Interpretaciones modernistas: Los 500 años de la Reforma y Martín Lutero (Parte IV)

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Parte 4 – La muerte sustitutiva de Cristo

Hoffman rechaza la idea de que Lutero enseñara un concepto de la muerte de Cristo “expiatorio” o “sustitutivo”. Afirma que las dos teorías comunes en el tiempo de Lutero (la pasión de Cristo como asunto místico, y la muerte de Jesús como víctima expiatoria por los pecados) eran rechazadas por el Reformador: “Lutero no sigue ninguna de estas teorías” [49].

Como Hoffmann no acepta la justicia de Dios como un atributo de un Dios trascendente, esto le permite hacer la siguiente caricatura de la teología de Anselmo:

Anselmo de Canterbury ya había intentado dar una respuesta a esta cuestión en su Teoría de la satisfacción. Según esta teoría, sin la satisfacción de un Dios rencoroso y deseoso de justicia no puede ser lograda la reconciliación ni alcanzado su amor. Como es imposible que el ser humano pague por los pecados de toda la humanidad, Dios mismo debe volverse hombre para lograr por ellos la expiación con su muerte inocente. La ofensa de la majestad de Dios debe ser expiada para que vuelvan a reinar en orden y la justicia y así pueda desarrollarse el deseo creador de Dios, que se orienta amorosamente a la salvación de la humanidad … Lutero sostiene lo contrarioLutero se separa de ese tipo de doctrina de reconciliación.” [49,50, énfasis en negrito mío].

Si no lo hubiera leído con mis propios ojos, no creería que alguien pudiera afirmar disparates tan exagerados. Con esta sección llegamos al punto más bajo de todo el libro (exceptuando el final), primero en la forma poco profesional en que describe la teología no sólo de Anselmo sino de la mayor parte de la cristiandad: “un Dios rencoroso, y deseoso de justicia”. Pero debemos recordar que son los conceptos deficientes de “justicia” que comparte Hoffmann los que le permiten burlarse de “un Dios deseoso de justicia”. Dudamos de que su “dios” tenga deseos, o si siquiera sea un dios personal. En segundo lugar, rechaza la necesidad de la encarnación del Hijo del Dios trascendente (una encarnación en carne humana del Dios Creador), lo cual separa a Hoffmann del todo del cristianismo histórico. Y en tercer lugar, dice que ¡Lutero cree como Hoffmann! “Lutero sostiene lo contrario … Lutero se separa de ese tipo de doctrina de reconciliación”.

Dudo que necesite colocar citas de Lutero, pero lo haremos sólo por causa de algún lector que posiblemente acepte lo que escriben los teólogos sin examinarlo de forma crítica. Es más, para ahorrar espacio, sólo pondré tres citas que el mismo Hoffmann incluye en su libro y una más.

Jesucristo como Hijo encarnado de Dios

Creo que Jesucristo, verdadero Dios engendrado del Padre en la eternidad, y también hombre nacido de la Virgen María, es mi Señor, que me ha redimido a mí…” [41; Catecismo menor de Lutero, Artículo segundo; Pareciera que Lutero es ‘dualista’, en términos de Hoffmann, porque cree en un Cristo engendrado en la ‘eternidad’. Nosotros diríamos que Lutero ciertamente es ‘dos-ista’].

¿Un Dios ‘deseoso de justicia’?

En efecto, después de haber sido nosotros creados y una vez que habíamos recibido diversos beneficios del Dios el Padre, vino el diablo y nos llevó a desobedecer, al pecado, a la muerte, y a todas las desdichas, de modo que nos quedamos bajo la ira de Dios y privados de su gracia (‘privados’ por ¿quién?), condenados a la perdición eterna (¿por quién? Y ojo, ¿¡perdición eterna!? ¡Otra vez estos dualismos…!) tal como nosotros mismos lo habíamos merecido en justo pago a nuestras obras (el ‘Dios rencoroso’ según Hoffmann, pero el Dios justo según Lutero) [41; citando Catecismo Mayor de Lutero, Artículo segundo. Énfasis y paréntesis míos].

¿Lutero se distancia de las teorías de ‘satisfacción’?

(Explicando el Credo apostólico “Creo en Jesucristo…” Lutero sigue explicando la persona y obra de Cristo) “… lo que costó a Cristo y lo que él mismo hubo de poner a contribución; (¿sustituto?) lo que tuvo que aventurar para conquistarnos y ponernos bajo su señorío; o sea, se hizo hombre, fue concebido y nació del Espíritu Santo y la Virgen sin pecado alguno (¡para poder satisfacer perfectamente la justicia del Dios justo!), a fin de ser señor del pecado; además, padeció, murió y fue sepultado, con el objeto de satisfacer por mí (¡Horror! ¡Lutero usa la palabra misma – satisfacer! Pero Hoffmann dice que Lutero ‘se separa de estas teorías’) y pagar mi deuda (¡otra vez!) no con oro o plata, sino con su propia y preciosa sangre” [42; del Catecismo Mayor de Lutero].

Aquí sólo voy a citar una parte de un sermón de Lutero para finalizar esta parte:

La manera correcta de pensar en la pasión de Cristo (fíjese que es un sermón “temprano”, 1519, los que le gustan a Hoffmann – seguramente porque Lutero iba afinando su teología en una dirección que a Hoffmann no le conviene).

… Cuando meditamos correctamente en la pasión de Cristo, vemos a Cristo y nos aterramos por el espectáculo. Nuestra conciencia se hunde en la desesperación. Este sentimiento de terror necesita ocurrir para que comencemos a reconocer plenamente cuán grande es la ira de Dios contra el pecado y los pecadores. Entendemos esto cuando vemos que Dios libra a los pecadores sólo porque su muy querido Hijo — su Hijo único — pagó un rescate tan costoso por nosotros, como dice Isaías 53:8: “por la rebelión de mi pueblo fue herido …

¡Mira! Cuando una espina traspasa a Cristo, debes saber que más de mil deberían traspasarte a ti. Deberían traspasarte por toda la eternidad en una forma aun más dolorosa que traspasaron a Cristo. Cuando veas los clavos traspasar las manos y los pies de Cristo, date cuenta que tú debes estar sufriendo esto por toda la eternidad, con clavos aun más dolorosos. Todo el que mira los sufrimientos de Cristo y los olvida, pensando que no valen nada, sufrirá tal destino por toda la eternidad. La pasión de Cristo es un espejo de lo que viene. Este espejo no es ninguna mentira ni broma. Todo lo que Cristo dice que pasará, en efecto sucederá …

Se debe considerar este punto con cuidado. El beneficio de los sufrimientos de Cristo depende totalmente de que se llegue a conocer bien a sí mismo y se llene de terror hasta el punto de morir. Si no se llega a este punto, los sufrimientos de Cristo realmente no lo beneficiarán. Los sufrimientos de Cristo en realidad hacen a todas las personas iguales. Así como Cristo muere en forma horrible en su cuerpo y alma por nuestros pecados, nosotros, como él, tenemos que morir en nuestra conciencia por causa de nuestro pecado. Esto no sucede con muchas palabras, sino meditando y reconociendo profundamente nuestros pecados …

El consuelo del sufrimiento de Cristo. Toma tus pecados y échalos sobre Cristo. Cree con un espíritu gozoso que tus pecados son sus heridas y sufrimientos. Él los lleva y hace satisfacción por ellos, como dice Isaías 53:6: “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”. Pedro dice en 1 Pedro 2:24: “Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”. En 2 Corintios 5:21 Pablo dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en él”. Debes confiar en versículos como éstos en la Biblia con toda tu fuerza, aun más cuando tu conciencia trate de matarte. Nunca hallarás la paz si pierdes esta oportunidad para tranquilizar tu corazón …

Pero cuando vemos nuestros pecados puestos en Cristo y lo vemos triunfar sobre ellos con su resurrección, y sin temor lo creemos, nuestros pecados están muertos y se desaparecen. No quedan sobre Cristo, sino son tragados por su resurrección. Ahora no ves ninguna herida, ningún dolor, ningún pecado en absoluto en él. Por eso Pablo dice en Romanos 4:25 que Jesús “fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación”

[Énfasis mío; Sermón de Lutero, 1519, Cómo meditar en la pasión de Cristo, http://sermonesluteranos.blogspot.com/2009/02/como-meditar-en-la-pasion-de-cristo.html].

Se podría multiplicar ejemplos como estos suficientes para llenar un libro entero. Resulta que el Lutero de la historia creía firmemente en un Dios justo y santo, airado por nuestras ofensas, que ofreció a su Hijo en pago por el pecado para hacer satisfacción, y que la cruz, sin resurrección, no tiene ningún poder.

Hoffmann hace la siguiente afirmación, casi concluyendo el libro: “La cristología de Lutero, visible especialmente en su interpretación de la cruz, no sigue en general el ejemplo de la teología de sacrificio propiciatorio, aunque a veces se encuentren coincidencias en los textos de Lutero, ella se basa en la idea de la Iglesia primitiva del Christus Victor”. Nuestra maravilla no tiene límite: ¿coincidencias? ¿Cuántas ‘coincidencias’ convencerían a Hoffmann de que está equivocado? Estoy seguro que el triple puede ser hallado.

Como hemos notado anteriormente, Hoffmann convierte a Lutero en moltmanniano: “Estar incluído en esa ‘historia victoriosa’ significa para los cristianos exactamente eso que se plantea Moltmann: recuperar la resurrección como inicio de la vida cristiana y comprender su fuerza como comienzo de la Nueva Creación” [244]. Claramente la teología dialéctica marxista y futurista de Moltmann es otra cosa de lo que enseñaba Lutero, a menos que podamos convencernos de que lo principal de Lutero era meramente “coincidencias”.

Nuestra única conclusión es que Hoffmann hace una interpretación extraña de la teología de Lutero, utilizando algunas frases de Lutero más como alegoría que otra cosa, y convirtiendo en ‘coincidencia’ lo que no le gusta. El Cristo sacrificado en nuestro lugar y resucitado para nuestra justificación no es el sujeto de la teología de Hoffmann, como lo fue para Lutero. Es difícil describir el trabajo de Hoffmann como una “interpretación” de Lutero, mucho menos una “aplicación” de su teología. Cuando Hoffmann mete a Lutero en su máquina de fecunda imaginación, sale con rostro de un Jürgen Moltmann en lugar del cachetón conocido que creíamos conocer.

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Archivado bajo Crítica, Teología

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