Interpretaciones modernistas: Los 500 años de la Reforma y Martín Lutero (Parte II)

hoffmann.jpgParte 2 – ¿Interpretación de Lutero o punto de partida para una teología propia?

Encontramos una tensión irreconciliable desde el puro principio del libro. Por un lado Hoffman ofrece textos de Lutero y análisis basados realmente en las “perspectivas teológicas” de Lutero, porque considera que “es así como se accede a la teología de Lutero” [17]. Hoffmann provee para el lector un “libro de estudio (que) conecta entonces una perspectiva teológica central con una selección de textos básicos de Lutero…” [17].

Por medio de los textos ofrecidos y su análisis, Hoffmann ofrece indicar un camino que revela una “linea interna de temas” [18]. Hoffmann declara rotundamente, “Los escritos tempranos de Lutero tienen una intención claramente anticlerical…” [29]. Esta y muchísimas declaraciones parecidas son ofrecidas dogmaticamente como “la” interpretación de Lutero, sin ninguna objeción de Hoffmann. Se supone que Hoffmann está de acuerdo.

Después de repasar los asuntos de la penitencia y las indulgencias, Hoffmann resume, “Es por esto que la Reforma no debe ser entendida únicamente como un movimiento reformista desde el interior de la Iglesia misma. Más que nada se trata de una crítica teológica a la ideología y al sistema, que desarrolló un potencial de movimiento liberador para una vida en justicia” [26]. Arriba ya mencionamos que Hoffmann le da un giro “ideológico” a la discusión de la penitencia, reduciéndola a una “instrumentalización” de poder contra el pueblo. Y su punto es que Lutero hizo esto.

Paréntesis

Si bien es cierto que Lutero critica severamente los efectos prácticos de Roma al abusar del sacramento de penitencia, el meollo del asunto para Lutero es que Roma impedía al pecador llegar a Cristo. Es decir, el punto de Lutero es precisamente espiritual sobre todo. La queja principal de Lutero es que las indulgencias crean una actitud peligrosa, al minimizar o quitar el temor a Dios y la verdadera contrición ante el pecado. También las indulgencias crean la idea que otro camino fuera de Cristo y su Palabra puede existir para el perdón.

Artículo 53 de las 95 Tesis (que Hoffmann no cita) dice, “Son enemigos de Cristo y del papa los que, para predicar indulgencias, ordenan suspender por completo la predicación de la palabra de Dios en otras iglesias” [Énfasis mío].

Artículo 62 (que Hoffman sí cita) dice, “El verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto evangelio de la gloria y de la gracia de Dios” [Énfasis mío].

Nuestro punto aquí es que Hoffmann, en estos ejemplos y muchos más por el resto del libro, nos dice lo que Lutero enseñaba, y muchas veces su modo de tratar el tema da a entender que Hoffmann está de acuerdo. Hoffmann se emociona especialmente con las opiniones de Lutero contra la usura, destacando en varias ocasiones que Lutero pedía disciplina eclesiástica para los usureros. No es posible leer este libro sin tener la fuerte impresión de que el intento de Hoffmann es describir fielmente la teología de Lutero en su contexto, y remachar elementos que él considera positivos. El mismo subtítulo del libro dice “La teología de Martín Lutero”.

Sin embargo, Hoffmann borra con el codo lo que escribe con la mano. Para completar una cita que se puso arriba, leemos “Este libro de estudio conecta entonces una perspectiva teológica central con una selección de textos básicos de Lutero y una interpretación propia. Para ello me inspiró el meritorio libro de Walter Altmann, Confrontación y liberación, que busca la conexión de Lutero con la situación teológica de Latinoamérica desde una perspectiva de liberación…” [17; énfasis en negrito mío]. Ya notamos que Hoffmann se distancia de las confesiones que Lutero creó [17]. Hoffmann juzga positivas las acciones y afirmaciones de la Federación Luterana Mundial porque desechan la idea de que la teología luterana debe ser un “sistema rígido” [21].

Ahora, con sólo estas afirmaciones acerca de una “interpretación propia” Hoffmann relativiza todo su libro. Ahora no tenemos ninguna forma de distinguir lo que Hoffmann cree que Lutero realmente enseñó, y lo que es la “interpretación propia” de Hoffmann desde una perspectiva de liberación, a menos que Hoffmann señale la diferencia. Y esto es precisamente lo que Hoffmann no hace.

Surge inmediatamente la inquietud: ¿No será que Hoffmann simplemente usa a “Lutero” para dar una “interpretación” personal de nuestra realidad, con la ayuda de Iwand, Altmann y Moltmann? Y otra pregunta surge aún más importante para sus estudiantes: ¿Hace falta todo el trabajo de leer Lutero? Hoffmann es uno que critica duro las “ideologías” y la “instrumentalización” de la religión. Pero tenemos un fuerte presentimiento de que no nos hemos escapado de los “instrumentalizadores” con el libro de Hoffmann. Por sus propias palabras nos sentimos envueltos en un “texto” con corrientes tendenciosas e ideológicas, instrumento confuso contra los varios “sistemas” que molestan al autor. Después de todo, sólo los textos escogidos de Lutero son (parte de) lo que Lutero realmente enseñó. Por sus propias palabras, no hay ninguna forma de confiar que los comentarios e interpretación del autor reflejan o no al Lutero de la historia.

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Archivado bajo Crítica, Teología

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