La caña cascada: “Los buenos efectos de ser cascado”

Se requiere que antes de la conversión seamos cascados de modo que el Espíritu haga vía para sí en el corazón, arrasando completamente todo orgullo y altivez para que nos conozcamos de verdad tal y como somos por naturaleza. Nos encanta deambular libremente en tierras lejanas, siendo extranjeros en nuestra propia casa, hasta que Dios nos casca con una u otra cruz, y luego “volviendo en nosotros”, regresamos a casa como el hijo pródigo (Lucas 15:17). Es una obra difícil hacer un corazón torpe y esquivo clamar por necesidad de misericordia. Nuestros corazones, como reos, nunca claman por la misericordia del Juez hasta que se despojen de todos sus efugios.

El ser cascado hace que atesoremos a Cristo. Luego el evangelio se vuelve el evangelio de verdad; pues las hojas de higuera de nuestra moralidad no nos sirven más. Y hace que seamos más agradecidos y siendo agradecidos, nuestras vidas darán más fruto; pues ¿qué es lo que hace que muchos sean tan fríos e infértiles, sino que nunca siendo cascados por su pecado, la gracia de Dios tampoco les parece preciosa? Asimismo esta obra de Dios nos arraiga cada vez más en Su camino, ya que en el nuestro hemos sido magullados y golpeados.  La causa frecuente de recaídas y apostasía es que a los hombres no les escoció el pecado al principio; no duraron suficiente tiempo bajo el látigo de la ley. Por lo tanto, esta obra del Espíritu de derribar toda altivez (2 Corintios 10:5) es necesaria antes de la conversión. Y por lo general, a fin de hacer avanzar la obra de convencimiento, el Espíritu Santo la liga con alguna aflicción, la cual, siendo santificada, tiene el poder de sanar y purgar.

Después de convertirnos, tenemos necesidad de ser cascados de modo que las cañas sepan que son cañas y no robles. Incluso las cañas han de ser cascadas, debido a los restos del orgullo que permanece en nuestra naturaleza y para que veamos que vivimos según la misericordia. Puede que estas heridas ayuden a los cristianos más débiles a que no estén demasiado desanimados, viendo a los más fuertes sacudidos y cascados. Así Pedro fue cascado cuando lloró amargamente (Mateo 26:75). Antes que fuese cascado, en esta caña había más viento que sustancia cuando dijo, “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré” (Mateo 26:33). No pueden faltarle al Pueblo de Dios estos ejemplos. Las hazañas heróicas de aquellos muy dignos santos no confortan a la Iglesia tanto como sus caídas y moretones. Por tanto David fue cascado hasta que llegó a la libre confesión, sin duplicidad de espíritu (Salmo 32:3-5); más aún sus dolencias a la verdad se levantaron en su propio sentimiento hasta serle aquel agudo dolor de huesos abatidos (Salmo 51:8). Pues así Acaz se queja de que Dios haya molido sus huesos como un león (Isaías 38:13). Así Pablo, la vasija escogida, tenía necesidad del mensajero de Satanás que le abofeteara para que no se enalteciera sobremanera (2 Corintios 12:7).

Por consiguiente aprendemos que no debemos juzgarnos muy severamente a nosotros ni a otros cuando Dios nos aflije con bofetada tras bofetada. Debe haber una conformidad con nuestra Cabeza, Cristo, quien por nosotros “herido fue” (Isaías 53:5) para que conociésemos la medida en la que estamos ligados con él. Espíritus impíos, ignorantes de las maneras en las que Dios lleva a sus hijos al cielo, reprochan a los cristianos angustiados como seres miserables, mientras que Dios está haciendo una buena obra de gracia en ellos. No es nada fácil llevar a un hombre de la naturaleza a la gracia,  y de la gracia a la gloria, dado que nuestros corazones son tan inquebrantables e indómitos.

por Richard Sibbes

Traducido por Nicolás Lammé

Estoy traduciendo el libro “The Bruised Reed”, “La caña cascada” por el pastor puritano, Richard Sibbes.

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3 comentarios

Archivado bajo Doctrina, Iglesia, Vida cristiana

3 Respuestas a “La caña cascada: “Los buenos efectos de ser cascado”

  1. Pingback: La caña cascada “actualizada” | reformasigloxxi

  2. tomas.

    Me encanto , en todo momento dependemos de Dios ,no de nosotros mismos.Somos pobres en espíritu mateo5.

  3. Muchas gracias por el esfuerzo de traducir esta obra de Sibbes!!

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