Gracia y Paz

por Nicolás Lammé

¿Por qué Dios en su Palabra nos asegura tanto de su gracia y paz para con nosotros en Cristo? Es para que en toda aflicción sepamos que Dios no está en guerra con nosotros, sino con los restos del pecado en nosotros. Esta verdad nos tiene que consolar en toda aflicción. No somos bastardos, sino hijos. Pedro les dice a los expatriados elegidos, “Gracia y paz os sean multiplicadas”. Esta gracia y paz tenemos en Cristo. Somos escogidos y rociados con la sangre del Cordero. Toda la ira de Dios fue derramada sobre el Hijo Unigénito de modo que ya no hay ninguna gota de sobra para nosotros. Ya que el Hijo Unigénito fue herido, somos nosotros sanados. Cuando sufrimos, cuando somos atribulados y afligidos, cobremos ánimo, porque Dios no está enojado con nosotros, ni está en guerra con nosotros, sino sólo con el pecado. La aflicción no es la evidencia de su ira, sino de nuestra aceptación como hijos. Esta verdad sola nos permite abrazar la tribulación con gratitud, ya que por ella somos hechos partícipes de Su santidad. Esta es la diferencia entre las aflicciones de los hijos de Dios y las de los paganos.

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