máquina de fecunda imaginación, sale con rostro de un Jürgen Moltmann en lugar del cachetón conocido que creíamos conocer.

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El neo-marxismo usa el agua para promover su agenda

por Guillermo Green
10/2016

A todos nos interesa tener agua limpia y suficiente. Yo he tratado de informarme sobre este tema, y he colaborado con esfuerzos por proveer mejores condiciones de agua y salud humana. Por eso me interesó el tema recientemente en Radio UCR sobre el agua.

Los expositores pertenecían a una alianza centroamericana a favor de programas de agua. No capté si eran parte de instituciones formadas por los gobiernos, o una ONG. El punto es que después de una hora escuchando sus “soluciones” ¡no habían ofrecido ninguna! Si son nuestros impuestos que apoyan a esta gente, nos “están bailando” (un tiquismo por decir “nos están estafando”). Punto.

Lo que escuchamos fue una hora de propaganda neo-marxista tan trillada y aburrida que me pregunto cómo esta gente no se cansa de oirse a sí mismos. No sé cuantas veces repitieron “conflicto”, “estructuras de poder”, “comprender las causas de conflicto”, etc, etc, etc. Sin ofrecer ninguna solución a mejorar las fuentes de agua para zonas necesitadas, presentaron un cuadro como si fuera una guerra clandestina contra “minorías” e “indígenas” ¡para privarles de agua!

Ya aburre los discursos sobre “modelos económicos que no facilitan la participación de todos”. Queremos escuchar soluciones reales, concretas, no discursos comunistas que no llegan a nada.

Sí se llegó al punto verdadero del programa. No era ofrecer soluciones para el agua. Era hacer un llamado para la revolución neo-marxista. Cuestionaron los “modelos de la democracia actuales” (entiéndase – ¡necesitamos una revolución marxista!). E hicieron un repitido llamado para la “visibilización de las comunidades locales” (entiéndase ¡a la marcha! ¡A la calle! Parece que piensan que la marcha marxista es algún tipo de baile religiosa que procura lluvia de la Pachamama de forma mágica).

Como siempre, los indígenas y campesinos son los preferidos sujetos para la revolución. Yo no niego que las desigualdades y políticas injustas de los gobiernos hacen que estas poblaciones tengan descontento legítimo para con sus gobiernos. Pero creí que el tema era el agua. Si la única solución que nuestros locutores pueden ofrecer para resolver problemas de agua es una marcha de protesta, ¡alguien está botando su dinero en apoyarlos! Sólo espero que no sean impuestos del pueblo.

La persona entrevistando a los de la Alianza les hizo al puro final del programa una pregunta importante: “¿Qué papel debe jugar el sector privado en solucionar los problemas de agua”. Los salvadores del pueblo no pudieron dar ninguna forma en que el sector privado podría contribuir a soluciones. Dijeron que “sí” podían ayudar – y esto fue ¡todo lo que se dijo! A penas afirmaron un “sí”, dijeron “pero hay que dar lugar para la justicia ambiental” (entiéndase la revolución neo-marxista).

Y así ad nauseam las universidades, ONG’s, y “alianzas” destruyen toda capacidad de pensar, aplicando un lavado de cerebro para el pueblo adormecido, saqueando los cofres públicos con reuniones sin fin pero también sin ningún fruto ni resultado. Perdón, sí hay fruto: una grotesca distorsión al problema para una respuesta aún más vulgar. El fruto es conflicto, lucha, marcha, víctimas y dinero desperdiciado.

Quiero que el lector entienda mi frustración. Tengo un muy buen amigo que colaboró con 120 personas durante siete años, desarrollando un verdadero proyecto para proveer agua potable y a la vez ¡resolver la deuda de Costa Rica! Participaron estudiantes de la universidad, ingenieros, economistas, pensadores y otros. El plan consistía en colocar plantas para filtrar y tratar el agua de los ríos más limpios de Costa Rica. El agua sería vendida a precio razonable (actualmente el agua es vendida en Costa Rica por el monopolio gubernamental Acueductos y Alcantarillados). No sólo se proveería mucha agua para muchas personas, sino que el plan proyectaba que dentro de 25 años toda la deuda interna y externa se pagaría, y Costa Rica podría llegar a ser el primer país en que no se cobraba impuestos.

¿Cuál fue el resultado? Las 6 personas que presentaron el proyecto a representantes del gobierno fueron arrestadas y encerradas por 24 horas. ¡Por presentar un proyecto saludable para el país y sus ciudadanos! Obviamente ahí murió un plan concreto y viable para resolver múltiples situaciones sociales. Cada uno puede opinar sobre los motivos del arresto; los participantes no tienen idea alguna excepto lo obvio: “no procedan más con esto”.

Este mismo amigo mío elaboró un plan de captación y filtración de aguas pluviales y aguas internas para el Colegio Monseignor Odio en Desamparados. El proyecto proponía utilizar estas aguas para los inodoros del colegio (que tiene una población estudiantil significativa). Los ahorros anuales serían multi-millonarios (hasta 60 millones de colones, y ¡mucha agua!). ¿Sabe qué? No fue aprobado el plan. El gobierno prefiere seguir gastando agua y cobrando al colegio.

En el año 2004 este mismo ingeniero elaboró un sistema de captación de aguas pluviales para una fábrica que ahorraba mucha agua y dinero a la fábrica. El Ministerio de Acueductos y Alcantarillados de Costa Rica ¡iba a cerrar la fábrica! Cuando notaron que había bajado significativamente el consumo, llegaron para cerrar la fábrica, por más increíble que parezca. Se logró probar que nada ilegal se había hecho, y evitaron el cierre y pudieron seguir trabajando.

Mi punto es esto. Mientros los neo-marxistas procuran organizar marchas y protestas, el problema de fondo en este caso muy concretos es simplemente que el gobierno quiere seguir vendiendo el agua a sus ciudadanos a precios inflados y con impuestos de venta. Ganan un porcentaje de utilidad sobre cada litro, y con eso mantienen sus burocracias infladas. Además, los neo-marxistas no ofrecen soluciones concretas y viables como lo han hecho estos otros individuos.

Lo que necesitamos son proyectos viables que el gobierno adopte. La solución no es marchas, conflicto, y el esfuerzo por producir ‘víctimas’. La traba es el mismo gobierno que está financiando estas alianzas, colaborando con los ONG’S y comités que sólo gastan dinero sin producir resultados. La traba son los zánganos que chupan fondos públicos y privados haciendo nada. Tenemos gobiernos con doble cara. Estos comités, ONG’s y “alianzas” para el ambiente son simplemente un brazo de los gobiernos para disfrazar sus acciones, y para desviar la atención de la realidad. Si los que participan en estos cuerpos no lo reconocen, son demasiado ingénuos y no sirven para formar parte de asuntos importantes. Si lo saben, son pillos robando el dinero de sus salarios.

Por lo menos en Centroamérica, resolver las condiciones de agua es relativamente fácil. Dios nos ha bendecido con algunos de los países más ricos en agua del mundo. Es un verdadero crímen que sectores de Centroamérica tengan escasez de agua potable. Pero el discurso neo-marxista no sólo no provee soluciones reales, sino levanta toda una pantalla de humo que oculta y obstruye verdaderas soluciones al problema. Son los verdaderos enemigos de las poblaciones que dicen defender. Que Dios nos levante verdaderos defensores de la patria que no sólo sepan ofrecer soluciones reales y viables, sino que las puedan poner en práctica.

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