De vacas, ángeles… y hombres

vacánghom

por James Wanliss, el 1° de marzo del 2014

Al conducir por el campo a menudo nos podemos encontrar con escenas pastorales de vacas masticando zacate pacientemente bajo un bello y soleado cielo, rumeando en un día de trabajo, probablemente planeando una plácida aventura bovina., No deberíamos despreciar la comunión entre las vacas: siempre podemos aprender algo de valor espiritual del fuerte y picante olor del estiércol fresco, pero no mucho acerca de nuestra creación estelar hace miles de millones de años en las entrañas cósmicas. Pero, ¿cómo exactamente, es que alguien puede ordeñar emociones de continua admiración y sacar duraderas y fraternas relaciones con la carne de res? Hace unos 1.500 años, Gautama Buda afirmó que “las vacas son nuestros amigos” [i]. El dibujante Gary Larson, creador de The Far Side® dibuja vacas que manejan tractores para pasear, van de vacaciones familiares, y que ocultan sus fiestas o actividades sociales de los seres humanos . Pero la farsa se va a otro nivel en el mundo real, donde, en las escuelas de un barrio cerca de ti, un crédulo publico aprende acerca del nacimiento del hermano vaca, y no se permite contradicción.

En un sentido, un sentido muy fino para estar claros, es cierto que compartimos algo en común con las vacas, el cáncer y Casiopea. En el sentido newtoniano se podría argumentar que nuestra presencia impregna todo el orden físico, ya que podemos imaginar un campo de fuerza gravitacional que emana de nuestro cuerpo y que se extiende muy débilmente a las profundidades ocultas del cosmos. Cuando todos los campos gravitacionales de la materia cósmica se suman encontramos que no hay suficiente gravedad para mantener todo unido. La cosmología moderna ahora se dedica a la búsqueda de como explicar por qué no hemos podido descubrir mas del 96% de nuestro universo. “La materia oscura” o “energía oscura” son nombres que se dan para explicar esos movimientos en el cosmos que contradicen la actual ciencia de la física. Una especie de pegamento universal o matriz primigenia lo mantiene todo unido, pero es una cosa que no podemos ver, algo inmaterial y sin masa en el sentido convencional. Exótico es lo que los físicos como Kip Thorne llaman a esta mezcolanza teórica invisible, [ii] los panteístas cristianos han saltado de alegría, [iii] porque ellos se imaginan que están viendo a Dios cara a cara en las esquinas de la creación, y que hay una unidad fundamental con el cosmos impuesta por un toque de divinidad que nosotros y el cosmos compartimos.

Las vacas del Edén

El libro del Génesis se opone a esta idea de unidad orgánica. La Tierra y sus criaturas forman una parte del cosmos separadas de otros planetas y estrellas, también separados de Dios y de otros principados y poderes espirituales. La Escritura nos enseña un ordenamiento de la creación física. Aun no sea un continuo, en la medida que la escala de la naturaleza (scala naturae) surge de los átomos y de las piedras, hay un aumento en las facultades de las criaturas, “que se vuelven cada vez más brillantes —según el teólogo puritano Cotton Mather—, y con más capacidad, hasta que llegamos a aquellos nobles que se encuentran en el alma del hombre; y sin embargo el hombre es, como bien lo expresa, el Ecuador del Universo ” [iv]. Todos los seres humanos son de mayor valor que los animales, como Jesús lo dejó claro en su reprimenda a los fariseos (Mateo 12:11-12).

Dios creó a los ángeles como poderosos e inteligentes seres espirituales e inmortales, separados del mundo material, pero capaces de interactuar con él. Cada ángel es directamente responsable sólo por sí mismo, porque Dios los creó como individuos sin ninguna fuente compartida. Es decir, no hay ángeles bebés (Marcos 12:25). Cuando Satanás y una tercera parte de los ángeles cayeron con él en rebelión contra Dios, cada uno de ellos pecó por su propia elección y ninguno fue arrastrado hacia abajo como una consecuencia colateral o co-dependiente. “Podemos decir” —escribe el teólogo Frederick Leahy— que los ángeles constituyen una empresa a diferencia de una raza” [v].

La enseñanza Bíblica es que los ángeles son distintos del hombre y de Dios y nunca se interponen entre el hombre y Dios. En el caso de la posesión demoníaca de los no creyentes, la Biblia deja en claro que la persona del endemoniado es distinta de los seres que controlan su cuerpo. Por ejemplo, Jesús y Pablo se dirigieron a los demonios presentes en los cuerpos de los no creyentes como personas independientes (Lucas 4:35, Hechos 16:16-18). Y a pesar de que son más poderosos que nosotros, sin embargo, ángeles elegidos (1 Timoteo 5:21) sirven a los seres humanos como “espíritus ministradores, enviados para servicio a favor los que heredarán la salvación” (Hebreos 1:14). Claramente no hay unidad entre nosotros y los seres espirituales llamados ángeles y demonios.

Nuestro planeta fue el primero de todo lo material hecho ex nihilo, de la nada, por la Palabra de Dios, ciertamente no de materia estelar. Los ángeles que observaban “se regocijaban” (Job 38:7), cuando fueron testigos de ello. El orden y el momento de la creación física demuestran que la Tierra y todo lo demás no goza de conexión directa con los seres angélicos. Dios nos dice poco acerca de cómo creó los otros planetas y objetos estelares. Sin embargo, esto sí sabemos: que no comparten el mismo estado sin forma y vacío como la Tierra (Génesis 1:02), signifique lo que signifique, y Él aparentemente los creó ex nihilo. Curiosamente, las “luces en el firmamento” (Génesis 1:14) llegaron a existir después de la vegetación. Era una diferencia de solamente un día, pero el orden es inconfundible; plantas antes de que el sol y otras estrellas. Los ambientalistas cristianos quieren tener su parte del pastel y comérselo, pero, ¿cómo pudo el sol estar en proceso de formación durante miles de millones de años (según la historia de la evolución), mientras que las plantas todavía esperaban sus rayos para la fotosíntesis? Mis plantas se marchitan más rápido que eso. Así que ni las plantas, ni el hombre, creado en el sexto día, comparten unidad orgánica con el sol y otros objetos astronómicos.

Como compartimos el mismo lugar en el espacio, cualquiera podría argumentar que las plantas, los animales, y el hombre comparten una conciencia terrestre colectiva. Tal argumento acerca la evolución darwiniana un poco más a nuestra imaginación. “Si existe una relación entre Dios y nosotros, los seres vivientes —escribió el eco-filósofo David Spangler—, entonces esa relación se extiende también e incluye la Tierra. Si se nos permite participar en santidad, entonces también lo hace la Tierra, no sólo como un medio valioso y querido, sino como uno más de la creación” [vi].

Sin embargo, por mucho que no podamos cantar al hermano sol y la hermana luna con seriedad alguna, tampoco podemos apelar a la geografía o la cosmografía para que nos permita cantarle a la prima vaca o a la Madre Tierra. El relato de la creación indica actos creativos diferentes para la vegetación terrestre (Génesis 1:11-12), la vida marina y las aves (1:20-22), los animales terrestres (1:24-25) y la humanidad (1:26), todos ellos formados a partir de materia inanimada, ya sea en el mar o en tierra. Contrariamente al pensamiento evolutivo, Dios no hizo las criaturas del mar, ballenas, por ejemplo, relacionadas con los humanos, sino de un origen físico diferente. ¿Dónde está ahora la supuesta unidad que compartimos? Se basa en los cuentos de hadas de la evolución, pues al igual que las hadas, nunca se ha observado la verdadera evolución darwiniana.

[i]P. D. Ryan, Buddhism and the Natural World: Towards a Meaningful Myth (Cambridge, UK: Windhorse Publications, 2004), p. 43

[ii]Kip S. Thorne, “Spacetime Warps and the Quantum World,” in The Future of Spacetime, edited by Alan Lightman (New York: W. W. Norton & Company, 2003), p. 148

[iii]Ken W. Campbell, A Startrek to Eternity (Parker, CO: Outskirts Press, 2007), pp. 63-65.

[iv]Cotton Mather, The Christian Philosopher, edited by Winton Solberg (Champaign: University of Illinois Press, 2000), p. 306.

[v]Frederick S. Leahy, Satan Cast Out: A Study in Biblical Demonology (Carlisle, PA: Banner of Truth Trust, 1990), p. 13.

[vi]David Spangler, “Imagination, Gaia, and the Sacredness of the Earth,” in This Sacred Earth, ed. Gottlieb, pp 613, 614.

– Ver original y más en: http://www.wanliss.com/2014/03/of-cows-angelsand-men

(Traducido por Jonathan Rodríguez)

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