Santidad y sumisión

por Peter Jones

(Los siguientes párrafos son tomados del libro Uno o dos pag. 178, 180, disponible en CLIR, http://www.clir.net)

…Recuerde que “santo” es ser apartado para una función específica en un lugar legítimo.  Dios es santo porque está separado de la creación, con un “lugar” distinto que solamente Él puede llenar.  Dios nos ha creado en lugares y funciones que son a la vez distintos y santos.  El dosismo reconoce la naturaleza distintiva de estos lugares y funciones diferentes.  Debido a que el unismo se rehúsa a reconocerlos, es profundamente impuro (no santo).

Si la santidad es la clave del cosmos, entonces testificar de esa santidad en nuestra conducta corporal es el llamado central de los creyentes cristianos.  Perdónenme, voy a usar una gran palabra: sumisión.  ¿Ya está de regreso en su silla?  La sumisión bíblica es una parte esencial de la espiritualidad bíblica.  La sumisión da honor y gloria a Dios como Creador.  Por ejemplo, tome el matrimonio bíblico (ver capítulo 11),  que no tiene que ver con sumisión ciega o libertad, sino con la armonía de los papeles de hombre y mujer, vividos con dignidad a partir del amor de Dios.

La sumisión bíblica ennoblece, no es degradante.  Se regocija en las estructuras distintivas de la creación, hechas para nuestro bien por la voluntad de un Creador amoroso.  La sumisión es esencial para la espiritualidad bíblica.  Se nos manda a someternos a las estructuras creadas: magistrados, líderes eclesiásticos, empleadores, esposos, padres, Cristo y Dios, debido a que toda la creación ha sido “apartada” para reflejar la santidad de Dios…

… Los cristianos tienen un llamado noble: reflejar al mundo quién es Dios.  El querubín clama en alta voz; “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos;  toda la tierra  está llena de su gloria” (Isaías 6:3).  Por medio de nuestra vida santa intencional, le mostramos a “toda la tierra” que la creación no es una casualidad, no es una masa en evolución; no son animales en una batalla de vida o muerte por la supervivencia;  no es una existencia autónoma y autodefinida; sino un producto gloriosamente bien afinado de un Dios, quien tiene Su propio lugar santo y quien también nos ha dado el nuestro.  Nuestra vida de sacrificio es una respuesta a Dios por su don de misericordia.  Los santo llegan a ser un cuerpo santo.

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Archivado bajo Cosmovisión, Cultura, Doctrina, Iglesia, Teología

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