La caña cascada

traducido por Nicolás Lammé

La caña cascada es un libro por Richard Sibbes. Sibbes (1577-1635) era un pastor puritano de Inglaterra. Su libro, la caña cascada, es una rica serie de meditaciones sobre Isaías 42:1-3, y versa excelentemente sobre el evangelio de Cristo y su aplicación a la vida cristiana. Espero que estas traducciones les sean de gran bendición.

 La caña cascada

El profeta Isaías, levantado y llevado sobre las alas de un espíritu profético, se salta todo el tiempo entre él y la manifestación de Jesucristo en la carne. Viendo con el ojo profético (y con el de la fe) a Cristo como presente, él lo presenta en nombre de Jehová a los ojos espirituales de otros con estas palabras: “He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia” (Isa. 42:1-3). Mateo alega que ahora estas palabras se cumplen en Cristo (Mt. 12:18-20). En ellas se plantea, primero, el llamado de Jesús para entrar en su oficio; y segundo, la manera en la que lo lleva a cabo.

El llamado de Jesús

Dios aquí lo llama su siervo. Cristo era el siervo de Dios en el mayor servicio que ha habido, un siervo escogido y de primera clase que todo lo hizo y todo lo padeció según la comisión del Padre. En esto podemos ver el dulce amor del Padre para con nosotros: en que considera la obra de nuestra salvación en Cristo su servicio preeminente, y en que pondrá a su único amado Hijo a aquel servicio. Muy bien podría haberlo prefijado con “He aquí” para alzar nuestros pensamientos al sumo grado de atención y admiración. En el tiempo de tentación, las conciencias aprensivas se fijan tanto en la presente aflicción que necesitan ser despertadas para contemplar a Aquel en quien pueden hallar descanso para sus almas atribuladas. En la tentación lo más seguro es no contemplar otra cosa que no sea Cristo, la verdadera serpiente de bronce, el verdadero “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Este objetivo salvador posee una influencia especial para confortar el alma, exprofeso si no tan solo nos fijamos en Cristo, sino también en la autoridad y amor del Padre que están en él. Pues en todo lo que Cristo hizo y sufrió como el Mediador, hemos de ver a Dios en él reconciliando consigo al mundo (2 Cor. 5:19).

¡Qué gran apoyo es para nuestra fe que Dios el Padre, habiendo sido ofendido por nuestros pecados, tenga tanta complacencia en la obra de redención! Y ¡qué consuelo es, dado que el amor de Dios reposa sobre Cristo, como complacido en él, nosotros podemos concluir que se complace en nosotros, si estamos en Cristo! Pues su amor reposa sobre un Cristo entero, sobre el Cristo místico, tanto como sobre el Cristo natural, porque nos ama a él y a nosotros con un solo amor. Por lo tanto, abracemos a Cristo y el amor de Dios en él y construyamos nuestra fe sin peligro alguno sobre tal Salvador, dotado de una comisión tan alta.

He aquí para nuestro consuelo un dulce acuerdo entre todas las tres Personas: El Padre le da una comisión a Cristo; el Espíritu aprovisiona y la consagra; y Cristo mismo ejecuta el oficio de un Mediador. Nuestra redención se fundamenta en el acuerdo colectivo de todas las tres personas de la Trinidad.

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo Doctrina, Teología, Vida cristiana

Una respuesta a “La caña cascada

  1. Pingback: La caña cascada “actualizada” | reformasigloxxi

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s