Cómo desenmascarar a un liberal – Parte #1

por Guillermo Green

[Este artículo es publicado en el presente volumen del boletín teológico Reforma Siglo XXI, publicado por CLIR, disponible impreso en http://www.clir.net  ]

La Iglesia de Jesucristo estará en una lucha hasta el final por dar testimonio de Jesucristo, Señor y Salvador. La Palabra de Dios nos advierte que tendremos que luchar contra corrientes que golpean desde fuera, así como falsos maestros que se levantarán desde dentro del seno de la Iglesia. Los apostoles advierten a la Iglesia del Señor, y llaman a una actitud de alerta:

“… para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:14-15).

Pablo tomó su concepto del mismo Jesús, quien ora que la unidad de los Cristianos sea “en la verdad”, y que ellos sean guardados y santificados “en la verdad”:

“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad … Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad” (Juan 17:17,19).

Este artículo trata la amenaza perenne de los falsos maestros. Y durante los últimos dos siglos, una forma común para atacar la fe ha sido a través de introducir el liberalismo teológico dentro de las congregaciones, y especialmente las instituciones teológicas. De modo que es importante que todo cristiano sepa cómo identificar a un liberal.

A nadie le gusta provocar discordia. A mi no me gusta para nada. Preferiría dormir tranquilo sabiendo que le caigo biensísimo a todo el mundo. Lo que pasa es que un día estaremos llamados a rendir cuentas no a los hombres, sino al que murió por su Iglesia, Jesucristo. Y como dijo Machen hace un siglo, “En la esfera de la religión, como en las demás esferas, las cosas en las que los hombres se ponen de acuerdo son las que tienden a ser menos importantes, pero pelearán por las verdaderamente importantes” [J. Gresham Machen, Cristianismo y Liberalismo (CLIR: San José, Costa Rica, 2013), pág. 22]. ¡Todos estamos de acuerdo en lo menos importante, y en lo obvio! Pero en las cosas más importantes de la vida, es donde hay que pelear por la verdad. Nadie peleó más fielmente que el apóstol Pablo, y por eso pudo decir al final de su vida, “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:7,8).

CLIR recibió un gran honor de parte de AIPRAL (Asociación de Iglesias Presbiterianas y Reformadas de América Latina). Como bien se sabe, AIPRAL es la asociación liberal en América Latina que representa la CMIR (Comunión Mundial de Iglesias Reformadas – antiguamente ‘AMIR’ o ‘WARC’ en inglés), responsable de promover un liberalismo cada vez más pagano a lo largo del continente. El honor que AIPRAL le hizo a CLIR fue nombrar a CLIR directamente como “amenaza” por su “fundamentalismo bíblico” que promueve  [Ver  http://ebenezervalledechalco.files.wordpress.com/2013/06/plan-estrategico-de-aipral-2012-2015.pdf, página 11].

Los que conocen la historia, especialmente la historia de las iglesias presbiterianas, saben que cuando los liberales están intentando convencer a la población general de su legitimidad, usan mucho las tácticas ad hominem, es decir, lanzan generalidades despectivas (como “fundamentalistas bíblicos”) sin precisar qué significan, ni dan ejemplos concretos. El liberal libra una guerra sucia de intentar embarrar al enemigo, sin entrar en diálogo serio, y sin definir sus términos. El liberal gana terreno mientras que nadie lo llame a concretizar asuntos bíblicos y doctrinales, y desafortunadamente una gran mayoría de laicos y cleros le permiten que ponga las reglas de juego.

En esta serie, quiero ofrecer algunas ayudas cómo desenmascarar a un liberal. Puede estar en su púlpito, o puede estar enseñando en el Seminario Teológico de su presbiterio, sínodo o denominación. Seguramente por este artículo, los liberales harán todo lo posible para prohibir la distribución más de Reforma Siglo 21. Y ¡ese es el primer paso!

1. Primer paso para desenmascarar a un liberal – Pregunte su opinión sobre Reforma Siglo 21. Sin ánimo de ser chistoso, el liberal se vuelve paranoico ante lectura que amenace su religión anti-bíblica. Y ¿por qué? ¡Porque teme ser desenmascarado! Me acuerdo que había un diácono en un país que le encantaban los boletines Reforma Siglo 21. Pedía un cierto número, y los distribuía. Pero cuando su pastor (liberal) se dio cuenta del contenido, prohibió la distribución del boletín de CLIR.

Ahora bien, vamos al grano. Desafío a cualquiera a encontrar en un boletín Reforma Siglo 21, de todos los que hemos impreso desde 1999, un sólo artículo que promueva asuntos anti-confesionales, o cualquier cosa que no concuerde con la Confesión de Fe de Westminster. Los liberales de AIPRAL acusan a CLIR de ser “fundamentalistas bíblicos”, pero toda la teología de CLIR está basada en las confesiones históricas Reformadas. Si esto es “fundamentalismo bíblico”, ¡gloria a Dios! Pero, ¿dónde quedan los no-confesionales? ¡En un liberalismo teológico anti-Reformado!
Voy a remachar un poco más este punto. Muchos de los escritores de Reforma Siglo 21 tenemos grados avanzados de estudios, sean Licenciaturas, Maestrías en teología, y algunos tienen Ph.D. Cuando los liberales tiran a la ligera términos como “fundamentalistas”, se evoca la idea de oscurantistas locos que sólo saben tirar bombas o hacer locuras ciegas. Bueno, quede escrito aquí mismo. Aceptamos un debate público con nuestros acusadores. El tema: ¿Quiénes son los verdaderos ‘Reformados’ que merecen llamarse herederos de la Reforma?
¿Cómo desenmascarar a un liberal? Fíjese en lo que lee, y en lo que prohíbe leer.

2. Segundo paso – Fijarse de su práctica con respecto a las confesiones Reformadas. No se puede conformar con lo que un liberal dice que cree. El liberal necesita pasarse por un cristiano “normal”, porque vive de las ofrendas de otros que creen que es “normal” (si es un pastor o profesor). Por esto hay que poner cuidado a lo que hace.

Nosotros los Reformados hemos acordado varias confesiones como resumenes fieles y fidedignas de las enseñanzas bíblicas. Estas son las grandes confesiones históricas de los siglos 16 y 17. Todo liberal tiene que afirmar verbalmente que se suscribe a las confesiones, y muchas veces alzan la voz proclamando qué tan Reformados son, y qué tan no-Reformados otros no son. Pero las palabras son fáciles. Es lo que uno hace que cuenta.

Recuerdo que el teólogo Augustus Nicodemus Lopes contó una vez sobre un profesor liberal que dio clases en un Seminario Presbiteriano confesional toda su vida. Casi en su lecho de muerte tuvo un encuentro real con Dios, y le confesó a Augustus que su liberalismo consistió no en lo que enseñaba. Él nunca enseñó herejías ni barbaridades. Su liberalismo consistía en lo que no enseñaba. Simplemente dejaba fuera la depravación total del hombre y su incapacidad, la necesidad absoluta de la gracia soberana de Dios, la expiación limitada, la predestinación, y la regeneración por obra del Espíritu Santo. Seguramente muy pocos detectaron su liberalismo durante su larga carrera de enseñanza, porque decía “cosas buenas y bonitas”. Pero no promovió la doctrina fundamental que es resumida en las confesiones Reformadas. Al no promover doctrina Reformada real, abrió el camino al único sustituto – la religión “inmanentista”, humanista, antropocéntrica, pagana.
¿Cómo desenmascarar a un liberal? Pregúnteles a sus discípulos si conocen bien y aman la Confesión de Fe de Westminster (o su confesión particular). Si no es así, ya encontró a su liberal, o por lo menos ya encontró a un no-Reformado. Su práctica desmiente todas las palabras que pudiera hablar en todo un año. La Iglesia es confesional. El Reformado que rehuye al confesionalismo lo hace por algo: no concuerda con muchas partes de la confesión. O se volvió arminiano, o liberal.

3. Tercer paso: ¿a cuántas personas ha llevado a la salvación como la Biblia y las confesiones la definen? El liberalismo es fundamentalmente una religión antropocéntrica que rechaza la naturaleza sobrenatural y divina de la salvación. Cree que los problemas del ser humano pueden ser solucionados por el mismo ser humano. Con un poco de buena psicología y solidaridad, un poco de ajustes económicos y politicos, los hombres podemos mejorar nuestra condición en la tierra. El liberal pone casi todo el énfasis en esta vida, en esta tierra, porque tiene dudas sobre la realidad de la vida venidera. El liberal habla con un “cinismo santo” sobre la eternidad, haciendo “chistes cristianos” de los fundamentalistas que sólo piensa en la eternidad y no sirven para el presente.

Por supuesto el liberal tiene que hablar mucho de “Dios” porque no retendría su trabajo si no lo hiciera. Pero una vez más, las acciones son las que cuentan. ¿A cuántas personas ha llevado a los pies de Cristo? ¿A cuántas personas le ha hablado del infierno, y el único camino al perdón de Dios que es el arrepentimiento y la fe en Jesús? ¿A cuántas personas ha tomado con esmero para discipular en la fe? ¿Qué lugar le da al medio principal de la salvación, que es la predicación de la Palabra infalible de Dios?

Ya que mencioné el infierno, necesitamos comentar algo. La “salvación” bíblica es salvación de la ira de Dios, del castigo de Dios en el infierno. Las enseñanzas de la biblia sobre el infierno sin duda contienen antropomorfismos, pero no son simbolismos. Hay una gran diferencia. Dios ‘se agacha’, como suele decir Juan Calvino, para hablarnos con términos que podemos entender. Y sin duda utiliza formas verbales que describen una realidad mucho más grande (y en este caso mucho más espantosa) de lo que nuestra presente experiencia pueda captar. Pero esto no le resta “realidad”. No convierte el infierno en un “símbolo”.
Pero el liberal tiene problemas con el infierno. Su religión antropocéntrica y de “este mundo” rechaza estos conceptos. Por tanto, el liberal pierde la urgencia de la “conversión”. No enfatiza la realidad del infierno, la ira de Dios, el arrepentimiento, y la muerte sustitutiva de Cristo como único camino. Puede hacer la siguiente prueba – averigue cuándo fue la última vez que su pastor mencionó el infierno, o el profesor de teología. El liberal podría afirmar con la boca que cree en el infierno. Pero si no lo enseña, y si no siente la urgencia de rescatar a las personas de él, está operando desde una perspectiva liberal.

Nótese que no he dicho “¿a cuántas personas ha llevado a la iglesia?” Un liberal puede ser predicador muy popular. Harry Emerson Fosdick, famoso oponente de J. Gresham Machen en los años 1920, era muy liberal, pero muy popular. Su iglesia estaba llena. De hecho, es más fácil llenar una iglesia con un mensaje liberal. El mensaje liberal es: “tú puedes”. ¡Y a todos nos gusta que nos digan eso! Pero un liberal llena su iglesia de inconversos convencidos que todos somos “buena gente” sólo necesitados de algunos bonitos consejos para hacer la vida mejor. El liberal rehuye a declarar la ira de Dios sobre el pecado, rehuye a hablar del Dios tres veces santo que es fuego consumidor. Y por eso el liberal no puede llevar pecadores realmente a la salvación divina en Cristo. Sólo logra hacer a las personas miembros del “club”, nada más.

4. El cuarto paso es saber si realmente defiende la fe. Es muy fácil desenmascarar el liberal con este paso. El liberal no es defensor de una fe confesional. Puede hablar mucho de ser “Reformado”, y puede condenar a otros por no ser “Reformados”, pero una vez más, son las acciones que cuentan, no palabras al aire.

Tomemos tan sólo el primer capítulo de la Confesión de Fe de Westminster. En él se afirma que le agradó a Dios “poner por escrito dicha revelación, en forma completa. Ello hace que las Santas Escrituras sean de lo más necesarias, puesto que ahora han cesado ya aquellos modos anteriores por los cuales Dios reveló su voluntad a su pueblo”. Este capítulo enseña claramente la suficiencia de las Escrituras, y el cesasionismo de la revelación inspirada de Dios.
Curiosamente, el liberal de pronto se vuelve pentecostal cuando se toca las Escrituras. Por supuesto afirma la veracidad y fidelidad de la biblia, “pero” hay otras consideraciones… De pronto, para el liberal, las Escrituras no son totalmente suficientes, ya que el Espíritu Santo nos está dirigiendo a nuevas verdades, como la ordenación de la mujer o el matrimonio homosexual.

El liberal no simpatiza mucho con enfatizar el fundamento confesional de la Iglesia, ya que todos tenemos errores, y ¿quiénes somos nosotros para juzgar a otros? Un teólogo liberal una vez me dijo, con un aire todo formal, ‘teológico’, y serio, “Nuestras confesiones son importantísimas. Nos enseñan de dónde hemos venido como rama Reformada. Pero como expresión final de la fe, ¡jamás! Todos estamos de camino juntos descubriendo la voluntad del Espíritu de Dios”.

El meollo del asunto es que el liberal niega que haya “una verdad absoluta”. Para el liberal, la fe consiste en la experiencia del pueblo de Dios. Es por esto que en el mundo del liberalismo es perfectamente comprensible que la Iglesia confeccione credos opuestos en una época u otra. Como las circunstancias y experiencias cambian, la fe cambia. “Honran” las confesiones históricas, pero sólo como monumentos caducos de la experiencia pasada de la fe. Hoy es otra cosa. Y es por esto que los liberales están enamorados con la idea de nuevos credos. Y el lector verá que los nuevos credos liberales están girados mayormente hacia la experiencia y no hacia doctrina ni la defensa de la fe histórica del cristianismo. Pero Dios fue muy claro en la Biblia que no es la experiencia que define la fe, sino las Palabras “doctrinales”, “dogmáticas”, infalibles de Dios:

“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:19-21)

La Biblia misma rechaza el concepto que la fe consista en la experiencia u opinión humana:

“antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, Y venzas cuando fueres juzgado” (Romanos 3:4).

“Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Tes. 2:13).

En toda la Biblia encontramos la distinción total entre la Palabra de Dios, y las experiencias y palabras de hombres pecadores. El liberal confunde las dos cosas, fundamentando la fe en la experiencia y opinión del hombre caído.
La aparente “piedad” de los liberales puede engañar. Cuando era joven, tuve un profesor liberal. Claro, no se pasaba por muy liberal, porque daba clases en una universidad cristiana conservadora. Varios de nosotros sentíamos algo raro en sus clases de teología, pero no podíamos poner el dedo encima. Un día este profesor criticó la distinción que hace la teología clásica entre la “transendencia” de Dios, y la “inmanencia” de Dios. Después de la clase le pregunté con qué categorías debíamos sustituir las anteriores. Dijo con todo el peso y seriedad que admitía su Ph.d en filosofía y teología, “Es suficiente afirmar que Dios es Dios de pacto, y que es fiel. Es la única categoría que necesitamos”. Por un momento este profesor engañó al joven estudiante. ¡Pero no había aclarado nada! Las categorías de “fidelidad” vs. “trascendencia/ inmanencia” no son congruentes, y afirman diferentes cosas de diferentes aspectos teológicos. ¡Pero sonaba bien en el momento! Y hasta engaña a los incautos.

El liberal por lo general es experto en levantar una pantalla de humo para no tener que defender una fe confesional. Si ud. sospecha que se le están cambiando gato por liebre, probablemente lo están haciendo. Todo obrero está bajo la obligación de defender la fe, y de defender el rebaño contra la falsa enseñanza, y de enseñar “todo el consejo de Dios” (ver Hechos 20:26-32). Puede desenmascarar al liberal pidiendo que participe en defender con firmeza nuestra fe confesional.

Conclusión – A nadie le gusta buscar más problemas, ni ser un crítico de otros. Es por eso que muchos se callan, aún cuando sospechan que hay pastores o profesores que están comprometiendo la fe. Recordemos que tanto Jesús como los apóstoles tenían las palabras más duras para las personas que desviaban a otros. Y todos estamos bajo un mandamiento: “Probad los espíritus si son de Dios” (1 Juan 4:1).
El amor por el Evangelio de Jesucristo, por el rebaño del Señor, y por la fe de nuestros hijos, debe constreñirnos a tomar muy en serio los asuntos doctrinales en la Iglesia. Todos estamos bajo el llamado de Dios de guardar la pureza del Evangelio. El maestro liberal debe ser desenmascarado y removido de su puesto, ya que su teología es opuesta al fundamento santo del Evangelio. En Deuteronomio Dios dice claramente que probará a su pueblo permitiendo falsos maestros, para ver si amamos su Palabra por encima de falsos dioses de invento humano (ver Deuteronomio 13:1-4). Hoy Dios sigue probando su iglesia. En muchos lugares los que debieron vigilar sobre la Iglesia fallaron, y las consecuencias del liberalismo han sido totalmente desastrosas. ¿Qué haremos nosotros?

(Para ser continuado)

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