¿Existe el infierno?

Por Guillermo Green

Durante toda la historia del cristianismo hasta el presente, sectores de la iglesia, y grupos sectarios han tenido problemas con la figura de Dios en el Antiguo Testamento.  Y por lo general es porque el “Dios del Antiguo Testamento” manda a matar a los canaanitas, hace que se abra la tierra y se trague a Coré, Datán y Abiram junto con sus familias, y cosas parecidas.  Es decir, su problema con “ese Dios” es que parece un Dios furioso, bravísimo, castigador.

Bueno.  El problema con estas ideas me parece doble.  1)  No se libran del problema buscando a un “Dios del Nuevo Testamento” diferente.  En el Nuevo Testamento encontramos que Ananías y Safira caen muertos en la puerta de la iglesia por unas mentiritas piadosas (ver Hechos 5), y que por un poco de desorden en la Santa Cena Dios había matado a algunos cristianos en la iglesia de Corinto (ver 1 Corintios 11).  Además, Jesucristo amenaza a los cristanos de las siete iglesias en Apocalipsis que si no siguen fieles, dejarán de ser sus discípulos (ver Apocalipsis 2 y 3), y vendrá al final de la historia con una espada a matar a todos sus enemigos y lanzarlos a un lago de fuego (es decir, el infierno; ver Apocalípsis 19, 20).  Rechazar al Dios del Antiguo Testamento para refugiarse en el Dios del Nuevo Testamento no resuelve el problema.

Pero en segundo lugar, el problema de fondo me parece más un disgusto profundo con el verdadero Dios trino revelado en las Escrituras, porque el Dios verdadero es tanto amor como justo, santo, y celoso.  Muchos tratan de inventar su propio Dios a la imgaen de los hombres falibles, débiles, e injustos.  Queremos un diosito falible, débil e injusto.  Esto es la esencia de la “idolatría” – inventar nuestro propio concepto de un dios manipulable.  Los ídolos esclavizan a las almas, pero no las amarran a la verdad, sino a una mentira, y terminan destruidos juntos con sus adoradores.

El Dios de la biblia es tres veces santo.  Punto.  No nos está preguntando se nos parece o no nos parece.  Con mucha paciencia y amor se dignó revelarse a nosotros, sin necesidad de hacerlo, ya que Adán y todos sus hijos felizmente nos hemos rebelado contra su majestad.  Pero Dios, en misericordia, se ha dignado de revelarse cuál es, un Dios tanto junto, como misericordioso.  Si no estamos arrojados al infierno todavía, es porque Dios en amor nos está dando la oportunidad de arrepentirnos  y abrazar al único y verdadero Salvador, su Hijo, Jesucristo.

El infierno es real.  Dios es Dios justo y santo.  Jesucristo pagó la pena por los que creen en él.  ¡Hoy es día de salvación!

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Archivado bajo Cosmovisión, Doctrina, Iglesia, Teología

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