Entendiendo el rôl del Estado biblicamente

Parte 1

por Guillermo Green

¿Cuál es el origen del Estado, del Gobierno? Muchas veces la gente entabla conversaciones sobre su concepto del Estado sin tratar este punto. El problema es que si no estamos claros sobre el origen del Estado, no tendremos claridad en cuanto a su rôl y sus propósitos.

Escribo como Reformado, heredero de la teología de Juan Calvino y las confesiones históricas Reformadas. No voy a hacer una defensa de ellos aquí. Simplemente lo digo porque considero esta “versión” del cristianismo la más coherente según la Palabra de Dios. Pero creo que lo que voy a decir estará acorde con la mayoría de las personas que tomen en cuenta la Biblia como norma para la sociedad humana.

Existen relaciones e “instituciones” establecidas por Dios que  la caída en el pecado no borró. Por ejemplo, Dios estableció el matrimonio antes del pecado como institución sagrada, y aún después de la entrada del pecado en el mundo, la biblia afirma el caracter sagrado y permanente del matrimonio (Mateo 19:6). En este sentido podemos decir que la relación heterosexual monógama es una relación “natural” para los seres humanos. No es una creación posterior, sino desde el puro principio de su creación los hombres fueron creados para unirse en matrimonio. A pesar del pecado, vemos que la gracia común de Dios ha preservado este impulso durante toda la historia, y todas las culturas tienen un sentido de lo “apropiado” del matrimonio.

Otra relacion “natural” es la relación padres – hijos. Dios había dado la orden de “fructificar y multiplicarse” a Adán y Eva, y luego a Noé (Gen. 1:22; 9:1). El nacimiento de hijos en el seno del hogar es lo más natural posible. Dios da la orden, pero también da las condiciones de atracción sexual y fertilidad humana de modo que el pecado no puede impedir este mandato de Dios. Al nacer físicamente de la madre, engendrado por el padre, los hijos son la extensión “natural” de la pareja. Llevan sus características físicas y personales, deben ser cuidados y nutridos, y crecen a ser un reflejo de sus padres. La institución de la familia es una organización social “natural”, orgánica, universal.

El trabajo, la producción, y el comercio son otros aspectos de la vida humana “natural”. Dios puso a Adán para labrar y guardar su huerto (Gen. 2:15). El trabajo con las manos era parte principal de la existencia del hombre, forjando el mundo en reino de Dios, templo de Dios. Cuando el hombre desobedeció y se rompió su relación con Dios, y su labor ya no iba a servir la meta gloriosa original, Dios maldice su trabajo (Gen. 3:19). Sin embargo, Dios no le quita por completo la bendición y propósito de su labor, sino que afirma que sí habrá pan, a pesar que será con el sudor de su rostro. En los capítulos posteriores Moisés registra el desarrollo del trabajo, cultura y comercio en los hijos de Adán, y vemos florear el impulso y talento que Dios colocó en el ser humano (a pesar de que ahora lo usaban para sus propios fines egoístas). El trabajo, la producción, y las relaciones de intercambio y comercio nacen de forma “natural” de la multiplicación de familias. Podemos imaginarnos que sin el pecado hubiera habido redes grandes de producción y comercio basadas enteramente en corazones honestos y una equidad perfecta.

Podríamos mencionar otras áreas “naturales” de la sociedad humana que nace de las virtudes con que Dios dotó al hombre. La música, las artes, la ciencia – estas cosas florean entre los hombres naturalmente en toda cultura. En el tiempo de Salomón, quien fue el hombre más dotado de la sabiduría de Dios, vemos un ejemplo del hombre ejerciendo sus virtudes sin un fin necesariamente “práctico”, sino porque glorifica a Dios desarrollar sus talentos. Leemos que Salomón: “…compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco. También disertó sobre los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en la pared. Asimismo disertó sobre los animales, sobre las aves, sobre los reptiles y sobre los peces. Y para oír la sabiduría de Salomón venían de todos los pueblos y de todos los reyes de la tierra, adonde había llegado la fama de su sabiduría (1 Reyes 4:32-34). No hay motivo de pensar que Salomón o Israel derivaran algún beneficio “práctico” de todo esto (sin duda, ¡en algunos casos sí!). Pero vemos sobre todo a un hombre dotado de la sabiduría de Dios conociendo, explicando, y gloriándose en la maravillosa creación de Dios, y en la maravillosa capacidad de “señorear”, comprender, describir y aún ¡cantar! de ello. Todo esto brota “naturalmente” del hombre y su cultura, aún después de la caída, y a pesar de su rebelión contra Dios. Por su bondad y providencia, Dios sigue permitiendo el desarrollo de estas virtudes “naturales” en el hombre.

Con respecto al Gobierno, encontramos una condición diferente. Sin el pecado, los lazos y relaciones “naturales” habrían seguido creciendo por toda la tierra bajo el gobierno de Dios. Para efectos prácticos de culto y comercio, el modelo habría sido posiblemente alguna forma de patriarcado, pero la ley de Dios habría estado impreso en cada corazón, y sólo Dios habría sido Rey. Ningún gobierno coercitivo existiría, porque no habría pecado, ni injusticias, ni falta de equidad. Todo esto cambió con el pecado. Ahora todas las relaciones “naturales” se usan tanto para fines buenos como para fines injustos. Caín mata a su hermano. Lamec jura vengarse de sí mismo, a sus dos mujeres. El desarrollo pecaminoso de las instituciones naturales del hombre necesitaban un freno, o los mismos hombres se exterminarían, o matarían a todos los hijos de Dios. Las condiciones pre-diluvio son ejemplo del alcance funesto del pecado. La sociedad estaba tan violenta, injusta, mala y opresora contra los hijos de Dios, que sólo Noé y su familia quedaban como siervos de Dios. Dios debía exterminar a todos y comenzar de nuevo.

En el nuevo comienzo  después del diluvio, Dios implementa el fundamento del Estado para refrenar el mal del hombre. Dios impone una institución “mecánica”, es decir, una institución que no nace naturalmente de la sociedad humana, sino que es impuesta por Dios para regir a los pecadores que no lo reconocen a él como Rey verdadero. En beneficio de su plan de redención, Dios establece gobiernos sobre los hombres para limitar su mal y refrenar el pecado.

Esto se ve justo después del diluvio, cuando Dios establece la pena de muerte (Gen. 9:6). El hombre mismo debe implementar el castigo que sólo Dios puede dar – quitarle la vida a un ser humano creado a imagen de Dios. Al otorgar al hombre esta autoridad, vemos que Dios está concediendo autoridad divina a los hombres para refrenar el mal. Mientras la revelación bíblica se desarrolla, se enseña que este permiso es dado no a cualquier individuo para hacer justicia, sino a las autoridades designadas para hacerlo. En Israel, se especifica que en el caso, por ejemplo, de un homicidio, “la congregación” debía juzgarlo (Números 35:12ss). Pero en Josué 20:4 se menciona que son realmente “los ancianos” quienes debían oír el caso. Antes de que se nombraran jueces y reyes los “ancianos” en Israel formaban la estructura civil / jurídico, junto con los sacerdotes. Luego jueces y reyes fueron asignados, los cuales tenían por tarea legislar y ejecutar justicia en Israel. Como dijo Salomón: “ Oh Dios, da tus juicios al rey, y tu justicia al hijo del rey. El juzgará a tu pueblo con justicia, Y a tus afligidos con juicio. Los montes llevarán paz al pueblo, Y los collados justicia. Juzgará a los afligidos del pueblo, Salvará a los hijos del menesteroso, Y aplastará al opresor” (Salmo 72:1-4).

Cuando se desaparece la teocracia, y la Iglesia es arrojada entre todas las naciones, Pablo declara que el magistrado, cualquiera que sea, todavía tiene el poder de la espada (Romanos 13:4) y es “vengador” para castigar la maldad. Inclusive, por más duro que pareciera, Pablo llama el gobierno opresor de Roma ¡“ministro de Dios”! (Romanos 13:4, diakonos). Pero nótese cuidadosamente en qué sentido Pablo hace la afirmación. El propósito del Estado es refrenar el mal – explícitamente. “… porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo” (Romanos 13:3) “… pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo” (Romanos 13:4).

La biblia nunca se expresa de esta manera en cuanto a las relaciones “naturales” de que hemos hablado arriba. Todo lo contrario. El matrimonio, el hogar, la familia, el trabajo – todos son dones dados por Dios para el disfrute del hombre, y para su edificación. Aunque los padres pueden disciplinar a sus hijos, ¡no los pueden matar! Aún en las relaciones laborales, no era permisible castigar con muerte a un ladrón. Pero desde el puro comienzo hasta el final de la revelación de Dios, el Estado es llamado “vengador” de justicia, encargado con la espada para matar al homicida y aplicar con la fuerza la justicia civil. Como es un encargo de Dios mismo, él honra al rey justo. La “honra” del rey es investigar todo asunto para aplicar justicia en su reino (Proverbios 25:2,5). Pero la aplicación de justicia es precisamente un ejercicio “mecánico” en el sentido que no nace de ninguna relación natural, sino es exigida por Dios, e impuesta por Dios.

El caracter “mecánico” del Estado se ve a través de la historia en los muchos experimentos que se han dado. El mundo ha presenciado casi todo espectro de tipo de gobierno, desde totalitarios nefastos y crueles (Lenin/ Mao / Stalin / Hitler), hasta anarquías fuera de todo control (Revolución francesa que terminó quitándole la cabeza no sólo del rey, sino también a unos de sus propios arquitectos principales, Robespierre). Si bien ha habido pequeñas variaciones en las relaciones naturales de familia (monogamia, poligamia), relaciones laborales (patrones, cooperativas), el caracter “natural” de estas relaciones ha limitado grandemente su diversidad. En cambio, siendo una imposición “mecánica” para refrenar la misma maldad del hombre, las sociedades humanas han hecho casi todo intento posible para hacer soportable esta institución. Y realmente no se podrá lograr mientras la tarea del Estado sigue siendo refrenar el mal. Los hombres se rebelarán contra esta imposición (de Dios), y por otro lado usarán al mismo Estado para fomentar su mal, en lugar de refrenarlo. De modo que toda la dinámica del Estado, mientras dure el pecado, está destinado a conflicto, contradicciones e injusticias.

La única esperanza para una relación armoniosa entre el Estado y las otras “esferas” de la sociedad, lo resumió Juan Calvino muy bien, y ha sido desarrollado por pensadores Reformados posteriormente. Consiste en que tanto el gobernador como el pueblo reconozcan a Dios como Supremo Legislador y se sometan a sus leyes voluntariamente. De este modo el rey no sólo está designado como “ministro” por Dios, sino abraza y se goza en serlo realmente. El pueblo no sólo está sometido al Estado, sino apoya, obedece y ora por su gobierno voluntariamente.  Y mientras este ideal pareciera una utopía inalcanzable, han habido instancias felices en la historia cuando estos valores imperaban y la sociedad gozaba de paz y prosperidad.

Cuando conocemos y entendemos el origen y naturaleza del Estado, descritos en la biblia, podemos afinar más los fines específicos que debe perseguir. Esto esperamos hacer en otra entrega.

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Archivado bajo Cosmovisión, Cultura, Teología

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