Las máximas del cristiano verdadero (1)

Peter Allix (1641 – 1717)
Traducido por Nicolás G. Lammé

Gracias le doy a mi amigo y compañero en la lucha, el Pastor Wes White de Spearfish, South Dakota, EEUU, que comenzó este bonito proyecto de traducción del francés al inglés. Con su permiso, lo tradujo al español y él se ha comprometido a asegurar que mi traducción concuerda con el francés original, ya que su siervo no sabe ni papa del francés, aunque su apellido, Lammé, es de ese índole. Espero que esta obra les sea de gran bendición en su caminar con nuestro Señor Jesús.

Máximas del cristiano verdadero

por Peter Allix


Introducción

Estas máximas no contienen otra cosa que lo que todos los cristianos reconocen. No hay disputa sobre ninguna de estas propuestas. No obstante, no pensemos que esta colección fuera sin provecho porque aunque nadie las refuta cuando son propuestas, hay muy pocos que las tengan en el alma, y menos aún son los que las practican. Muchos se imaginan que son buenos cristianos porque participan en los deberes externos de la religión. Otros se creen ser aun mejores porque son los que estudian las controversias que dividen el mundo cristiano. Esta devoción al costumbre y estudio de las controversias no son las únicas cosas que Dios nos exige. Hay algo mucho más sublime y consolador en los deberes que se nos prescriben en la Religión.

En estas máximas, pretendemos dar a entender estos deberes a aquellos que no les han prestado suficiente atención. Aquí sólo mencionamos aquellas reflexiones comunes que repetimos mil veces desde el púlpito, porque ellas son la escencia de los preceptos del Evangelio. Si algien se queja que frecuentemente han escuchado estas máximas, le invitamos a considerar que los que las han escuchado con frecuencia tienen aun menos excusa que los que no las conocen.

Según el método y concisión que hemos empleado, nuestra meta fue agilizar que se sintiera la necesidad e importancia de estas verdades. Que Dios bendiga esta labor de acuerdo a nuestra meta en escribir, a saber, la salvación de los pecadores y que algunos de ellos fueran motivados a ocuparse de estos deberes con cuidado y celo mayores.

Máxima 1: Es importante tener máximas para la piedad

La piedad es nuestro deber más importante. Si cumplimos bien con los deberes del cristianismo, menos importa que hagamos pobremente los otros empleos de la vida. Estaremos felices, con tal de que somos hombres buenos.

Qué gran abuso es hacerse máximas a fin de salir airoso en las artes y las ciencias, pero descuidar de las mismas en cuanto a la piedad. No debe sorprendernos que avanzamos tan poco. ¿Caminaremos confiados cuando no seguimos ningún camino?

Deberíamos deshacernos de esta imprudencia con la que actuamos. Valga meditar en este asunto porque concierne las acciones de las cuales nuestra felicidad o miseria necesariamente dependen. Deberíamos llenar nuestros corazones con las máximas de la piedad y seguirlas religiosamente.

Máxima 2: Deberíamos considerar qué será nuestro último propósito.

El primer acto de la sabiduría consiste en examinar cómo entramos en este mundo. ¿Estamos en el mundo por el azar o debemos nuestra existencia a la mano poderosa de Dios que nos ha formado?

El segundo acto de la sabiduría consiste en considerar que si debemos observar algunas reglas para nuestra conducta, o que si debemos realizar a ciegas los pensamientos del corazón, las palabras de la boca y las acciones de nuestras manos.

Pero el acto final de la sabiduría es considerar qué llegaremos a ser. Dios nos formó en su bondad; debemos someternos a Él. Por lo tanto, consideremos que hemos sido formados para Él y que nuestra vida entera debe contribuir a Su gloria.

Máxima 3: Debemos actuar de acuerdo a nuesto último propósito.

Extraña que la mayoría de los hombres dejen esta vida o sin pensar en o sin concoer el propósito por el cual entraron en ella. O duras penas consideran la pregunta o no se instruyen a sí mismos en ella con ninguna profundidad.

Es aun más horripilante cuando sí hemos considerado nuestro último propósito y habiéndlo reconocido no actuamos de acuerdo al conocimiento de nuestras reflexiones. Cuando eso hacemos, nuestros pecados reclaman aun más y nuestras iniquidades son muchas más inexcusables.

Nuestro último propósito tiene que regular todas nuestras acciones. Tenemos que considerar aquel propósito como para caminar sabiamente. Sin embargo, ¿podemos considerarlo sin que concluyamos que caminar según cualquier otro propósito nos destruiría?

Máxima 4: Debemos considerarnos criaturas de Dios.

Hace unos años, yo no existí y ahora veo que poseo el ser, la vida, el movimiento, una alma razonable, un espíritu iluminado y un cuerpo más perfecto que otros animales.

Todas las criaturas sirven mis necesidades. Los cielos me regalan su luz e influencia. La tierra me abastece de sus frutas, sus remedios y sus ríos. Los animales que contiene me sirven de comida y placeres además de servir mis necesidades.

¿Seré digno del perdón si me olvido de Aquel que me ha creado? Yo debo amarle con toda mi alma, obedecerle fielmente y bendecirle por causa de todas sis dádivas. No podemos sino cumplir con estos deberes cuando sabemos que somos sus criaturas.

Máxima 5: Nos debe conmover profundamente la bendición de nuestra preservación.

Los ateos atribuyen su supervivencia, al igual que su existencia, al azar. En lo que concierne a nosotros, tenemos que estimar que nuestra preservación sea una creación perpetua. El poder, bondad y sabiduría de Dios nos comunican la vida en cada momento.

En cada momento, Dios nos rescata de males innumerables que nos harían perecer si su mano no los hubiera detenido. Cada momento Dios nos bendice con bienes sin fin, los cuales son el gozo y dulzura de nuestra vida.

¿Qué deberíamos sentir en nuestro interior por todas estas bendiciones divinas? ¿Qué acción de gracias no le debemos justamente? Dios constantemente se acuerda de nosotros. ¿No nos acordaremos de Él más a menudo que de respirar?

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2 Respuestas a “Las máximas del cristiano verdadero (1)

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